‘La Astronauta’: Nada es lo que parece

2’5 Butacas de 5

Kate Mara protagoniza este thriller psicológico sobre una astronauta que regresa a la tierra de forma accidental tras su primera misión espacial.

Dirigida por Jess Varley esta película de ciencia ficción nos cuenta el regreso a casa de Sam Walker (Kate Mara) después de su primera misión espacial. Debido a que su regreso fue algo accidentado al golpearse la nave contra algún objeto o fuerza misteriosa, Sam queda confinada en una casa de alta seguridad de la NASA para que pueda recuperarse y pasar sus revisiones médicas.

Sam únicamente desea ver a su marido Mark Gabriel (Gabriel Luna) y a su hija Izzy (Scarlet Holmes) pero, aunque su padre, el general Williams Harris (Laurence Fishburne), la visita todos los días por temas relacionados con su trabajo, Sam empieza a sentirse igual de aislada en esa casa que en el espacio.

La casa es una mansión de última generación con todo tipo de lujos ubicada en un parque natural. Debido a su accidente sufre episodios de pitidos en los oídos que la debilitan, cada vez está más cansada y tiene un enorme moretón en la mano que no deja de crecer. Por si fuera poco, comienza a tener unos sueños muy extraños, a escuchar ruidos en el bosque y a notar una presencia fuera de la casa que la hará volverse cada vez más paranoica.

La primera parte de la película no deja de ser un thriller psicológico que juega con el encierro de la protagonista, las secuelas de su aterrizaje accidentado y su nuevo aislamiento en la casa. El espectador está igual de perdido que la protagonista porque no se sabe qué está pasando y la información se va dosificando a cuenta gotas para mantener al espectador enganchado a la trama.

Todo cambia cuando hace un descubrimiento que no puede compartir con nadie algo que agrava su delicado estado de salud que trata de ocultar a los médicos para que la vuelvan a dejar ir al espacio en otra misión.

Los últimos minutos de la cinta cambian por completo la narrativa y se empieza a descubrir lo que le está pasando a Sam algo que es tan tramposo como sorprendente.

El director de la película bebe de otras cintas de ciencia ficción como puede ser Jurassic Park a la que hace un homenaje / copia con una de las escenas más míticas de esta película algo que no aporta nada y cuyos efectos digitales dejan bastante que desear.

‘Maspalomas’: nunca es demasiado tarde

4 Butacas de 5

¿Qué hacer cuando no puedes ser tú? ¿Dónde refugiarse? ¿De quién arroparse? La soledad no suele ser buena compañera, pero, aun así, toca la puerta. A veces la invitamos, otras alguien la deja entrar sin nuestro permiso, al final, acaba invadiendo nuestro espacio. Maspalomas es un retrato de la represión, la que se lleva a cabo de manera interna y externa. Esta es una película sobre un escondite, un armario gigante al que solo una voluntad de hierro es capaz de abrir sus puertas.

Tras romper con su pareja, Vicente (José Ramón Soroiz), de 76 años, lleva la vida que le gusta en Maspalomas: su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta. En este nuevo entorno, Vicente deberá preguntarse si aún está a tiempo de reconciliarse con los demás… y consigo mismo.

Maspalomas enarbola un retrato brillante de un hombre solitario. Con una mirada curiosa, entristecida y, por momentos, inocente, José Ramón Soroiz da vida a un personaje que lucha por recuperar una vida perdida. Esta es una película que, partiendo de una homosexualidad reprimida, habla sobre la soledad, la búsqueda del placer de cuerpos envejecidos y el poder de sanar heridas.

El viaje emocional de Maspalomas es transformador. Cuando ya creía que lo tenía todo solucionado, Vicente se ve abocado a regresar al pasado, allí deberá enfrentarse a una faceta de él que creía superada. A partir de una naturalidad exuberante, Jose Mari Goneaga y Aitor Arregi, muestran una realidad a la que todavía le apartamos la mirada. ¿Tienen derecho los cuerpos envejecidos a disfrutar? Maspalomas es un recordatorio de la deshumanización que sufren las personas mayores. Una represión del placer, un encarcelamiento, un progresivo olvido.

Maspalomas habla de encierros impuestos y voluntarios. Desiertos áridos por explorar. Paraísos ocultos. Toda una vida en la sombra y aun así, nunca es demasiado tarde.