‘La Mujer Más rica del Mundo’: Sátira sin garra

2 Butacas de 5

Isabelle Huppert protagoniza esta historia basada en el caso Bettencourt que afectó a la dueña de L’Oréal y a la que habrían podido estafar 1000 millones de euros en donaciones.

La mujer más rica del mundo es Marianne Farrère (Isabelle Huppert) heredera de Windler una gran empresa de cosmética francesa que opera a nivel mundial y factura miles de millones de euros cada año. Para suavizar su imagen de mujer dura e implacable, acepta hacer una entrevista y es ahí donde conoce al fotógrafo Pierre-Alain Fantin (Laurent Lafitte) un hombre extravagante y alocado pero también muy ambicioso y astuto. Congenian estupendamente y comienzan a quedar con muchísima asiduidad en fiestas y cenas privadas. Esa repentina amistad con el fotógrafo pone celosa a la hija de Marianne, Frédérique (Marina Foïs) a quien su madre siempre ha tratado de forma fría y distante. Gracias al fotógrafo Marianne consigue salir de su burbuja y de sus círculos de clase altísima hacia un mundo más distendido y colorido. Su familia en cambio, ve en el fotógrafo a un tipo excéntrico e irreverente que sólo busca el dinero de Marianne.

La película utiliza las casas de Marianne como escenario de casi toda la película lo que hace que Jérôme (Raphaël Personnaz), el mayordomo, sea testigo de muchas de las cosas que pasan entre Marianne y Pierre.

El tono satírico es utilizado por el director Thierry Khalifa para reírse de esta familia de súper ricos retratando a una mujer gélida acostumbrada a tener todo que el lujo y el dinero se han vuelto algo insignificante. Su familia tampoco sale bien parada del retrato que les hace la historia y toda esa vida de lujos los lleva a tener una vida aburrida e incluso asfixiante para Marianne muchas veces. Esto juega a favor de Pierre-Alain, quién colmado de atenciones y regalos por Marianne ésta no se inmuta cuando el fotógrafo se pone caprichoso con el dinero.

Pierre juega muy bien sus cartas con Marianne ya que por un lado es una especie de bufón que la divierte y se comporta como un niño chico caprichoso, pero, por otro lado, lo tiene todo muy bien calculado para que no se dé cuenta de sus verdaderas pretensiones.

Puestos a reírte de los ultras ricos a la película le falta muchísima más mala leche y garra porque se queda corta a la hora de mostrar el juego de Pierre-Alain y aunque tiene algunos buenos momentos la historia daba para muchísimo más. Quizá esto habría convertido a Pierre-Alain en alguien simpático para los espectadores o cabe la posibilidad que al estar basada en hechos reales se hayan contenido para no hacer leña del árbol caído.

La película está libremente inspirada en lo que en Francia se llamó el caso Bettencourt e intenta retratar a la burguesía francesa que según el director Thierry Klifa que está poco explorada en el cine francés y que con esta historia ha podido tratar.

‘Prime Crime: A true Story’ Un estupendo regreso de Gus Van Sant

3’5 Butacas de 5

Gus Van Sant vuelve al cine tras 8 años desde su última película (No te preocupes, no llegará lejos a pie). Es cierto que, entre medias, dirigió una miniserie (Feud: Capote vs. The Swans), pero lo cierto es que echábamos de menos a este director, capaz de ofrecer un cine más convencional junto a otro mucho más experimental (con resultados desiguales). En su parte más convencional, siempre ha destacado por la solidez de su narrativa, y ahí hay ejemplos tan evidentes como El indomable Will Hunting, Descubriendo a Forrester, Mi nombre es Harvey Milk o Tierra prometida. En su faceta más experimental tenemos ejemplos como Mala noche, Psycho, Gerry o Last Days, cintas cuyo visionado me pareció entre lo risible y lo soporífero. Y luego hay un punto medio entre su cine más experimental y el más comercial, como Elephant o Restless.

Bien, pues ahora nos llega su última película, en la que juega a los dos bandos, aunque decantándose por un relato algo más convencional con Prime Crime: A True Story (Dead Man’s Wire), y lo cierto es que el resultado es estupendo, demostrando que Gus Van Sant sigue manteniendo su solidez narrativa.

Tras ser estafado por un banco, Tony Kiritsis secuestra al hijo del presidente de la compañía con un dispositivo mortal atado al cuello, exigiendo la devolución de su dinero, una indemnización y una disculpa pública retransmitida en prime time.

Prime Crime: A True Story es de esas películas que están tan bien contadas que resulta muy fácil rendirse a ella. Desde sus primeros minutos, el film mezcla ficción y realidad mediante un montaje magnífico, combinando imágenes que parecen de archivo con el relato ficcionado. El resultado funciona muy bien y mantiene el pulso narrativo constante, sin apenas altibajos.

Destaca también un diseño de producción espléndido, que nos transporta a la época con facilidad, junto a una selección musical muy acertada. Además, la banda sonora de Danny Elfman aporta toques atmosféricos y experimentales que encajan perfectamente.

Pero es en el reparto donde el film muestra sus mejores bazas: interpretaciones magníficas en todo el elenco. En especial, Bill Skarsgård, en lo que podría ser la mejor interpretación de su carrera, construyendo un personaje lleno de aristas que mezcla patetismo y magnetismo. Consigue que el espectador empatice con él y, al mismo tiempo, lo tema. También destacan Dacre Montgomery, Cary Elwes (irreconocible), Colman Domingo y Al Pacino, quien, con pocas escenas, logra definir perfectamente a su personaje.

En definitiva, Prime Crime: A True Story es una historia bien construida y sólidamente dirigida. No pretende reinventar nada, pero demuestra que contar bien una historia sigue siendo suficiente. Un ejemplo de cine donde todo está al servicio del relato, ejecutado con pulso firme y precisión. Y prueba de ello es que, al finalizar la proyección, la sala estalló en aplausos, señal clara de que la película conecta plenamente con el público.