‘Beau tiene miedo’: el delirante viaje de Ari Aster

3’5 Butacas de 5

Los mundos creados por Ari Aster son siempre tan surrealistas como absorbentes, así que su última película, ‘Beau tiene miedo’, no se iba a quedar atrás. Sus tres horas de duración están llenas de momentos extraños e inverosímiles que desembocan, como siempre, en un momento de delirio que sirve como final (o eso creo).

La película cuenta la historia de Beau, un hombre de mediana edad que intenta llegar a casa de su madre. En esta odisea se tendrá que enfrentar a sus miedo y paranoias (que no son pocos) para conseguir superar este terrorífico viaje. La manera en la que explora estos miedos la convierte en la obra más compleja del director, que se arriesga al ahondar en la difícil relación que tiene Beau con su controladora madre.

Durante la travesía, vamos viendo todo lo que enfrenta Beau, narrado de manera onírica, en ocasiones como si fuera un sueño. Además, este viaje está plagado de metáforas que juegan entre la comedia negra y el terror surrealista, quedándose a medias entre una comedia de aventuras y una especie de extraña sesión de terapia.

Beau es un personaje tan extravagante como complejo, por lo que ahondar en sus pensamientos, fobias y miedos es un trabajo duro y aterrador. La película se convierte en muchos momentos en una fantasía terrorífica y surrealista que, sin despegarse de un tono extrañamente cómico, nos lleva a la montaña rusa que es la vida interior de Beau.

Joaquin Phoenix es el encargado de dar vida al extravagante Beau, realizando, como siempre, una magnífica interpretación que sostiene buena parte de la calidad de la película. Completan el reparto Nathan Lane, Amy Ryan, Armen Nahapetian, Parker Posey, Patti LuPone, Kylie Rogers, Stephen Henderson, Michael Gandolfini y Zoe Lister Jones en esta película tan coral.

‘Beau tiene miedo’ es, sin duda, la película más controvertida de Ari Aster, lo que puede ser tanto una ventaja como una desventaja. No es para todo el mundo, ni le va a gustar a todo el que la vea, pero va a dar qué hablar. En mi opinión, las mejores películas son las que o te encantan o las odias y seguramente esta nos va a llevar a un extremo o al otro.

‘Harka’: : Relato de soñador consumido por su sociedad

3’5 Butacas de 5

La segunda película escrita y dirigida por Lotfy Nathan hace un crudo retrato de la actual situación precaria de la sociedad de Túnez, poniendo el foco en un joven que es desgastado por su entorno hasta la muerte. Un buen relato intimista gracias a sus seductoras técnicas narrativas y en el que destaca la hermosa presencia del actor protagonista Adam Bessa.

A pesar de la crudeza de la realidad que nos presenta, la historia es contada con un tono mágico e infantilizado, como si se tratase de un cuento. Esto se da gracias a la fotografía, la música y, sobre todo, a la narración desde el punto de vista de la hermana pequeña del protagonista. La niña narra la película como si fuese literatura y no como la cruda realidad que tanto ella como su hermano están viviendo. De esta forma, consigue alienar a su hermano del relato y a nosotros los espectadores nos permite ver su historia como la de un marginado del que es más fácil compadecerse.

Esto último ayuda a plasmar el conflicto interno del protagonista: un chico que se siente alienado del mundo, de su familia a la cual no se siente merecedor de pertenecer, de la sociedad que le ha dado la espalda y que ni siquiera mira cómo se suicida. El desarrollo emocional del personaje es el aquí el gran protagonista, ver cómo se va convirtiendo en una persona cada vez más pesimista y cómo poco a poco se consume. Se explora así el origen más profundo de la precariedad en lugar de limitarse a enseñar sus consecuencias de manera melodramática.

Es una pena que al final la película no llegue a explotar del todo sus recursos más interesantes. La narración infantilizada o la fotografía mágica e intimista, aunque bien empleadas en un principio, con el paso de los minutos van perdiendo más y más relevancia narrativa, perdiéndose así parte de la empatía hacia al protagonista y desembocando en un final más predecible que impactante. Su principal problema es este mismo, que pretende ser emocionalmente impactante y no lo consigue del todo. Pero, a pesar de sus limitaciones, la película sí consigue convertirse en un relato que, aunque rebosa intimidad, funciona como reivindicación de una lucha mucho más amplia que la de un solo individuo.