‘Return to Silent Hill’: Un regreso fallido

1’5 Butacas de 5

Recuerdo allá por 2006, cuando se estrenó en los cines la adaptación cinematográfica de uno de los videojuegos de terror más famosos de la historia: Silent Hill. Hay pocas adaptaciones que hayan cumplido las expectativas respecto a su videojuego, pero esta producción lo cambió todo, siendo considerada por muchos (incluido yo) la mejor adaptación que se ha hecho para el cine de un videojuego.

Su director, Christopher Gans, que venía de realizar la estupenda El pacto de los lobos, conseguía recrear la atmósfera de terror a la perfección y, pese a sus irregularidades (que las tenía), lograba trasladar ese infierno del juego de manera maravillosa, basándose sobre todo en la creación de atmósferas. Tras una secuela que es mejor olvidar (Silent Hill: Revelation 3D), Christopher Gans vuelve ahora a tomar las riendas del proyecto con Return to Silent Hill (que, al parecer, se basa en el último videojuego), con la esperanza de recuperar el espíritu conseguido en la primera película… pues he de deciros que el objetivo no se ha cumplido.

Return to Silent Hill trae de vuelta a la gran pantalla la icónica franquicia de terror. James recibe una misteriosa carta de su amor perdido, Mary, lo que lo impulsa a regresar a Silent Hill, un pueblo que antes le era familiar y que ahora está sumido en la oscuridad. Mientras la busca, James se enfrenta a criaturas monstruosas y desentraña una aterradora verdad que lo llevará al límite de su cordura.

Durante la primera media hora de Return to Silent Hill tenía la mera esperanza de revivir esa experiencia opresiva y malsana que ofrecía su primera adaptación. Y es que la puesta en escena de Christopher Gans aprovecha el escenario todo lo que puede, algo que se nota especialmente en este primer bloque, a través de un diseño de producción espléndido y una atmósfera que consigue recrear ese pueblo infernal a la perfección (como en la escena de la primera alarma), haciéndonos sentir como si estuviéramos en el mismo infierno o dentro de una pesadilla.

Pero a partir de aquí vienen los problemas. No he jugado a la última aportación del videojuego y, por lo que he leído, la película resulta bastante fiel en su argumento; sin embargo, el problema es que, además de predecible (todo se ve venir desde lejos), resulta aburrida. Y digo aburrida porque el esquema narrativo termina agotando al espectador, rompiendo tanto el ritmo interno como la atmósfera de terror, con flashbacks constantes que avanzan como si se tratara de un videojuego. El problema es que no estamos ante un videojuego, y esa estructura no funciona en el lenguaje cinematográfico: rompe la tensión y desactiva cualquier atisbo de inquietud.

El eje dramático de la película se centra en los demonios internos de su protagonista, un planteamiento potencialmente interesante, pero mal desarrollado. El problema no parece residir tanto en la dirección como en un guion poco interesado en profundizar en sus personajes, cuando precisamente eso es lo que busca el film. Y no lo consigue. El drama de James apenas genera implicación emocional, lastrado por una acumulación de tópicos y una narración esquemática que termina por diluir por completo el efecto terrorífico.

A ello se suma un reparto poco inspirado, con interpretaciones pobres y un casting errático que no consigue dar solidez a los personajes. Si no contribuyen ni el guion ni las interpretaciones, el espectador acaba desconectando de lo que sucede en pantalla.

En definitiva, Return to Silent Hill es un intento fallido de Christopher Gans por recuperar el espíritu de su primera adaptación. Por momentos parece rozarlo, pero por desgracia es solo un espejismo. Ya sea por limitaciones presupuestarias o por falta de ambición, esta nueva incursión en el universo Silent Hill se queda en una propuesta plana, aburrida y, en ocasiones, cargante. El diseño de criaturas puede despertar cierto interés, pero la película se pierde al centrarse en unos demonios internos que, tristemente, importan muy poco.

‘La leyenda de Ochi’: La versión de “ET” por parte de A24

3 Butacas de 5

Cuando en 1982 se estrenó E.T. El extraterrestre, de Steven Spielberg, no éramos conscientes de lo mucho que iba a influir en el mundo del cine en el futuro. Y es que, desde su estreno, ha habido mil y un imitadores que han intentado emular lo que consiguió ese clásico (y sí, digo clásico, porque sin duda ya lo es), pero ninguna ha conseguido siquiera igualar lo que logró el antiguo “rey Midas” de Hollywood. El último caso más claro fue Super 8, de J.J. Abrams, que realizó una película de lo más entretenida, aunque demasiado “prefabricada” como para equipararla con nuestro marciano favorito. Ahora, la productora A24 ha querido hacer su propia “versión”, cambiando marcianos por “demonios del bosque”, pero imprimiendo su sello particular, de manera que hace que la propuesta sea, como mínimo, curiosa.

Yuri, una joven rebelde de la remota isla de Carpathia, es educada para temer a las criaturas nocturnas del bosque, los Ochi. Cuando Yuri encuentra un bebé Ochi herido, decide escaparse de casa y embarcarse en una aventura para reunirlo con su familia.

La leyenda de Ochi parece estar más preocupada por crear un estilo propio que por crear una organicidad en el relato, y creo que ese es el mayor problema del film. No queda del todo claro hacia quién quiere ir dirigido, deambulando entre una amalgama de tonos que termina pasándole factura. A veces demasiado infantil, a veces demasiado adulta, la película navega entre dos mares en los que no encuentra el equilibrio preciso que haga que el relato fluya con solidez. Y es una pena, porque el film tiene elementos muy destacables.

Entre ellos, una fotografía espléndida de Evan Prosofsky, que aprovecha los impresionantes paisajes al cien por cien y da la sensación, durante todo el metraje, de que estás allí en mitad de la montaña pasando frío con ellos en su aventura; también una banda sonora de David Longstreth maravillosa, que consigue dar el cariz distinto y a la vez emotivo que la película intenta transmitir sin conseguirlo del todo, pero que la música sí logra (incluso el clímax final parece un homenaje al clásico de John Williams); y unos efectos visuales magníficos, en los que la mezcla entre animatrónicos y efectos digitales se solapan de manera maravillosa, creando unas criaturas con entidad propia y con mucho encanto (recuerdan mucho a Jim Henson). A ello hay que mencionar un diseño de producción excelente (véase la cueva).

En ese aspecto, el trabajo técnico es de diez, y es una pena que nunca termine de despegar del todo ante la amalgama de tonos y estilos de la que el film quiere presumir… solo por ser distinto, lo cual lo lastra un poco. Y eso se refleja también en unas interpretaciones que resultan chocantes, porque cada actor parece estar en un relato distinto. Desde la sobriedad de una excelente Emily Watson (la mejor del reparto), pasando por un histrionismo exacerbado de Willem Dafoe, hasta una Helena Zengel que se mueve entre las dos vertientes, creando un desequilibrio un tanto extraño, aunque en líneas generales funciona. Y Finn Wolfhard… pues solo decir que pasaba por ahí, porque su peso es casi nulo.

Por tanto, La leyenda de Ochi es la versión de E.T. por parte de A24, y por mantener esa distancia y ese sello de la propia productora, al final se resiente, pues parece más preocupada por ser diferente del resto que por obtener el resultado que realmente quería. Pese a que el film sea ameno (dura 95 minutos) y resulte entretenido, entrando muy bien por los ojos y por el oído, nunca termina de llegar al espectador debido a esa mezcla de tonalidades, que se ve reflejada en un clímax final que pretende emular a E.T. sin conseguirlo. Aun así, como digo, es una cinta distraída y amena, con un apartado técnico espléndido que consigue entretener, aunque no perdure en la memoria demasiado tiempo.