‘Ruta de Escape’: Una inteligente analogía al peso que conllevan las decisiones

4 Butacas de 5

Un elusivo ladrón, un detective que lo ha cazado por años y una corredora de seguros de la alta sociedad californiana se enredan en una brillante adaptación de la aclamada novela homónima de Don Winslow. Chris Hemsworth, Halle Berry y Mark Ruffalo protagonizan una historia que en principio parece tu típico thriller de crimen en la que presencias una clásica trama de gato y ratón en la que un misterioso criminal cada vez está más cerca de su final a manos de un obstinado detective.

Sin embargo, esta trama tan cliché sirve más bien como una analogía que permite explorar a fondo la psique de los personajes, en la que se explora la carga que conllevan las decisiones que uno toma a lo largo de su vida, y las que no; permitiéndole a nuestros protagonistas evolucionar y cambiar sus perspectivas conforme avanza la película. Además de este gran elenco protagónico, Barry Koeghan se integra como una especie de antagonista que se roba la pantalla en cada una de sus apariciones entregando otra brillante interpretación, como ya nos tiene acostumbrados.

Dicen que las tramas más sencillas permiten hacer personajes más interesantes y ciertamente ese es el caso en este film, que con pequeñas pinceladas nos deja ver la perspectiva de cada personaje sobre la vida, qué les pesa y cómo lo afrontan. Aunque esto no quiere decir que la trama no sea interesante, unos cuantos giros de tuerca la hacen diferenciarse de los thrillers genéricos y, aunque no es nada revolucionaria, sirve para darle una identidad propia que pocas películas del género tienen.

Sin duda Ruta de Escape no solo vale la pena, sino que es bastante disfrutable al ser una película que se toma su tiempo y no te trata como un bebé. En un mundo donde hasta las películas dirigidas a un público adulto pecan de darte todo «peladito y en la boca», este thriller se tiene la confianza para no caer en modernismos como explosiones fuera de lugar o repetir una y otra vez la trama y los sentimientos de sus personajes.

‘No hay otra opción’: el despiadado mundo laboral

4 Butacas de 5

El siempre interesante director surcoreano Park Chan-wook (Oldboy), lleva a la pantalla en su última película la novela The Ax de Donald E. Westlake, que ya adaptó el griego Costa-Gavras en 2005 con Arcadia, para demostrar nuevamente que los años no hacen mella en su elevado talento cinematográfico. No hay otra opción ataca desde una incisiva y violenta sátira al mundo laboral moderno y sus inhumanos engranajes, sin dejar un solo momento de reírse de todo lo que sucede.

El cabeza de familia Man-su (Lee Byung-hun), se ve obligado a emprender un salvaje camino para encontrar trabajo de nuevo cuando le despiden de la compañía de papel en la que llevaba trabajando veinticinco años.

El cine ya ha demostrado anteriormente cómo el ser humano es capaz de alcanzar límites insospechados para defender lo que es suyo. Véase, por poner dos ejemplos distantes en el tiempo, Perros de paja (1976) y As bestas (2022). El maestro surcoreano Chan-wook también suele recurrir a personajes que, en situaciones extremas, se ven obligados a emplear métodos ambiguos para resolverlas. Es el caso de películas como Oldboy (2003) o Sympathy for Lady Vengeance (2005). En este caso, el drama existencial, la sátira a base de humor negro y la violencia expeditiva construyen el tono de No hay otra opción, haciendo de ella una película absolutamente inmersiva en gran parte también por la incertidumbre de su deriva. El objetivo del protagonista está más que claro, así como su metodología para lograrlo, pero la construcción de su desarrollo no da pie en ningún momento a poder adelantarse a los acontecimientos. Siempre estamos un paso por detrás del ávido cineasta.

Desprende cinismo y una visión desoladora sobre el mundo laboral, voraz y despiadado como las personas que lo controlan desde arriba. Y, aunque es cierto que se extiende quizás más de la cuenta cayendo por momentos en la monotonía, resulta realmente divertido contemplar a un patoso y, en el fondo buen tipo, tratando de cometer atrocidades una tras otra. Muestra de que una vida de ensueño nunca lo es del todo y solo puede ir a peor, Chan-wook abre su película inteligentemente con una secuencia que plantea el idilio familiar y económico de su personaje, para a partir de ahí destrozar su particular edén poco a poco. Creo que esta vez, por encima de todo, el coreano busca sacar a relucir la oscuridad que habita en todo ser humano principalmente a partir del humor grotesco.

La cuestión moral atraviesa la cinta de lado a lado conduciendonos a profundas reflexiones sobre la condición humana y las bases de la sociedad y, sobre todo, la familia. ¿Es descabellada la empresa en la que se embarca Man-su? Está claro que sí, que se trata de una macabra hipérbole pero, si los elementos principales de fondo se aterrizan un poco más a la realidad, podemos comprender perfectamente al atribulado hombre coreano al que la vida -no de manera azarosa- ha desprovisto de su sustento y el de los suyos. Precisamente la cercanía con que se percibe la situación y preocupaciones del personaje, aún escenificando la película en un país tan lejano al nuestro como es Corea del Sur, permite identificar la universalidad de la propuesta. Otra gran película del maestro Park.