‘La tarta del Presidente’: La celebración de un régimen

3’5 Butacas de 5

Irak, años noventa. En un maltrecho colegio, los alumnos saben que hoy es el día del sorteo. De una manera u otra, intentan escabullirse para no ser el elegido. ¿En qué consiste? Aquel que el maestro seleccione tendrá el «honor» de preparar la tarta conmemorativa del cumpleaños del presidente. En esa época, el presidente es Saddam Hussein.

Lo que en otro lugar podría parecer una tarea trivial, en un país marcado por la escasez y por complejos problemas políticos y sociales, se convierte en una cuestión de vida o muerte. Preparar el pastel puede ser considerado un acto antipatriótico si no se ejecuta con la reverencia esperada, lo que podría llevar al maestro a denunciar a la familia del alumno, con consecuencias tan extremas como la pena de muerte.

Se trata de una excusa argumental muy potente que nos muestra el régimen de Hussein desde una perspectiva micro, pero con implicaciones profundas. Tiende a hacer reflexionar al espectador al comparar una sociedad confortable como la nuestra con la iraquí, donde dos niños literalmente se las ingenian para conseguir los ingredientes necesarios para preparar la tarta que celebrará el cumpleaños del dictador.

Con solo tres personajes —Lamia, Hindi y la abuela Bibi— “La tarta del presidente” mapea todas las contradicciones y miserias de un país en conflicto armado. Saddam siempre está presente, casi como si amenazara cada rincón de manera literal y metafórica.

De forma elegante, se nos presenta una ciudad en colapso y la ironía dramática del adoctrinamiento, casi divinizado, de Saddam Hussein.

En general, la película aprovecha sus virtudes, pero se le va la mano con la intensidad, sobrecargando cada escena y perdiendo la oportunidad de aplicar el principio de “menos es más”. Todo sucede demasiado seguido; la miseria y el drama se acumulan. Hasta cierto punto es creíble, pero resulta excesivo para tratarse de solo unos días en la vida de la protagonista.

A pesar de ello, hablamos de una ópera prima, así que no se le puede pedir más a Hasan Hadi, quien realmente resuelve la película con talento —premio en Cannes incluido.

‘El Refugio Atómico’: el eterno dilema del cliché

2 Butacas de 5

La ficción es una balanza que se mueve constantemente entre el cliché y lo novedoso. Un equilibrio que bien ejecutado y narrado llega a convertirse en un visionado agradable para el espectador, siendo capaz además de provocar un gran rato de entretenimiento. Por otro lado, si el ejercicio del desarrollo no se hace correctamente puede provocar un mal endémico que acaba por extenderse a todo el producto haciendo que el espectador desespere de aburrimiento.

Tras el éxito de ‘La Casa de Papel‘, Netflix sigue apostando por diferentes ficciones en busca de esa arca perdida que le permita de nuevo tener en su contenido un fenómeno entre los espectadores. ‘Sky Rojo’, ‘Berlín’, las sagas literarias de Javier Castillo…son varios los intentos que está llevando a cabo la plataforma por ofrecer al espectador una propuesta que provoque nuevamente un nuevo chispazo.

‘El Refugio Atómico’ de Álex Pina y Esther Martínez Lobato es la nueva intentona por crear un producto con una propuesta interesante y crítica pero que acaba desnivelando la balanza de la ficción en el cliché más desesperante.

Situada en una realidad distópica (aunque muy cercana a los acontecimientos que nos rodean) los ocho episodios de la primera temporada nos presentan una sociedad que vive en el miedo constante a que la Tercera Guerra Mundial termine estallando. Un grupo de multimillonarios se refugia en un búnker de lujo: Kimera Underground Park. Desde allí verán en pantallas, en un espectáculo lleno de perplejidad, cómo el mundo que conocían se va desplomando sobre sus cabezas.

A priori la serie posee una fuerza y temática sugerente pero el problema radica en que todo eso queda en papel mojado para narrarnos un culebrón en medio de un agujero de lujo en el que a pesar de los juegos de enigmas y las familias enfrentadas todo termina oliendo al mismo problema de siempre.

El patetismo de los millonarios, romances edulcorados con picardía y unos diálogos más cercanos a una telenovela que a un thriller hacen que ‘El Refugio Atómico’ termine estrellándose en una burbuja sin sentido, con personajes sin matices y un desencanto que terminará aburriendo hasta la mismísima bomba atómica.