‘Hamnet’: la humanidad como manera de sanar

4 Butacas de 5

La querida novela de Maggie O’Farrell, Hamnet, abarcaba eventos en la vida de William Shakespeare y, principalmente, su esposa Anne Hathaway, en un intento por completar espacios desconocidos de sus vidas y por darle sentido a la muerte de su hijo Hamnet. La inevitable adaptación a la pantalla grande quedó en manos de Chloe Zhao, quien en películas como The Rider o Nomadland ha demostrado un talento para mirar y transmitir la humanidad de sus personajes, así como un interés por la forma en que los entornos naturales se relacionan con ellos. 

No sorprende entonces la presencia del bosque en este drama humano centrado en Agnes, una mujer en los 1600s que se especula que tiene nexos con la brujería. Agnes es retraída y pasa los días recogiendo hierbas en la naturaleza, y es esta cualidad alejada de mundo civilizado lo que llama la atención de William Shakespeare, que ni novela ni película nombran, queriendo alejar el foco de uno de los autores más importantes de la historia para centrarse en la historia de una relación. 


La narración cubre su romance, los nacimientos de sus hijos y la necesidad del autor por alejarse del pueblo para satisfacer sus pulsiones profesionales en Londres, todo articulado en torno al vínculo entre estas dos personas caracterizadas por la intuición de ver las cosas de una manera distinta a quienes los rodean. 

Y en este recuento, ambientado cuidadosamente en una villa inglesa de aquel siglo, hay espacio para algo ominoso en el realismo que presenta Zhao, que nunca se establece como magia, sino más como una espiritualidad, una relación con la muerte y con las coincidencias que no dotan a la representación de algo fantástico, sino que intuyen que esos elementos están entre nosotros si nos abrimos a comunicarnos con ellos.

Cuando la tragedia arremete y se lleva la vida de Hamnet, se pone a prueba la conexión entre Agnes y William y como espectadores nos preguntamos por el propósito de este relato más allá de su superficie. El porqué de estos personajes, el porqué de estos hitos en su vida más allá de lo emotivos que resulten. Y eso se dilucida en un final que justifica todos estos hilos abiertos, que lleva la historia individual de estos personajes a algo colectivo y trascendental. 

Zhao utiliza los rostros de sus protagonistas para expresar su tesis en este ejercicio especulativo sobre el proceso creativo de Shakespeare y su legado. Para hablar sobre el poder transformador de la ficción y proponer la puesta en común de un hecho particular como forma de sanar colectivamente.


‘Sin Piedad’: Justicia Artificial Avanzada

3 Butacas de 5

Chris Pratt protagoniza este thriller ambientado en un futuro distópico en el que tras ser acusado de asesinato tiene que demostrar su inocencia ante una Jueza que es una inteligencia artificial avanzada.

Los Ángeles, año 2029. El inspector de policía Chris Raven (Pratt) se despierta atado de pies y manos sentado en una silla en una sala en la que hay una pantalla gigante. Al otro lado de la pantalla, la jueza Maddox (Rebecca Ferguson) le informa que ha sido detenido por el asesinato de su mujer y que tiene 90 minutos para demostrar que es inocente o será ejecutado en la silla tras la sentencia dictada por Mercy un sistema de inteligencia artificial avanzado que él mismo ayudó a montar unos años atrás para combatir los altos índices de criminalidad.

La historia se desarrolla en un futuro distópico en el que la IA está implantada totalmente en el sistema judicial, los policías se desplazan con motos aéreas por Los Ángeles, hay disturbios en una parte de la ciudad y la crisis de opiáceos y sin techo ha crecido tanto que hay ciudadanos desahuciados por el sistema viviendo en la calle.

Casi toda la película se desarrolla en una única localización, la sala en la que el protagonista está sentado en la silla y es a través de la pantalla gigante y otras pantallas en las que vamos viendo vídeos del exterior de la ciudad con algunas persecuciones policiales en tiempo real.

La película es el típico thriller en el que un policía es acusado de asesinato y tiene que encontrar pruebas de su inocencia teniendo a todo el sistema en contra esta vez con toques futuristas. La ventaja es que el inspector Raven puede acceder a todo tipo de vídeos al estar todo el mundo conectado a la nube y descubrir qué ha pasado con su mujer.

Chris Pratt está bien en su papel de policía al límite de todo y Rebecca Ferguson como la jueza Maddox aporta una presencia fría y determinante que actúa de acicate con el inspector para que demuestre su inocencia antes de que se le agote el tiempo.

La premisa de esta película encuentra puntos en común con la película española Justicia Artificial (2024) en la que la fallecida actriz Verónica Echegui interpretaba a una jueza que trataba de dirimir si un programa de inteligencia artificial podría ser beneficioso para el sistema judicial español. En la película americana el sistema está totalmente implementado, vemos cómo funciona y las consecuencias que ha conllevado.

El dilema moral que plantea la película deja de ser ciencia ficción para volverse terrorífico con el desenlace de la historia.

Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers y Kali Reis acompañan a Pratt y Ferguson aportando profundidad a la historia cuyo ritmo es frenético y no suelta al espectador hasta el final.