‘ZETA’: Un homenaje al thriller con Mario Casas como reclamo palomitero

3 Butacas de 5

Siempre seré defensor de que los cineastas busquen los géneros para encontrarse con espectadores con gustos concretos. Es una manera de afinar el tiro con unas claves que resultan placenteras para un nicho concreto. En España siempre nos hemos definido por una vertiente más de autor; por eso también hay que celebrar que se trabaje otro tipo de productos, ya sea ciencia ficción, terror o acción, porque no solo Hollywood y los grandes presupuestos pueden hacer este tipo de cine.

Zeta«, dirigida por Dani de la Torre (La Unidad, El desconocido, La sombra de la ley), plantea un thriller de acción y espionaje a lo James Bond: un montón de parajes espectaculares, buenos set pieces hechos trizas y una trama basada en el engaño y la astucia, donde nada es lo que parece y siempre hay un giro final.

Mario Casas interpreta al protagonista, de nombre en clave Zeta. Está retirado de los focos hasta que, de manera personal, se ve absorbido por una espiral de mentiras que lo llevará a investigar el caso de La Ciénaga para el CNI, lo que le hará replantearse su pasado. Entonces descubre que su padre era un agente encubierto y que sigue con vida, formando parte de aquella misión fallida que acaba de salir a la luz.

Hay un asesino que se está encargando de eliminar a todos los exagentes de inteligencia y del cual el único que queda vivo es el padre de Zeta, interpretado maravillosamente por Luis Zahera.

Casas viene de su reciente nominación al Goya a Mejor Actor por “Muy lejos» y este trabajo no tiene nada que ver. Es un producto en el que él está bien en su papel, cómodo y siempre en su sitio, porque le viene como anillo al dedo gracias a su físico y a ese lado introvertido del personaje que saca lo mejor del actor.

Aunque quizá sus mejores escenas no son las de acción ni las coreografías más épicas, sino las que tiene delante de Zahera como compañero, donde el humor y las dobles intenciones están presentes, ya que se juega mucho con la relación entre agentes de inteligencia y padre e hijo.

Es una pena que la película haya ido directa a Amazon Prime, ya que su gran empaque visual es digno de la gran pantalla. Es verdad que las escenas de acción no rivalizan con productos estadounidenses de primer nivel y, en mi opinión, ni siquiera con otras cintas del director. Pero, aun así, es un film que cumple su función y entretiene al público adicto al espionaje y los disparos.

‘Una hija en Tokio’: un recordatorio de lo importante que es luchar por aquellos a los que amamos

4 Butacas de 5

Una hija en Tokio (Une part manquante, en francés) dirigida por Guillaume Senez (Nuestras pequeñas batallas) es una película dramática sobre la vida de un padre que lucha por encontrar a su hija en una gran ciudad como es Tokio. Senez, que también guioniza junto a Jean Denizot, nos atrapa con una historia bien desarrollada, personajes llenos de matices y un recordatorio de lo importante que es luchar por aquellos a los que amamos.

En esta cinta seguimos la historia de Jay (Romain Duris) un francés que vive en Tokio y lleva nueve años buscando a su hija Lily, a quien no ve desde que tenía tres años debido a la separación con su mujer. Jay trabaja de taxista y después de tantos años ha decidido rendirse en su búsqueda, vender su casa y volver a Francia. Todo cambia cuando un día le toca cubrir la ruta de otro taxista y, de repente, se sube a su coche su hija. La vida de Jay da un vuelco y todos sus esfuerzos se centran en acercarse a Lily de nuevo para tener una segunda oportunidad con ella.

Puede que esta película no sea algo espectacular en su forma, pero su historia es cautivadora y acerca a los espectadores a una realidad poco conocida. Me pareció interesantísimo el tema que trata, ya que gracias a esta película muchos espectadores descubrirán que en China no existe la custodia compartida y una vez uno de los progenitores se lleva al niño, el otro no puede verle hasta que sea mayor de edad. Una realidad durísima que da forma tanto a la vida del protagonista como a otros personajes secundarios cuyas vidas se ven totalmente desbordadas por el deseo de hacer todo lo posible por volver con sus hijos. En este relato inspirado en testimonios reales hay que destacar las interpretaciones de Romain Duris (Daaaaaalí, Eiffel) y Judith Chemla (C’est la vie, El jardín de Jeannette) que sin duda dan vida a estos personajes complejos con mucho cariño y respeto. Es una historia que te llega por su humanidad y otorga al espectador el espacio suficiente para empatizar con sus personajes y así sentir su lucha como propia.

Lo que más destaca de la película es la forma en la que muestra los sentimientos del protagonista. No es una historia llena de acción, sino más bien una historia tranquila y emocional que se centra en la culpa, el arrepentimiento y el deseo de recuperar el tiempo perdido. La interpretación de Romain Duris transmite muy bien la mezcla de esperanza y miedo que siente su personaje al intentar volver a formar parte de la vida de su hija.

En general, Una hija en Tokio es una película emotiva que habla sobre la familia, la resiliencia y las segundas oportunidades. Es una historia muy humana que os hará reflexionar sobre la importancia de las relaciones familiares y sobre cómo a veces nunca es demasiado tarde para intentar arreglar las cosas. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto y posteriormente formó parte de la Selección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla y llega a los cines de España el próximo 20 de marzo.