‘Superman’: el último hijo de Krypton abre las puertas al nuevo universo superheroico

DC posee un universo de superhéroes con una historia aún más extensa que la de Marvel. Sin embargo, como estudio, no ha logrado encontrar consistencia en su ecosistema cinematográfico, cimentado en Batman, Superman y Wonder Woman. Este fracaso para dar con la fórmula del éxito llevó a la contratación de Peter Safran y James Gunn, encargados de poner orden en el caos del Universo DC y reiniciar todas las franquicias. La primera piedra de toque fue la interesante Creature Commandos, y ahora llega a la gran pantalla Superman.

En este nuevo comienzo, el propio CEO de DC se coloca tras la cámara como director, decidido a ir al grano e introducir al espectador en un universo lleno de personajes y situaciones in media res. Este enfoque puede complicar la experiencia para algunos espectadores, aunque también puede estimular la curiosidad de otros. El estilo de la cinta difiere radicalmente de lo visto hasta ahora con el Hombre de Acero. Se nos presenta un mundo de ciencia ficción donde el día a día en Metrópolis incluye avistamientos de kaijus gigantes, robots que surcan los cielos, extraterrestres y vigilantes como Superman. Así, se aleja del tono y estética de las películas de Nolan y Snyder.

La puesta en escena, el género y el tono adoptan códigos más camp, con claras referencias a la Silver Age del cómic y una banda sonora que homenajea la música de John Williams, combinada con bandas de punk rock. Kal-El se enfunda una vez más el traje para enfrentarse a Lex Luthor, su némesis perfecta, construyendo paralelismos interesantes entre ambos personajes.

El guion, aunque no alcanza la excelencia, contiene líneas de diálogo potentes y referencias a temas como la Franja de Gaza, Trump o el ruido mediático de las redes sociales. David Corenswet ha nacido para interpretar este papel en una versión de Superman más joven que la de Henry Cavill, con una clara intención de conectar con los demás y explorar su humanidad. Tal vez el punto más valiente del filme sea su apuesta por mostrar la bondad pura del boy scout que representa Superman, en tiempos cada vez más cínicos como los actuales.

Con esta primera película, Gunn pone los cimientos para reconstruir un universo que parecía en declive, posicionando a los personajes de DC en el mapa pop contemporáneo.

‘Elio’: Pixar con el piloto automático

3 Butacas de 5

Pixar tiene un problema: su legado. Y es que la famosa compañía de la lamparita lleva 30 años manteniendo un nivel de calidad y excelencia elevadísimo, siendo una de las pocas productoras en la actualidad que es capaz de reventar la taquilla con historias profundamente originales. Ahí tenemos obras maestras de la cultura popular como son “Ratatouille”, “Inside Out” o “Coco”, por poner algunos ejemplos. Esto hace que cada proyección de Pixar se vea con un nivel de exigencia máximo. Algo que casi siempre cumple, pero en el caso de Elio, se queda a medio camino. 

 

Y es que Elio, parte de una muy buena premisa: un niño que, al quedarse huérfano, siente una fuerte pulsión por contactar con extraterrestres. Sí, es una de esas premisas que parece que Pixar va a desarrollar de manera ingeniosa y sorprendente. Uno de esos personajes emocionantes que nos va a llevar a conocer personajes carismáticos y enseñanzas profundas. Pero se queda solo en el intento. Y es cierto que hay ideas muy buenas como el diseño del antagonista y su “simbólica” armadura. También está muy bien construida la relación de amistad de Elio con su “extraño” amigo y hay que admitir que el film tiene un diseño de producción bastante original, donde abraza la fantasía y la ciencia ficción al 100%.



Sin embargo, los personajes, que tenían bastante potencial, resultan planos y sin carisma, algo que Pixar siempre supo hacer muy bien y que aquí se echa mucho de menos. Están y hacen avanzar la trama, pero después de la proyección no recordarás a ninguno especialmente. Algo que sí hacemos con personajes icónicos como “Dori”, “Buzz Lightyear” o “Wall-E”. Y eso, siendo Pixar, escuece un poco.  

El guion transcurre a veces de forma algo ortopédica, sin saber muy bien hacia donde va y con tramas secundarias y conflictos que no llevan a ningún lado realmente. Y eso es sorprendente en Pixar. No es que estén mal, porque la trama avanza y te entretienes, pero la sensación es de que Pixar lo ha escrito con el piloto automático y sin apenas inspiración. No hay ningún momento en el que digas “woooww que idea”, y eso era algo que Pixar siempre tenía en sus guiones. Y es preocupante que hayan perdido eso. 

Lo que sí sabe hacer Pixar muy bien es tocarte el corazoncito, y en la parte final de la película lo logra. Se nota la manipulación, pero el resultado funciona, haciendo referencias a películas de nuestra infancia como “ET”, “Encuentros en la tercera fase” o “Cosmos” de Carl Sagan. Si has crecido en los 80 es muy probable que la película te toque especialmente en su parte final. Pero ya está. Al final se queda en una entrenida y emotiva película de animación, con un guion original  (lo cual en estos momentos es casi un milagro), pero que no llega, ni por asomo, a las grandes películas de la compañía. Así que le pongo tres estrellas. Es una buena película de animación, pero olvidable, y eso para Pixar es casi un pecado.