‘La Copia Perfecta’: Un pasatiempo impecable

3 Butacas de 5

Estoy convencido de que, dentro de cada uno de nosotros, da igual nuestro lugar de procedencia, cultura u oficio, tenemos una vena artística. Quizás para muchos únicamente tomó conciencia en la infancia; con el dibujo, la práctica de danza o la música, que terminaría abandonando nuestra cabeza porque la vida pasa y surgen diferentes caminos. Otros, privilegiados, pueden dedicar su tiempo de trabajo o, si tienen, de ocio, para dejar que esa vena siga tomando el control aún pasadas varias décadas de existencia.

El protagonista de La copia perfecta (un genial Reda Kateb) es un soñador que ve mucho más allá que sus vecinos y que dedica su tiempo a crear inventos increíbles, pero nadie los acepta porque él es un inmigrante. El azar le hizo luchar en una guerra y aunque encontró al amor de su vida, no vivió en un momento donde poder desarrollar libremente su arte.

La película, un thriller que no está muy lejos en algunos momentos de un drama de sobremesa, conquista por su corazón. El personaje de Kateb tiene muchas deficiencias, pero la necesidad de explotar ese arte que tiene dentro hace que empatices con él incluso cuando, en la última parte del film, toma decisiones muy cuestionables.

Técnicamente cumplidora y con un reparto muy entregado, La copia perfecta apuesta por entretener, y sin duda lo consigue. Sus casi 2h10 pasan rápidamente, combinando una película biográfica con un thriller que juega al gato y el ratón, que dudo que deje de convencer a cualquier espectador dispuesto a adentrarse en la vida de Jan Bojarski, un falsificador de billetes conocido como “el Cézanne de la falsificación”.

Y aunque no estamos hablando de un título muy ambicioso de cara a premios y que no inventa nada nuevo dentro de su género, es el claro ejemplo de que dentro de una maquinaria industrial (estamos hablando de una película de alto presupuesto para ser europea), hay espacio para contar historias de manera honesta, que aun sabiendo que sus cartas son limitadas, se pone empeño en que funcionen lo mejor posible. Y esto es algo que no puede ocurrir en Hollywood, donde la mentalidad es quizá otra y todo se siente prefabricado. Aquí existe una emoción genuina, y, a decir verdad, no le puedo pedir más a una película. Muy recomendada.

‘Vaiana’: un remake hermoso y disfrutable que apenas se diferencia de la original

3’5 Butacas de 5

Diez años han pasado desde el estreno de Vaiana (2016) y siguiendo la corriente de remakes que llevamos viviendo desde la pandemia, Disney ha decidido apostar por esta historia como protagonista de su nuevo live action. Dirigida por Thomas Kail y escrita por el guionista original Jared Bush a quien se le suma Dana Ledoux Miller forman el equipo encargado de convertir en carne y hueso a estos personajes de los que nos enamoramos hace una década.

Vaiana (2026) es un live action que se queda a medio camino si lo comparamos con los anteriores remakes de Disney. No se atreve a alejarse demasiado de la película de animación, pero tampoco aporta suficientes novedades como para justificar plenamente su existencia.

A diferencia de Mulan(2020), que cambió tantos elementos de la obra original —eliminando las canciones y modificando gran parte de su esencia— que terminó dividiendo al público, Vaiana opta por el camino contrario: mantenerse muy fiel a la cinta animada. Sin embargo, tampoco alcanza el nivel de propuestas como La Bella y la Bestia (2017) o Aladdín (2019), dos adaptaciones que ampliaban sus historias, desarrollaban mejor algunos personajes y ofrecían una experiencia distinta sin perder el encanto del material original. Son películas que puedes disfrutar junto a sus versiones animadas porque cada una tiene una personalidad propia.

En el caso de Vaiana, los cambios son mínimos y eso tiene una parte muy positiva. La película de animación ya era fantástica en prácticamente todos sus aspectos: una historia emocionante, un apartado visual espectacular y una banda sonora inolvidable que consigue atraparte desde el primer minuto. Mantener esas canciones era, sin duda, la decisión correcta. Es precisamente en las escenas musicales donde más se nota la diferencia con la original porque en algunas intentan ser más realistas y se pierde el dinamismo que tenía la animada y en otras ofrecen propuestas visuales que me parecen interesantes para diferenciarla un poco de la original.

Al partir de un material tan sólido y respetarlo casi por completo, el resultado final funciona. Es difícil que una historia tan buena deje de serlo simplemente por cambiar el formato. El problema es que esta nueva versión no añade nada realmente significativo ni mejora la original en ningún aspecto. Personalmente, si quiero volver a disfrutar de esta aventura, seguiré recurriendo a la película de animación.

Por otro lado, en cuanto al reparto, Catherine Laga’aia, quien da vida a Vaiana, es una actriz que tiene poca experiencia interpretativa, pero lo compensa con una enorme dulzura y un gran carisma. Además, su voz en las canciones es preciosa y consigue conquistar al espectador desde sus primeras escenas. Dwayne Johnson repite su papel original como Maui e intenta aportar alguna diferencia con la versión ya existente, que ya de por sí era tremendamente carismática y divertida.

Siempre he pensado que los live actions de películas de animación tienen sentido cuando ofrecen una nueva perspectiva, enriquecen la historia o actualizan una película más antigua sin perder su esencia. Cuando el resultado es prácticamente un calco plano de la versión original, da la sensación de que se ha invertido mucho tiempo y dinero en una película que aporta muy poco a una obra que ya era excelente.

Aun así, Vaiana sigue siendo una película muy bonita y disfrutable. La historia continúa emocionando, el apartado visual es sólido y volver a escuchar esa magnífica banda sonora en una sala de cine siempre es un auténtico placer. Toda la familia podrá disfrutar de esta cinta el 8 de julio en su estreno en cines.