‘El Final de Oak Street’: Un entretenimiento perfecto para el verano

4 Butacas de 5

David Robert Mitchell me parece uno de los directores más interesantes de la actualidad. Cierto es que me falta por visionar su primer largometraje, El mito de la adolescencia, pero fue con It Follows donde se mostró como un autor cuyas ideas tenía muy claras. Y no por nada, precisamente esta película es uno de los «tótems» del género por antonomasia y una de las mejores de su género en este siglo.

Su siguiente película, Under the Silver Lake, sorprendió a propios y extraños ante un film plenamente autoral que nos hablaba de una generación perdida entre tonos de noir moderno que, en mi caso, me parecieron magistrales (aunque es cierto que no tuvo la misma fama que su anterior film… cosa lógica al alejarse de cualquier elemento comercial).

Ahora, a través de la productora de J. J. Abrams, Bad Robot, el director nos presenta su película más comercial hasta la fecha, The End of Oak Street, lo que no quiere decir que no posea su sello, porque, desde luego, aquí demuestra un manejo de la puesta en escena magistral que ya quisieran muchos directores de hoy en día.

Después de que un misterioso fenómeno cósmico arranque Oak Street de su entorno suburbano y transporte a sus habitantes a un lugar desconocido, la familia Platt pronto descubre que su propia supervivencia depende de que permanezcan unidos mientras se orientan en un entorno que ya no reconocen.

El final de Oak Street es una película de David Robert Mitchell… y, desde luego, se hace notar. Las señas de su anterior película, a través de sus escenarios (ese vecindario recuerda mucho al film protagonizado por Maika Monroe) e incluso de su planificación, hacen ver que estamos ante un autor con las ideas muy claras. Si en una intentaba hacer un homenaje a John Carpenter, aquí lo hace con Steven Spielberg a través de una puesta en escena que, sin duda, lo es casi todo.

Cada escena posee una planificación detallada y se nota que su director tiene las cosas claras a la hora de planificar cada una de sus secuencias, haciendo además un crescendo en intensidad que, desde luego, te va a tener agarrado al asiento sin soltarte. Es como si usara la planificación de It Follows para generar tensión en este mismo film… y he de decir que funciona, porque, más que una película de aventuras (que lo es), está más cercana al género del terror. De ahí que la mezcla entre Carpenter y Spielberg esté tan unida en esta ocasión.

Sobre todo porque da gusto encontrarse un film de dinosaurios… donde estos, precisamente, den miedo. Aquí, cada una de las criaturas supone una amenaza brutal para los protagonistas y no hay un solo momento en el que la sensación de alivio esté presente, pues los protagonistas deben estar mucho más alerta a medida que el film va avanzando.

Por ello, da gusto ver una película donde la amenaza de estos suponga una amenaza real, que te las creas (dentro de su ficción, claro está), y en la que ninguno de sus protagonistas esté verdaderamente a salvo. Y eso crea una tensión y un suspense realmente conseguidos dentro del film, que precisamente destaca por su intensidad.

Una intensidad que va creciendo hasta llegar a un clímax que funciona de maravilla en su manejo de la tensión, pues el espectador, al ver cómo construye el relato el director, no sabe a ciencia cierta por dónde te puede sorprender, y eso es un gran punto a su favor… que cualquier cosa puede pasar.

Y eso es algo que en el guion del propio cineasta se nota, pues lo que hace es deconstruir un poco este género tan manido de aventuras, dándole un toque más terrorífico y tenso que cualquiera de sus antecesoras (y ya ni os comento en comparación con la saga Jurassic Park…), con sus dramas familiares pertinentes y el toque nostálgico del momento para luego pervertirlos.

Cierto es que acusa unos personajes algo predecibles y, a la par, unos diálogos plagados de tópicos, pero posee una parte inocente que, cuando se ve en los créditos hacia quién va dedicado el film, se entiende.

Mencionar unos efectos visuales estupendos, a los que la puesta en escena sabe aprovechar maravillosamente, y a una Anne Hathaway que sostiene como una auténtica jabata la producción, y donde se nota que lo está disfrutando al cien por cien (Ewan McGregor está estupendo también, ojo).

Si acaso, me ha chirriado un poco el incesante uso de la banda sonora de Michael Giacchino, pues a veces se sobrepasa con su excesivo uso, restando por momentos la tensión del relato (aunque en algunos momentos, como en todo el clímax final, funciona muy bien hasta llegar a una tensión irrespirable). Aunque, en líneas generales, es una buena banda sonora, ojo.

Por tanto, El final of Oak Street es una mezcla entre una película de aventuras y de terror, con la mezcolanza de las películas de Amblin… y todo bajo el sello del director de It Follows. Una propuesta cuanto menos curiosa, que es un cruce entre Steven Spielberg y el John Carpenter más comercial… y todo ello en poco más de hora y media de proyección que se pasa en un suspiro.

Hora y media con unos dinosaurios que son de los más amenazantes y terroríficos que hemos visto desde la primera Jurassic Park, si acaso, y que funciona como un film de tensión muy conseguido y entretenidísimo, cuyo PG-13, por cierto, intenta raspar al máximo ante ciertos momentos bastante bestias y que sorprende para este tipo de calificación para adultos.

Un entretenimiento muy notable y de lo más entretenido que sigue demostrando el inmenso talento de su director, David Robert Mitchell.

‘Palestina 36’: Una historia muy necesaria para entender el conflicto Palestino

3 Butacas de 5

Hay películas que tienen un mensaje muy potente y muy necesario a nivel social, pero que, al centrarse tanto en su mensaje, se olvidan de la cinematografía, y, por lo tanto, de emocionar al espectador. Y este es el caso de Palestina 36. 

Esta coproducción entre Palestina, Reino Unido y Francia nos narra los sucesos ocurridos en Palestina en 1936, cuando la resistencia árabe contra el mandato británico crece al mismo ritmo que la llegada de refugiados judíos desde Europa, originando el conflicto y la espiral de violencia que casi 100 años después seguimos sufriendo.

La cinta intenta dar una visión histórica de los hechos, y casi documental en algunos momentos (muy interesante el uso de imágenes reales mejoradas y coloreadas digitalmente). El guion narra cronológicamente todos los hechos históricos y vamos viendo, capítulo a capítulo, como la gestión nefasta de Reino Unido y su defensa del sionismo fue la gran responsable del conflicto. En este aspecto la película es muy educativa porque nos anima a investigar sobre el origen del conflicto y profundizar en sus raíces históricas, políticas e ideológicas, como pueden ser la resolución de la comisión Peel, la Gran Huelga Árabe o la declaración Balfour, todos ellos sucesos muy importantes para entender el trato injusto e inhumano que ha sufrido Palestina en todo este tiempo. Esto, en la película, queda muy claro, porque los hechos son los que son.

Ahora bien, cuando llega el momento de contar esos sucesos históricos en una película, con sus personajes, su desarrollo emocional, su música, su puesta en escena, etc.… la película no está a la altura del mensaje que quiere transmitir. Tiene un montaje caótico y sin pizca de emoción durante la primera hora. Secuencias cortísimas que no aportan nada. Personajes sin profundidad y muy planos (el primer asesinato de un Palestino esta contado con una frialdad emocional por parte de los personajes inentendible). Escenas que parece que se han cortado a mitad sin motivo. Planificación muy básica y sosa (la forma de contar los atentados y los crímenes es como si no tuvieran gravedad). No hay hilo conductor. Todo resulta gris narrativamente hablando. Parece como si faltaran partes de la historia de los personajes. Como si el montador hubiera tenido que comprimir una serie de varios capítulos en una película de 2 horas (de hecho, apostaría a que es lo que ha pasado realmente porque hay decisiones de montaje que no tienen sentido). La sensación es que vemos a los personajes, pero no los conocemos bien ni empatizamos emocionalmente con ellos ni con sus reacciones (los actores también están muy planos todos). Y lo que les pasa es horrible, pero está contado y construido de manera tan “sosa” y rápida que no llegas a emocionarte (la secuencia final tenía que ser algo que te helará la sangre y sin embargo no lo logra). Y es una pena porque la historia lo merece y el mensaje que cuenta es muy necesario.      

A esto no ayuda una banda sonora prácticamente inexistente. Algo que me ha dejado totalmente perplejo, especialmente en las escenas más emocionantes. Lo tenía todo para convertirse en una gran banda sonora narrativa y emocionante. Pero no ha sido así. No sé si es falta de presupuesto o una decisión creativa, pero si es lo último yo no lo he entendido.

Todo esto hace que me quede con un sabor muy agridulce después de ver la película. Es una historia muy necesaria y que todos deberíamos ver para entender mejor el conflicto en oriente medio, conocer su origen y comprender la injusticia histórica que se hizo (y que se sigue haciendo) con el pueblo Palestino. Pero cinematográficamente está contada sin fuerza y sin emoción. Y no me puede dar más rabia que haya salido así.  

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)