‘The Prom’: canciones para la libertad del amor

3´5 Butacas de 5

Que tengamos que seguir luchando por la diversidad y el respeto sigue siendo noticia. Parece mentira que en pleno siglo XXI tengamos que justificar a quién se ama, se quiere o con quién queremos pasar el resto de nuestros días. Es evidente que los valores conservadores y de aquellos que pretenden imponerlos no comulgan con ciertas decisiones, pero afortunadamente cada día son más las personas que deciden romper las barreras de la vida que lo impiden.

¿Y por qué no romper esas barreras cantando? Pues The Prom es justamente el ejemplo de lucha musical a través de sus canciones y bailes para contarnos una hermosa historia de igualdad. Y es que a pesar de que se encuentre excesivamente edulcorada, el nuevo musical de Netflix llega a la plataforma de streaming llevada a hombros por su reparto. Las canciones se convertirán sin lugar a dudas en un fenómeno del público y porque en estas fechas, ya son bastantes desgracias las que tenemos como para no dejarnos pintar una sonrisa llena de color en el rostro.

Dirigida por Ryan Murphy y protagonizada por Meryl Streep, James Corden, Nicole Kidman y Andrew Rannells, la película es un disfrute para quienes busquen una historia agradable, llena de luz y color, con canciones que hacen que tus pies se muevan y con un mensaje que cala.

Una trama en la que se nos presenta a un grupo de artistas de Broadway que vivió mejores épocas a las actuales. No pasan por pasan por su mejor momento ante los críticos debido al último espectáculo por lo que deciden acudir a la ayuda de una estudiante de instituto que no puede celebrar el baile de su promoción por ser lesbiana. A pesar de que la trama parezca simple, sigue llamando la atención de que en ciertos países o en la América profunda aún no se reconozcan estos derechos con total normalidad o se mire con recelo. El largometraje logra con creces hacer destacar su mensaje, lleno de buen rollo, con mucha dulzura y los estereotipos que todo musical armonioso merece.

Bien es verdad que la película no profundiza demasiado y decide hacer un espectáculo para todos los públicos a modo de cuento de hadas, pero con un elenco que disfruta y contagia con su empatía a todo el que se sienta a ver el film. Es evidente que entre todo el reparto Meryl Streep es la gran alma de la fiesta. La actriz está impresionante en sus canciones, en cada paso que ofrece sobre la pista y como ya hiciera en Mamma Mia, ella es la gran reina de la función. James Corden por su parte está correcto, en la línea de lo que ofrece asiduamente además de que disfruta del papel y de cada canción. Quizás la más desdibujada sea Nicole Kidman no porque no haga méritos en el largometraje, pero no termina de ofrecer el espectáculo que merece el film debido al papel que interpreta.

Quién también está soberbia es la joven protagonista de la película, Jo Ellen Pellman demostrando muchísima soltura en cada número, con una voz maravillosa y unos números que también la ayudan a brillar.

The Prom no es ni mucho menos el musical que cambiará la historia del género, pero sí está bien ejecutado. Ryan Murphy es consciente de que sus últimos proyectos han ido por la misma línea que estaba ofreciendo y el cambio de registro le sienta sensacional sabiendo explotar todos los recursos. Una película que sin duda será la sensación de las plataformas estas navidades y con canciones que todo el mundo disfrutará.

‘Otra vuelta de tuerca’: El terror está en la casa (otra vez)

2 Butacas de 5

Últimamente se ha hablado mucho de esta nueva edad dorada que el cine de terror está viviendo. Es lógico: en los últimos años hemos visto una barbaridad de cintas terroríficamente buenas que han hecho que ese género, que desde mediados de los años 2000 estaba de capa caída, resurgiera con más fuerza que nunca. Algunos ejemplos son Déjame salir, Hereditary o El faro, películas extraordinarias que lograron encantar al público y alzar a sus directores. Sin embargo, el cine sigue teniendo una variedad de películas tremenda, y hay veces que nos encontramos con cintas como Otra vuelta de tuerca.

Otra vuelta de tuerca está basada en la novela homónima de Henry James, adaptada varias veces al cine y la televisión. La película nos narra la historia de Kate Mandell, una joven profesora que es contratada para enseñar a unos niños huérfanos tras la extraña desaparición de la anterior institutriz. Estos viven apartados de la civilización, en una enorme mansión y al cuidado de la señora Grose, una anciana ama de llaves. Poco a poco, Kate irá descubriendo que nada es lo que parece en una casa que esconde muchos más secretos de lo que se ve a simple vista.

Uno de los aspectos más comentables es el hecho de que es una adaptación del famoso libro de James. Está claro que los guionistas de la película, Chad y Carey Hayes han querido darle “otra vuelta de tuerca” (lo siento, tenía que hacer la broma) a la conocida historia. Sin embargo, esos cambios no funcionan. Tiene mucho que ver que esta novela se ha adaptado varias veces a lo largo de la historia del cine y la televisión (como es el caso de Otra vuelta de tuerca, dirigida por Eloy de la Iglesia; o la reciente La maldición de Bly Manor). El espectador que va a ver Otra vuelta de tuerca ya está familiarizado con la trama y con los personajes, y es por eso por lo que esta nueva adaptación no funciona: se desmarca y deja de lado ciertos aspectos esenciales de la historia.

Está claro que Otra vuelta de tuerca parte de un texto con mucho potencial, que funciona como un tiro y que es rematadamente interesante. Sin embargo, creo que tiene un problema: la película deja de lado los personajes y la narración principal para volcar toda su atención en el terror y en aterrorizar al público. Esto se consigue en algunas de las escenas, que terminan resultando aterradoras e impactantes a pesar de utilizar tópicos y clichés del terror más comercial que hemos visto en los últimos años en la cartelera. Pasa por todos los lugares comunes del género, por lo que termina resultando típica en ciertos momentos.

El guion actualiza la historia, añadiendo elementos más modernos para sorprender al espectador. Sin embargo, estas actualizaciones no terminan de encajar en la trama de la película. Mientras que la novela original jugaba con la ambigüedad y la naturaleza de la historia y sus personajes, Otra vuelta de tuerca resulta confusa y muchas veces fuera de tono, haciendo que el espectador se pierda y no entre en la trama. Muchas veces le falta coherencia, tanto a la historia como a los personajes, llegando a un final cuyo único objetivo es sorprender y distanciarse de la obra original, pero que no ayuda a que la película sea mejor o menos confusa.

Floria Sigismundi salva los muebles todo lo que puede. La directora de The Runaways o series como El cuento de la criada o Daredevil muestra su talento en varias escenas, dejándonos ver su interés en la propia historia y su intención en realizar una gran película. Sigismundi hace lo que puede con un guion no tan perfecto y una trama con mucho potencial, pero que finalmente resulta fallida. Algunas de sus escenas resultan escalofriantes, sobre todo por cómo utiliza la cámara para crear planos interesantes y narrativamente potentes. Sin embargo, aspectos como el montaje o la música resultan típicos y torpes, haciendo que la historia pierda fuerza.

No todo es negativo en Otra vuelta de tuerca. La película, además de contar con una directora resolutiva y talentosa, también tiene un reparto que intenta salvar los muebles a pesar de no contar con personajes bien escritos. Primero, hay que destacar la buenísima interpretación de Mackenzie Davis, que hace (como siempre) un gran trabajo. Esta actriz canadiense sigue dándonos grandes interpretaciones, y eso es algo que hay que agradecerle. Por otro lado, Brooklyn Prince es solvente con un personaje bastante irritante, no como su compañero de reparto Finn Wolfhard, que no encuentra el tono de su personaje en ningún momento y nos deja la interpretación más insostenible de la cinta.

En conclusión, Otra vuelta de tuerca es un quiero y no puedo. Muchas cosas funcionan a su favor: una directora muy potente y talentosa, un reparto que (con sus más y sus menos) cumple, y una historia original redonda y tremendamente interesante. Sin embargo, el guion es el gran problema. Chad y Carey Hayes adaptan el libro de Henry James en un texto indefendible y sinsentido, con personajes nada perfilados y una historia más preocupada en aterrorizar al espectador que en introducir a este en la propia trama de la película. Mackenzie Davis es la MVP de una película que, tristemente, no cumple con las expectativas.