‘Día de Caza’: Complementa con brillantez una las grandes obras maestras del cine patrio

4’5 Butacas de 5

Recuerdo el impacto que me produjo ver, hace ya bastantes años, “La caza” de Carlos Saura. Una de esas pelis que se te quedan en la memoria para siempre y de las que sabes que viene bien revisar de vez en cuando.

Y eso es precisamente lo que ha hecho el director Pedro Aguilera, una revisión de la obra original, adaptándola a los tiempos presentes y creando un interesantísimo díptico cinematográfico que une la España de los años 60 con la actual.

El director y Lola Mayo han escrito un guion muy inteligente, creando una especie de remake/secuela de la original, dando la vuelta a los roles de género de los personajes, creando un suspense silencioso que lo impregna todo y jugueteando de manera magistral con el metacine, dejando clarísimo el mensaje de que han cambiado las formas, pero no el fondo de la historia original de Saura. 



En ese aspecto me gusta mucho que la obra esté tratada como si fuera una maldición. Como si el suceso horrible de la primera película fuera una condena de la que no pueden escapar los personajes. Algo que está en el aire, invisible, incontenible, y que se repite en esa familia y en ese coto de caza (ojo al momento de las voces en los chalets). Un coto de caza que, como en la película original, representa la cultura y la historia de todo un país. Nuestra querida “España”, como repite varias veces el personaje de Carmen Machi hacia el final de la película.

Y en estos tiempos, donde en este país parece que volvemos atrás en muchos aspectos, esta película es un gran toque de atención y un mensaje claro de que estamos repitiendo patrones. O que, en realidad, siempre han estado ahí. Como una maldición. 

El único pero que se le puede tachar a la película, es que la trama es un calco de la original, y en ese aspecto todo lo que va a pasar es predecible si ya has visto la obra de Saura. Pero para mí funciona, porque si ya has visto la original, entenderás el significado de esa decisión y si no la has visto te llevarás el impacto de la historia (y te darán ganas de ver la original, lo cual siempre es algo positivo).

Lo que sí que es algo realmente extraordinario en la película, es el trabajo excelso de sus tres protagonistas. Y es que Blanca Portillo, Carmen Machi y Rossy de Palma se marcan 3 actuaciones de órdago con tres personajes complejos, profundos y muy difíciles de llevar a cabo. La naturalidad, la química y la fuerza que tienen las tres es lo mejor de la película, especialmente cuando la peli nos regala esos larguísimos planos secuencia donde no hay trampa ni cartón en la actuación. Puro talento actoral que espero se lleve algún premio. Además, sus personajes son de esos que generan muchas emociones (el asco que les coges a veces es increíble) y que tienes luego que volver a repensar y analizar porque están llenos de sutilezas y capas (ojo al personaje de Rossy de Palma), haciendo mucho más interesante el post-visionado y creando todo un debate alrededor de sus comportamientos.



En cuanto a la dirección, Pedro Aguilera se inspira constantemente en la original, con una cámara sobria, pero con algún tinte moderno como los planos de drones (muy bien integrados en la historia, por cierto). Las roturas de la cuarta pared y el congelado de la película son homenajes directos a la original, pero funcionan de maravilla, creando una relación directa con el espectador muy necesaria. Si a eso le sumas una elegante fotografía, una puesta en escena que da protagonismo a los personajes en vez de a la cámara y una inquietante y minimalista banda sonora, tienes una película que consigue transmitir con mucho realismo el ambiente tórrido, la obscena diferencia de clases y la relación tóxica y cínica de las protagonistas. En ese aspecto, la película recuerda a ratos a “Los santos inocentes” (los diálogos con el encargado de la finca) e incluso en algún momento cómico, que los hay, a la “Escopeta Nacional” (el momento de la paella, con una Carmen Machi magistral).

En conclusión, una grandísima película que complementa con brillantez una las grandes obras maestras del cine patrio y que nos regala una actuación magistral de sus tres protagonistas. Para mí, una de las pelis españolas del año.     

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)

‘El mago del Kremlin’: El pasado reciente de Rusia

3 Butacas de 5

Olivier Assayas adapta la novela Giuliano Da Empoli con guion de Emmanuel Carrèrre que cuenta las últimas décadas del pasado más reciente de Rusia. 

Giuliano Da Empoli ficciona los últimos treinta años del pasado reciente de Rusia, desde la Perestroika hasta Putin a través de un trasunto de Vladislav Surkov quien fue vicepresidente del país desde 1999 hasta 2011 cuando se retiró de la vida política.

En su libro Surkov es Vadim Baranov quien actúa de narrador y concede una entrevista a un profesor y periodista de Estados Unidos, Rowland, (Jeffrey Wright) con quien mantiene una larga charla durante toda la película. Un gran flashback se va intercalando con la charla que mantienen Rowland y Baranov que a modo de río cuenta la vida de Rusia desde la Perestroika hasta casi la actualidad al mismo tiempo que la vida del propio narrador. Vadim Baranov era un joven que comenzó su vida adulta en medio del caos post soviético en los años 90. Comenzó primero trabajando como director teatral y productor de televisión hasta que entendió cómo funcionaba el poder en Rusia y fue subiendo en el escalafón hasta convertirse en el asesor de un agente del KGB con un futuro brillante, Vladimir Putin (Jude Law). Desde el centro del poder de Rusia ambos irán transformando el país difuminando los límites de la verdad y la mentira. La película es una mezcla de géneros que va del thriller político al cine negro pasando por el drama histórico y por momentos es una película sobre el periodismo, los medios de comunicación y las redes sociales. 

La película está muy bien rodada y todo el reparto está correcto en sus papeles pero la narración carece de fuerza y se termina por convertir en una sucesión de acontecimientos de la historia reciente de Rusia. Vamos de Yeltsin, al Maidán, del hundimiento del submarino Kursk y la crisis que se produjo en Rusia por la mala gestión del accidente, a la defenestración de los oligarcas, pasamos por la invasión de Crimea, la irrupción de Limonov o las granjas de bots para boicotear elecciones europeas y desinformar…  Para alguien que no siga la actualidad política o para estudiantes de bachillerato puede resultar una historia bastante didáctica para entender el pasado más reciente desde el lado ruso porque está bastante bien contado y se contrapone la versión rusa con la del periodista americano. 

Es una pena que excepto Jude Law el resto del reparto pase sin pena ni gloria por culpa de personajes bastante planos y arquetípicos. El protagonista no tiene el carisma ni el atractivo que podríamos esperar. Es más bien un hombre gris y apocado que sabe estar en el momento oportuno para aprovecharlo y saber leer por dónde va la política en todo momento. En cambio Law capta no solo la esencia de Putin sino que se transforma en él a través de los ademanes, miradas, gestos y los movimientos corporales como el vaivén que hace al caminar. Por desgracia, Alicia Vikander que interpreta a Ksenia el interés amoroso de Baranov se va diluyendo como un azucarillo en un café con leche cuando es un personaje que podría haber dado más de sí. Tiene calado a Baronov desde el primer día que se conocen en una fiesta. Sabe cómo funciona el poder y lo que hace Baranov para estar siempre en él, tiene buenos contactos dentro y fuera de Rusia y le gusta vivir bien rodeada de lujos pero no sabemos mucho más de ella.  Tanto la película como el libro en el que se basan resultan interesantes no tanto en la historia en sí ya que se trata de una ficción que bebe de la realidad para mostrar el funcionamiento de parte de la política actual y pone en el punto de mira los mecanismos que utilizan para seguir con sus estrategias de desestabilización de las políticas de occidente y de manipulación masiva fuera y dentro de Rusia.