‘Los domingos mueren más personas’: Angustia existencial

3 Butacas de 5

El director y actor argentino Iair Said dirige y protagoniza esta comedia amarga sobre la crisis existencial de un joven argentino que no sabe cómo lidiar con su vida.

David (Iair Said), un joven judío de clase media, corpulento, homosexual y con miedo a volar, vuelve desde Europa a Buenos Aires, por el fallecimiento de su tío. En este regreso, se reencuentra con su su hermana (Juliana Gattas), con su prima (la actriz chilena Antonia Zegers) y con su madre (Rita Cortese) quien ha decidido desconectar el respirador de su padre, lo único que lo mantiene vivo desde hace años. David vuelve a la casa de su infancia a la convivencia con su madre y a una voracidad por llenar su angustia existencial.

Mientras pasan sus días en Buenos Aires, él tratará de evitar por todos los medios volver a ver a su padre hospitalizado, aunque el destino hará lo posible porque ese encuentro suceda.

Rodada como si fuera una road movie esta comedia amarga es un retrato familiar de una familia judía en Buenos Aires en la que la cotidianidad es la gran protagonista.

David es un hombre que está dejando la juventud atrás pero que se siente perdido y desorientado en su vida adulta y está retratado desde el egoísmo y también desde lo patético y lo absurdo. La madre lleva años cuidando al marido enfermo en el hospital y es una mujer agotada por las circunstancias que toma una decisión compleja que deja a la familia sin saber cómo gestionarla. Es una mujer fuerte y agotada que quiere despedirse de su marido y seguir adelante.

La película no entra de lleno en el tema de la muerte digna ero es algo que revolotea dadas las circunstancias.

Las mejores escenas de la película son las familiares en las que están juntos bien sea una celebración, yendo en coche a comprar comida o discutiendo.

‘Bon Voyage Marie’: El derecho a decir adiós

3’5 Butacas de 5

En “Bon Voyage Marie”, la muerte no aparece como un suceso trágico o inesperado, sino como una decisión consciente y humana. Marie, una mujer de 80 años, ha decidido el día de su partida. Bajo la apariencia de un entrañable roadtrip familiar con tintes de comedia ligera, esconde una pregunta de peso existencial, ¿tenemos derecho a decidir cuándo y cómo morir?

Hélène Vincent, que ofrece una actuación poderosa en los detalles como Marie. No es víctima ni heroína, es simplemente alguien cansada. Su determinación por irse en sus propios términos recuerda a Amour del gran Michael Haneke, donde también se explora la eutanasia desde un lugar profundo, emocional y sin moralismos.

La falta de comunicación, esa que tanto evitamos por miedo a herir, se vuelve el verdadero antagonista de la película. Y no solo en Marie. Bruno, su hijo, representa esa adultez en pausa, incapaz de enfrentar la vida y mucho menos la muerte de su madre. Anna, la nieta, se ahoga en el drama adolescente sin entender que está a punto de perder el pilar de su familia. Y, sin embargo, todo ese caos emocional encuentra un camino en Rudy, el asistente doméstico que funciona como puente emocional, es quien menos debería estar ahí, pero el único que realmente escucha.

Los acompañantes del viaje representan generaciones distintas y, a la vez, formas opuestas de afrontar la verdad. Cada uno tiene su conflicto, pero lo universal es la forma en que todos, de una manera u otra, están evitando hablar de lo que realmente importa. Y es aquí donde la película, aún con sus clichés y momentos previsibles, consigue entrar profundo.

Al final, la gran enseñanza no es solo sobre la eutanasia, sino sobre la urgencia de hablar antes de que sea demasiado tarde. De dejar de aplazar conversaciones incómodas pero necesarias.

“Bon Voyage Marie” es una película honesta, sencilla en apariencia, pero profunda en lo que deja. Una mujer que quiso despedirse en paz, pero descubrió que antes de irse tenía que reconciliarse con lo que quedaba. Es una road movie familiar que combina humor, drama y momentos tiernos sin pasarse de cursi. No es perfecta, tiene sus clichés y momentos aburridos. Habla de la muerte, sí, pero también de la vida, de la familia, de lo que callamos y de lo que deberíamos decir a tiempo.