‘El Mal’: Una hipnótica e inquietante Natalia Tena

3’5 Butacas de 5

El interés por la crónica negra, el atractivo de los personajes malvados, el magnetismo de la violencia explícita. La fascinación por mal parece algo que llevamos implícito en el ser humano. Pero, ¿cuál es el origen de esa fascinación? ¿Es algo innato? ¿O es un constructo social?

Esta es la cuestión que nos plantea El mal, la última película de Juanma Bajo Ulloa. Un film que funciona muy bien a la hora de plantearse preguntas incómodas sobre la moralidad y el éxito, pero que se embarra un poco a la hora de crear un thriller psicológico que funcione.

La película empieza realmente bien: Una conversación entre la protagonista y un periodista que pone inmediatamente sobre la mesa el conflicto principal de la historia (la eterna lucha entre lo que consideramos bueno y malo) y que obliga al espectador a hacerse preguntas incómodas y, sobre todo, a querer saber qué respuestas va a dar el guion a algo tan complejo como esto.

En ese aspecto, la película funciona genial, especialmente en las conversaciones entre el personaje de Elvira (Belén Fabra) y Martín (una inquietante Natalia Tena). La relación de estos dos personajes es lo más logrado de la propuesta, ya que ambas funcionan como un espejo de la otra, creando una especie de simbiosis de personajes, dónde los deseos de una se ven reflejados en la otra y viceversa. Sus conversaciones profundizan en el conflicto principal y son, sin duda, lo mejor de la película.

Dónde el film cojea un poco, es a la hora de construir un thriller psicológico. Comienza creando unas expectativas muy altas, generando muy bien el interés y unos personajes potentes (la curva del personaje de Elvira es muy interesante), pero en su parte final se desinfla un poco al dejar algunos cabos sueltos o resueltos de forma algo forzada. Por ejemplo, las apariciones y desapariciones de Martín (que no tienen explicación y solo sirven para desorientar) o algunos de los giros del guion (ese embarazo), tienen una función más efectista que narrativa, y eso me hizo sentir un poco engañado en la parte final de la película. También hay tramas secundarias, como la relación de Elvira con su hija, que se me queda algo superficial después de haber planteado un conflicto tan interesante (el origen de su nacimiento) o la trama del personaje de Thomas donde no termina de explicarse del todo su pasado con Elvira.  

A nivel audiovisual la película es correcta. Tiene una narrativa muy clásica dentro del género y en ese aspecto quizás he echado en falta algo más de personalidad, pero a pesar de eso la película funciona muy bien a nivel técnico. No hay nada que destaque especialmente, pero tampoco nada que te saque de la película (lo que no es nada fácil). Además, todos los actores y actrices principales defiende muy bien sus papeles, especialmente una hipnótica Natalia Tena que te atrapa cada vez que aparece.       

Mi sensación final es que Juanma Bajo Ulloa ha querido transmitirnos reflexiones y preguntas profundas sobre la moral, la hipocresía de la sociedad y la obsesión por el éxito individual. Pero ha querido hacerlo usando los tropos del thriller, y es ahí donde la película se embarra un poco, no porque sea de género, sino porque al querer introducir (forzosamente a veces) esos lugares comunes del género, se ha perdido solidez en el guion, dejándonos un sabor de boca algo agridulce en su parte final.

En conclusión, una película que acierta de lleno en su planteamiento filosófico, pero que falla en su obsesión por querer ser un thriller.


Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)

‘Si pudiera te daría una patada’: Las expectativas de ser madre en la sociedad actual

3 Butacas de 5

Tras alzarse con el Globo de Oro a mejor actriz de comedia, Rose Byrne me llevó a acudir presto a la sala para ver algo de humor —o quizá algo tragicómico— de perfil Sundance como me habían vendido en la gala del pasado día 12. Sin embargo, desde la mismísima primera secuencia de presentación, Mary Bronstein nos introduce en un mundo hostil que va cercando poco a poco a nuestra protagonista, impidiéndole incluso respirar. Un solo plano sostenido de Rose Byrne nos muestra la intensidad dramática que es capaz de alcanzar la actriz en los primeros compases de la cinta (y en toda en realidad).

Casi como una película de los hermanos Dardenne, Si pudiera te daría una patada sigue única y exclusivamente durante todo su metraje a Linda, una mujer que intenta gestionar como puede a su hija enferma, a un marido ausente y ayudar a una paciente con una serie de trastornos derivados de la maternidad, lo que genera interesantes paralelismos entre médica y paciente. Un juego de espejos que lleva a la reflexión de manera contundente.

Todo ello está contado en primera persona, (y con más de un secundario en off) siendo una película de un solo personaje, donde la cámara no se separa demasiado del rostro de la intérprete, logrando que sintamos una empatía total por lo que le ocurre a Linda. Una espiral de complicaciones que convierte su vida en un infierno permanente, en el que se siente sola y abandonada por su marido y, por extensión, por una sociedad que la juzga. ¡Por el espectador de la sala!

Surge así un tema tan candente como el de las madres perfectas. A nadie le enseñan a criar a un hijo y, como en el caso de Linda, mucho menos una hija que padece una enfermedad —que intuyo podría ser cáncer— que la mantiene conectada a una sonda las veinticuatro horas del día, sin poder ir al colegio ni llevar una vida normal. La presión se vuelve asfixiante cuando Linda siente culpa cuando no ejerce a su perfección con sus responsabilidades.

La verdad es que, a pesar de no ser la película que esperaba debido a la campaña de Hollywood, al comprobar que se trata de un producto de A24 su calidad está prácticamente asegurada. Es más, entiendo y valoro su riesgo tanto a nivel social como estético, ya que la película juega con claves del cine de terror a través de escenas muy perturbadoras y una fotografía tenebrista, donde los interiores asfixian y los exteriores ahogan. Los momentos más introvertidos de Byrne se convierten en la excusa perfecta para que Bronstein me lleve, como espectador, a otro lugar: un espacio muy cercano al cine de su pareja, conocida sobre todo por filmar junto a su hermano títulos como Uncut Gems o Good Time. No hablo de otro que de Josh Safdie, quien además ejerce labores de productor.

Completan el reparto Delaney Quinn, el famoso rapero A$AP Rocky y un irreconocible Conan O’Brien. No sabía que el aclamado presentador se había adentrado en la interpretación; en este caso da vida a un compañero de Linda que ejerce como terapeuta. Además, cuenta con una especie de cameo especial de Christian Slater.

En fin, la película resulta interesante. A nivel social propone ideas dignas de reflexión, sobre todo en torno a lo que significa ser madre en pleno siglo XXI y a lo que esperan de ti tu marido, tu hija, tu vecino o tus compañeros de trabajo. Es cierto que la directora plantea una denuncia, pero no pretende ofrecer conclusiones cerradas, y algunas subtramas no llegan a ninguna parte; aunque, claro, la película no va de eso. Se trata de un drama en forma de pesadilla que genera debate. Y esto no tiene nada que ver con que yo pensara que iba a ver una comedia.