‘La última ronda en Venecia’: Una comedia italiana a la altura de los clásicos

4 Butacas de 5

Hay películas en las que realmente no pasa gran cosa y, aun así, consiguen decir mucho, ese es el caso de La última ronda en Venecia, la nueva película del director italiano Francesco Sossai, una road movie tan melancólica como divertida que habla sobre la amistad, el paso del tiempo y esa pregunta que todos nos hacemos alguna vez, ¿cómo sabes que una noche cualquiera va a ser la última?

La historia sigue a Carlo Bianchi y Doriano, dos amigos en sus cincuentas altos, que recorren la región del Véneto saltando de un bar a otro en busca de esa “última copa”. En el camino se cruzan con Giulio, un joven estudiante de arquitectura interpretado por Filippo Scotti, que termina uniéndose a esta extraña aventura nocturna. A partir de ahí, la película se convierte en una conversación constante entre generaciones, donde cada uno entiende la vida de una forma completamente distinta.

Y es que “La última ronda en Venecia” habla de todos esos planes que nunca llegaron a hacerse, de los amigos con los que la vida te termina separando, de las historias que salieron bien y de las que acabaron siendo un desastre. También habla de esa sensación de mirar atrás y preguntarte en qué momento pasó todo tan rápido. Nunca cae en el drama fácil, observa a estos personajes mientras siguen adelante, aunque muchas veces ni ellos mismos sepan muy bien hacia dónde van.

El título original, Le città di pianura (Las ciudades de la llanura), creo que incluso define mejor el espíritu de la película, más que enseñarnos la Italia turística de las postales, Sossai retrata un Véneto mucho más gris, industrial y silencioso. Carreteras secundarias, bares perdidos, gasolineras, polígonos y pueblos donde parece que el tiempo se quedó parado hace años.

Visualmente también tiene mucha personalidad, está rodada en 35 mm, y eso se nota en la textura de la imagen. Hay momentos en los que incluso me recordó al cine de Paolo Sorrentino, no porque intente copiar su estilo, sino por esa forma de encontrar belleza en personajes perdidos.

Sí es verdad que el ritmo puede echar para atrás a más de uno. Es una película lenta y consciente de ello. No tiene prisa por llegar a ningún sitio porque, en realidad, el viaje es la película. Hay escenas en las que aparentemente no ocurre nada, pero precisamente ahí está parte de su encanto, quiere acompañar a estos personajes durante una noche que, quizá, sea mucho más importante de lo que parece.

“La última ronda en Venecia” no habla realmente de alcohol ni de salir de bar en bar. Habla del tiempo, de los amigos que permanecen, de los que se quedaron por el camino y de esa última conversación que nunca sabes cuándo llegará. Es una película pequeña, muy italiana, y con una melancolía que, lejos de entristecer, termina siendo reconfortante.

‘Spider-Man: Brand New Day’: la crisis de los treinta

4 Butacas de 5

Hacía tiempo que no veíamos a Peter Parker habitar una buhardilla mediocre ni a Spider-Man balancearse por Nueva York sobrecargado de trabajo. Esta nueva entrega del arácnido nos devuelve la esencia de un héroe cuyo conflicto principal siempre fue la de lidiar con un gran poder que lo obliga a asumir grandes responsabilidades que, a su vez, le impiden disfrutar de la vida que le gustaría.

Han pasado cuatro años desde los acontecimientos de No Way Home, y Peter Parker ahora es un adulto que vive completamente solo fruto de haber desaparecido voluntariamente de las vidas y recuerdos de quienes ama. A medida que aumentan las exigencias sobre él, la presión desencadena una evolución física que amenaza su existencia, al mismo tiempo que un extraño nuevo patrón de crímenes da lugar a una de las amenazas más poderosas a las que se ha enfrentado.

Spider-Man: Brand New Day es un soplo de aire fresco para una franquicia que agotó su última bala con una tercera parte a modo de punto de inflexión para un héroe que acusaba una problemática dependencia de la tecnología de Toni Stark. En esta nueva entrega, Peter Parker debe lidiar con sus habituales problemas personales al mismo tiempo que se dedica en cuerpo y alma a patrullar las calles de una Nueva York que no da respiro. La cinta plantea un jugoso conflicto central que recorre a todos y cada uno de los personajes: ¿qué sucede cuándo dos partes de una misma persona entran en conflicto? ¿Qué pasaría si Spider-Man se impusiese a Peter Parker?

Pues bien, con un estilo desenfadado y, por momentos, desatado, Destin Cretton balancea la cámara con agilidad para volver a disfrutar de las peripecias de nuestro héroe favorito mientras sufre una de sus mayores crisis existenciales. El conjunto de personajes que componen la cinta estánnotables, a destacar por encima del resto a John Bernthal (Punisher) que ejecuta uno de los mejores contrapuntos de Spider-Man. La química que desprenden ambos intérpretes traspasa la pantalla provocando continuamente la sonrisa del espectador.

Alejado de la acción espectacular, Spider-Man: Brand New Day cede gran parte de su metraje al conflicto interno que atraviesa Peter consigo mismo y con sus inseparables MJ y Ned cuyos personajes han experimentado una madurez en consonancia con el tiempo transcurrido, entregándonos algunas de las escenas más emotivas de la franquicia.

Spider-Man: Brand New Day es un disfrute. Pese a las continuas injerencias de Marvel a la hora de situarlo en un universo concreto, la cinta bebe indudablemente de sus predecesoras The Amazing Spider-Man (Marc Webb, 2012) y Spider-Man (Sam Raimi, 2002) así como de la indudable tradición comiquera que arrastra desde sus orígenes. Una cinta muy entretenida que devuelve al héroe arácnido a su terreno, los rascacielos de Nueva York.