‘Yo no moriré de amor’: El desgaste del cuidador

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El alzhéimer es una enfermedad cruel (todos lo sabemos) y, si se desarrolla con lentitud, puede ser una auténtica tortura, quizá incluso más para las personas de alrededor que para el propio paciente que la sufre en primera persona. 

“Yo no moriré de amor» se centra en el desgaste de una familia a lo largo de los años, cuando la matriarca de la casa es diagnosticada con dicha enfermedad. Este relato está fragmentado en los años sucesivos, ofreciéndonos una especie de cuadros temporales donde el paso del tiempo y la fatiga son el eje que vertebra a todos y cada uno de los miembros de la familia.

 

No es una película de tramas, sino de consecuencias vitales, en la que cada uno de los personajes sufre secuelas debido a la enfermedad de la madre. De una manera u otra, el tiempo se ha detenido para ellos, sin poder llevar una vida ordinaria, ya que cada vez es más difícil autogestionarse con los cuidados. A pesar de turnarse de manera equitativa, es evidente que esto hace mella en su autoestima y en las relaciones con los demás miembros. 

En cierta manera, está tratada con sutileza y con una ausencia absoluta de melodramatismo, porque los personajes son muy herméticos e introvertidos. Son sus acciones las que los definen, y ninguno descansa ni tiene momentos de goce o disfrute de la vida: es un agotamiento constante.

 “Yo no moriré de amor» es el debut en el largometraje de la realizadora Marta Matute, quien firma una ópera prima con muchas ideas claras y una propuesta sobria y muy madura para su edad. Se nota que conoce el tema a la perfección por la honestidad de sus imágenes y el enfoque en el que se centra, lejos de lo lacrimógeno, más cercano al documento que a lo narrativo. Hay sensibilidad y verdad tanto en sus personajes como en sus planos. 

El reparto es breve, pero cuenta con muy buenas interpretaciones: Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal y Laura Weissmahr como ese cuarteto disfuncional. Cada uno de ellos tiene su propia manera de actuar y de afrontar lo que le está pasando a la familia. Es cierto que el pivote de todo es la hija pequeña, Claudia, quien, con tan solo 18 años, tiene que lidiar con la gestión de los cuidados de su madre mientras intenta sacar su vida adelante, ya sea en el terreno amoroso, laboral o social. 

A través de su mirada se nos cuenta toda la película: sus enfrentamientos con su hermana mayor, la sobreprotección hacia su hierático padre y el resto de cargas que le impone la situación, o que se impone ella misma. Es mucha responsabilidad para alguien con solo 18 años. 

En resumen, una película que nos puede recordar al primer Fernando León de Aranoa, sin su poesía y con la crudeza del alzhéimer como terapia de choque ante un espectador que permanece impotente durante todo el metraje, ya que de esta enfermedad no se sale ni se aprende: solo se combate.

‘¿Cómo hemos llegado a esto?’: Una comedia fresca y ligera superior a la media

Hay películas de las que quizás hacemos un mero prejuicio quizás por ver la mera sinopsis, el cartel, el género al que pertenece…puede haber muchos factores de los cuales el espectador puede hacer un juicio externo respecto a ella del que, por supuesto, puede estar totalmente equivocado. Y es algo que pasa especialmente en el género de la comedia romántica de enredo, que solemos prejuzgar con demasiada antelación sin haber visto siquiera el film de marras. Y es que en “¿Como hemos llegado a esto?” el espectador se puede llevar una gran sorpresa al encontrarse con una de esas comedias frescas y ligeras que nos regala nuestro cine de cuando en cuando, y que funcionan por un libreto más cuidado que de costumbre, y del que realiza un análisis del género mismo de lo más acertado.

¿Cómo hemos llegado a esto?” cuenta la historia de Elena, cuya mejor amiga, Alba, ha incumplido el Primer Mandamiento. O puede que no sea así. Puede que cuente la historia de Alba, que no ha podido evitar enamorarse del exmarido de su mejor amiga, Elena. Espera, ¿y si no es así? ¿Y si solo cuenta la historia de Emilio, que en el pasado se enamoró de una mujer, en el presente se ha enamorado de otra, y ahora debe esconderlo por no sé qué de un mandamiento de la amistad? Y es que las historias pertenecen a quien las relata. Todos pensamos que somos los protagonistas de nuestra historia, pero ¿lo seríamos si la relatase otra persona?

¿Cómo hemos llegado a esto?posee un libreto que está basado en una obra teatral, y es algo que se nota. Sus diálogos resultan afilados, y su manera de desgranar el propio género al que pertenece la hace más teatral que cinematográfica por momentos, pero he aquí el milagro: la puesta en escena de Gorka Mínguez consigue resolver esa papeleta con movimientos de cámara o momentos visuales que hacen que se compenetren el teatro y el cine de manera efectiva.

Cierto es que sus diálogos resultan quizás demasiado teatrales (la gente de la calle no habla así, es algo obvio), pero es algo que la propia película no esconde, y tampoco molesta en exceso una vez el espectador se ha acostumbrado a ello, y créanme, dentro del film es fácil. Y lo es porque su manera de enfocar la comedia romántica de enredo resulta de lo más inteligente al desgranar los resortes del género mismo, analizando punto por punto sus tópicos… para luego revertirlos. Y aquí es donde el libreto da en el clavo y funciona a las mil maravillas.

Todo ello en apenas un escenario (la terraza o el interior de un bar), del cual la puesta en escena aprovecha bastante bien, y tres personajes (y uno algo más secundario), de los cuales sus actores sacan lo mejor de sí, pues los tres protagónicos están fantásticos. Tanto una Macarena Gómez que saca a relucir sus histrionismos con todo el sentido del mundo para luego rebajarlos dramáticamente en un arco del personaje muy bien llevado, como una Kira Miró estupenda, de la que se nota que se lo está pasando estupendamente, y un Yeyo Bayeyo magnífico, que sabe dar sobriedad y nerviosismo a su personaje. Los tres mantienen un código entre lo teatral y lo cinematográfico muy difícil de conseguir, y consiguen el equilibrio deseado entre ambos lenguajes.

Tampoco hay que hacerse expectativas enormes, pues el film sabe y es consciente de sus pretensiones: ser una película fresca y simpática, además con una duración de 75 minutos que la hacen más amena todavía.

Por ello, “¿Cómo hemos llegado a esto?” consigue ser una comedia romántica de enredo superior a la media, gracias a un libreto que consigue hacer una radiografía del propio género, analizando sus flaquezas y sus tópicos a través de tres personajes que se ven envueltos en ese mismo enredo. Una propuesta simpática y original que no reniega de sus orígenes teatrales y que, gracias tanto a su puesta en escena como a sus interpretaciones, levantan un texto estupendo del que saben sacarle partido.