‘El imperio de la luz’ : una mezcla de ideas que no llegan a buen puerto

2’5 Butacas de 5

Sam Mendes regresa a la gran pantalla con una obra intimista y que pretenden ensalzar el poder de las salas cinematográficas. El imperio de la luz nos presenta una historia de amor que se desarrolla alrededor de un hermoso cine antiguo en la costa sur de Inglaterra en la década de 1980. Una propuesta intimista y que no termina de alcanzar las cotas de emoción que se propone.

Con un reparto de nombre conocidos como Olivia Colman o Colin Firth, El imperio de la luz naufraga en su intento de conseguir tocar la fibra sensible del espectador. Quizá su mayor debilidad sea la poca conexión que uno puede establecer con sus protagonistas desde el comienzo. Un mundo apático lleno de caras largas e incomprensibles que dificultan la empatía. Y ya se sabe que cuando no hay ni un mínimo de conexión emocional o aparente conflicto, el espectador pierde ello interés de forma progresiva.

Olivia Colman encarna a una encargada de unos cines de la costa del sur de Inglaterra. Su austera interpretación y el secretismo con el que tanto recelo mantienen su condición mental hacen que la primera hora sea insufrible. Su compañero de viaje, el actor Michael Ward, no está nada mal y consigue entregar trozos de verdad en su interpretación, sin embargo, no son suficientes para levantar una cinta sin carisma.

El imperio de la luz trata de presentar al cine como un espacio de inclusión, un lugar donde las diferencias, los marginados, los incomprendidos tienen cabida. Una realidad donde todo es posible y nada importa realmente, donde la vida se desvanece para dar paso a una imaginación sin límites. Quizá Sam Mendes debería haberse centrado en potenciar esto y no en navegar de manera vaga por un montón de ideas que no terminan de cuajar en ningún momento. Una película irregular con algunos destellos de buen cine.

‘In Viaggio, viajando con el Papa Francisco’: otra cara del pontífice

3 Butacas de 5

Gianfranco Rosi hace un retrato del Papa Francisco a través de los numerosos viajes que ha realizado en los 10 años que lleva de pontificado. A través de estas imágenes y de distintos discursos y declaraciones que ha hecho, vemos una cara distinta del pontífice.

Mediante la recopilación de imágenes, Rosi hace un sorprendente retrato del Papa, un hombre al que claramente admira. El documental le sigue mientras viaja por todo el mundo, pero el tema principal son los conflictos y los derechos humanos, algo que el Papa reivindica en numerosas ocasiones en sus distintos viajes.

A través de la figura del Papa Francisco, vemos a las personas que se fijan en las injusticias e intentan cambiarlas. Vemos también los conflictos que esto le ha generado al pontífice durante los últimos años, y cómo ha ido avanzando, lentamente, en su lucha. Sin embargo, también se deja ver que, desde su posición, en ocasiones está un poco alejado de algunas realidades por las que lucha.

Más que un retrato de la Iglesia y de su posición ante algunos acontecimientos, es un homenaje, o una visión, del Papa que nos hace empatizar con él. Claramente la visión del director influye, y en este caso Gianfranco Rosi muestra a un hombre excepcional, que encabeza de manera espectacular la Iglesia católica.

‘In Viaggio, viajando con el Papa Francisco» es una buena manera de acercarse a una figura tan importante desde un punto de vista cotidiano. Nos sirve también para entender su relación con los feligreses de todo el mundo, independientemente de sus orígenes o su manera de vivir la fe. Un retrato muy vivo del Papa Francisco casi al natural.