‘Una noche al año’: Distopía romántica sin terminar el punto de cocción

2 Butacas de 5

El director Will Gluck dirige a Monica Barbaro y Callum Turner en una comedia distópica tremendamente conservadora tras arrasar con ‘Cualquiera menos tú’.

Alguien pensó que podrían juntar en una historia la comedia romántica clásica y el concepto de la película ‘La Purga’ pero cambiando noche de violencia total por noche de desenfreno sexual y que funcionaría. Aquello de en su cabeza sonaba espectacular, pero en la realidad es que no funciona.


En una Nueva York distópica pero no mucho, el Congreso de Estados Unidos aprobó hace tres años un mandato por el cual los solteros no pueden tener relaciones extramatrimoniales excepto una vez al año. Para controlar a la población soltera el gobierno les ha puesto una especie de calcomanía – chip en la parte interna de la muñeca que permanece siempre en color rojo hasta que se pone verde el día en que se abre la veda. Y es en este contexto de yuyu en el que transcurre la historia de la película.

Allie (Monica Barbaro) quiere ser cantante, pero malvive trabajando en publicidad haciendo versiones ñoñas de canciones conocidas convertidas en jingles para anuncios. Está cansada de los ligues efímeros y el día de la apertura de veda quiere encontrar a alguien con quien conectar y que haya algo más.

Owen (Callum Turner) dirige su propia pizzería con la que se gana la vida estupendamente y ha preparado una gran velada con su novia Malika (Maya Hawke) desde hace varios años para la noche del desenfreno con cena romántica incluida. Pero los planes no le salen como le gustaría y ella le dice que esa noche prefiere liarse con el vecino. El pobre Owen se queda destrozado y vaga por Nueva York hasta que se tropieza con Allie. Surge química enseguida típico de las comedias románticas, pero también ocurren desencuentros que los alejan.

Tanto Allie como Owen se pasan la noche tratando de ligar para aprovechar el permiso de desenfreno otorgado por el gobierno, pero conforme avanza la película se vuelve repetitiva en sus encuentros – desencuentros hasta que finalmente se dan cuenta de que la cita que están buscando son ellos.

Los dos protagonistas hacen lo que pueden con unos personajes encasillados en un molde del que no pueden escapar.  Barbaro aporta frescura al personaje pudiendo jugar con la timidez de Allie y su buen hacer cantando varias canciones. Mientras que Callum está algo rígido en su molde de chico bueno con mala suerte amorosa.

La película podría haber explorado muchísimo más esa Nueva York distópica en la que el gobierno se mete en las relaciones íntimas de la gente, pero esto se queda en la superficie, aunque lo poquísimo que sale o mencionan da bastante yuyu. La historia falla en dilatar demasiado que los dos protagonistas queden juntos pecando también de conservadora con respecto a las relaciones sexuales entre solteros.

‘El Ser Querido’: Herida abierta

5 Butacas de 5

Llega a la cartelera española la ansiada nueva película de Rodrigo Sorogoyen protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo tras su paso por la sección oficial del Festival de Cannes el pasado mes de mayo.

Con lo que se tarda en pensar, escribir y rodar una película ya es una fatal coincidencia que aparezca otra película antes que la tuya con una historia idéntica. Y es que el año pasado la película ‘Sentimental Value’ del director sueco Joaquim Trier arrasó en crítica y público con una historia de hija abandonada y padre ausente ambientada en el mundo del cine.

Como en la película de Trier, un director de cine prestigioso, en este caso, el español Esteban Martínez elige como protagonista de su nueva historia a su hija Emilia a quien hace muchísimos años que no ve. Y hasta aquí las similitudes entre ambas películas porque Rodrigo Sorogoyen y la guionista Isabel Peña deciden explorar otros derroteros sumergiendo a los espectadores en el rodaje de una película mientras ellos están viendo otra.

Esteban Martínez (Javier Bardem) está considerado un ‘enfant terrible’ y ha decidido volver a España tras muchos años viviendo en Nueva York porque quiere hacer una nueva película en su país. Pero no regresa solo, tiene una nueva pareja más joven y dos hijos pequeños. Su hija Emilia (Victoria Luengo) actriz estancada que trabaja como camarera acepta la propuesta y el rodaje de la historia se traslada a Fuerteventura. Padre e hija se transforman en director y actriz y aquí es dónde está el meollo de todo. Sorogoyen juega con el lenguaje cinematográfico de una forma casi perfecta, se lo pasa en grande y se nota. 

Emilia es una mujer apocada, tensa, insegura y nerviosa al inicio del rodaje, una niña chica en un lugar desconocido debido a su poca experiencia como actriz que mira todo de forma inocente y expectante. Esteban es un nombre poderoso, carismático, controlador y volátil que trata de dirigir el rodaje y que todo el equipo haga lo que él necesita para hacer la película. Ambos personajes se buscan y se rehúyen con la mirada cuando están juntos en los escenarios del rodaje de la película. Ella busca su aprobación en el rodaje como la niña abandonada pero también siente rabia hacia él y él no consigue mirar a su hija a los ojos porque siente mucha culpabilidad como padre por lo que siempre mantiene una cierta la distancia, aunque es inevitable que haya algunos acercamientos. Ella espera una disculpa que nunca llega y él nunca pide perdón por haber sido un mal padre y haberla abandonado. La tensión latente entre padre e hija acabará impregnando el rodaje y termina estallando de la peor manera posible en el momento menos indicado. Este suceso provoca un giro que sirve para poner de manifiesto que los abusos ya no son tolerados y que tienen consecuencias porque los tiempos han cambiado.

Javier Bardem consigue uno de los mejores trabajos de su carrera al interpretar a un hombre que expresa con el cuerpo carisma y poder mientras que al mismo tiempo transmite muchísima tristeza con la mirada. Victoria Luengo da la réplica con energía y seguridad haciendo que Emilia vaya evolucionando de una mujer que no ha conseguido lidiar con la herida del abandono de su padre y el rodaje de la película le permite madurar y ganar seguridad en sí misma haciéndolo de forma progresiva y sutil.

El virtuoso montaje de Alberto del Campo consigue un equilibrio perfecto entre ambas historias haciendo que los espectadores se sumerjan en el rodaje de la película de Esteban como si formasen parte del equipo. El uso de primeros planos, planos detalle, blanco y negro, sonido o ausencia de él sirven para contar como los personajes navegan con unas emociones que se van apoderando de ellos. La fotografía de Álex de Pablo y su juego con ambos rodajes, así como de esos planos paisajes de la isla y del volcán van dando simbolismo a los sentimientos de Emilia. La música de Olivier Arson tiene varias capas porque no hay música en la historia de Sorogoyen excepto cuando algunos personajes escuchan música o cuando escuchamos la bella e imponente BSO de la película de Esteban que se entrelaza maravillosamente bien con ambas historias.

Melina Matthews, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Mourad Ouani, Malena Villa, Pablo Gómez-Pando, Pepa Gracia, Laura Birn o Nuria Prims, entre otros muchos completan el reparto de la película.