‘Charlatán’: la naturaleza, el pánico del autoritarismo

Las películas biográficas me siguen fascinando. No por el mero motivo de narrar una vida desconocida para muchos, sino por la psicología que representan las capas de sus personajes. ‘Charlatán’, es el nuevo film biográfico que nos adentra en el corazón de la República Checa en el periodo de guerra y posguerra de la Segunda Guerra Mundial.

El film nos presenta la vida de Jan Mikolášek, un joven fascinado con las plantas y sus propiedades medicinales que hace de ellas su forma de vida hasta convertirse en uno de los mayores sanadores de su época. Un largometraje que ahonda en sus pensamientos, sus ansias de aprendizaje y algunos casos particulares de una vida en la que no tuvo reparos en atender a ricos, pobres, comunistas y nazis.

El largometraje nos presenta un rompecabezas por momentos lineal y en otras ocasiones muy cercano al drama de su protagonista, un personaje logró irritar a las autoridades políticas de la época teniendo que demostrar la validez de su ciencia durante el juicio al que fue sometido.

Con interpretaciones inteligentes, el peso de la calidad de la película recae en la figura de Josef Trojan, quien demuestra soltura y experiencia en un papel que permitirá al espectador situarse en la dualidad de la confianza o la propia desconfianza de unos métodos sanadores que todavía muchos siguen poniendo en práctica, siendo una de las principales fuentes de los negacionistas.

La película está rodada de forma elegante, siendo la luz y el brillo de sus escenas algunos de los puntos fuertes de un film que no tiene reparos tampoco en mostrar la dureza de una época que trastornaba la psique de su protagonista. Un guion pulcro, lineal y que, pese a no arriesgar en todo el metraje, sabe defender sus principales virtudes, pero termina cayendo en terreno seco sin permitir deslizar a otros ámbitos innovadores.

Un viaje a través de la juventud e inocencia cruzando el sendero de la madurez y caída de un personaje que se ganó el cariño de muchos y el odio de otros por la desconfianza a lo nuevo, a la adaptación de una sociedad autoritaria que miraba con recelo el nacimiento de nuevos hitos.

‘Jinetes de la Justicia’: el buen cine no es casualidad

4 Butacas de 5

Hay películas predestinadas a convertirse en ejemplos cinematográficos. Proyectos de los que se tiene una firme percepción pero que terminan convergiendo en una mezcla explosiva de entretenimiento y con matices en su guion que la convierten en sublime.

Jinetes de la Justicia’ es la nueva película de Anders Thomas Jensen, director que ha conseguido bordar con su film, un proyecto lleno de humor absurdo, acción y que desafía por completo a la casualidad. Quizás sea eso de la casualidad lo que a veces sucede en el cine, cuando uno se sienta a ver un largometraje y descubre un amplio abanico de sensaciones positivas que son un soplo de aire fresco en la cartelera.

El largometraje narra la historia de cuatro tipos que no tienen nada en común, únicamente se conocen a través de un trágico suceso procedente de la casualidad, esa que a veces deja retazos de mala suerte y que, tras el trabajo de dos colegas excéntricos, deciden embarcarse en una investigación violenta, llena de matices y con una virtud de temas en los que destacan el destino, la coincidencia o nuestro propio significado de la vida.

Estamos ante un film que sabe pulsar la tensión desde el primer minuto, haciendo que explotemos de risa en diferentes situaciones, nos llevemos las manos a la cabeza o simplemente dejarnos llevar por un viaje lleno de ritmo entre probabilidades y estadísticas. El guion es sin duda su principal baza, una película que debe ser mostrada en todas las escuelas de narrativa, traspasando los límites del buen gusto y sabiendo manejar los engranajes de la violencia del film.

Esta es la historia del militar Markus (Mads Mikkelsen), personaje que debe regresar a casa con su hija adolescente, Mathilde pero al que le notifican la trágica muerte de su esposa en un accidente de tren. Todo parece ser a causa de la mala suerte, pero Otto, experto en matemáticas y también pasajero de tren siniestrado, aparece con sus dos excéntricos colegas, Lennart y Emmenthaler para demostrar a la sociedad que que alguien está detrás de todo esto. A partir de ahí la película es un continuo puzle de piezas disparatadas, vertiginosas y que nos hacen disfrutar en cada una de sus escenas.

Una película realmente ingeniosa, que va de menos a más, haciendo que disfrutemos de toda la trama y lo que se va sucediendo en el film. Una demostración impecable de que lo realmente increíble puede tener todo el sentido del mundo.