‘Moon, mi amigo panda’: Yo también quiero tener un amigo panda

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El director Gilles de Maistre regresa con una nueva película familiar tras el éxito de ‘Mia y el león blanco’ esta vez con un panda bebé como protagonista y con China como escenario.

Tian (Noé Liu Martane) es un adolescente de doce años que vive con su padres Emma (Alexandra Lamy), Fu (Ye Liu) y su hermana Liya (Nina Liu Martane) en China. Su padre es un señor autoritario absorvido por el trabajo que se enfada tremendamente cuando descubre sus malas notas en clase. Su madre es más comprensiva y cree que su hijo necesita tiempo para ir mejorando en los estudios.

Debido a esto es enviado con su abuela Nai Nai (Sylvia Chang) que vive en una casa grande en medio de la naturaleza al lado de unas montañas espectaculares. Un día, su abuela lo envía a buscar leña al bosque y se encuentra con un panda bebé del que se hará amigo en secreto y al que llamará Moon. Esto dará comienzo a una aventura que cambiará a Tian y a su familia para siempre.

La película nos ofrece una historia de amistad entre un adolescente y un animal que respira ternura por los poros. El panda lo único que hace es comer bambú o zanahorias, jugar con Tian, subirse a los árboles o hacer largas caminatas. Inevitablemente Tian se encariña del panda y decide investigar sobre estos graciosos y tiernos animales en secreto hasta convertirse en casi un experto.

Mientras tanto, su padre le exige que saque buenas notas, En cambio, su hermana está triste porque, aunque le encanta la danza tradicional china no se encuentra a gusto y eso le está afectando mucho. Solo la abuela Nai Nai sabrá qué hacer para ayudar a sus nietos acompañándolos en la aventura que plantea la película.

La película es un ‘coming of age’ en la que el panda ayudará a Tian a madurar, así como también a solucionar algunos problemas por los que pasa la familia del protagonista.

Los paisajes espectaculares, aunque con algún truco digital, la casa de la abuela y el bebé panda y sus interacciones con Tian son lo mejor de una película bastante entretenida que gustará a los más pequeños de la casa.

‘Mi vida a lo grande’: Una película de visionado prácticamente obligado para los más jóvenes de la casa

4 Butacas de 5

Que tengamos protagonistas adolescentes donde su conflicto principal sea un trastorno psicológico (como ocurre en esta película de animación) es algo que hace unas décadas era prácticamente imposible de ver. Una señal de que los tiempos (y las temáticas) en el cine juvenil están cambiando. Y para bien.

En este caso, Mi vida a lo Grande nos presenta a Ben, un chico de 12 años que tiene un trastorno alimentario que le ha generado un sobrepeso poco saludable. Esto, a su vez, hace que sus compañeros de clase (y algunos profesores) se burlen de él, lo que provoca que su autoestima merme cada vez más.

Con esta premisa tan interesante, la película no tiene ningún miedo en profundizar en el conflicto psicológico y lo trata de manera bastante realista para ser una película juvenil. Esto hace que todas las personas que en algún momento hayan sufrido algún trastorno de este tipo se sientan muy identificadas con lo que ocurre (yo lo hice), ya que nos narra muy bien y de forma muy precisa el proceso de cómo Ben llega hasta ese punto. En este aspecto, se nota que los guionistas se han informado bien sobre el trastorno o lo conocen de cerca, lo que es de agradecer en este tipo de temas tan sensibles.

Durante el viaje de Ben se tratan temas como la amistad, el enamoramiento, la motivación, la depresión, la ansiedad por comer, el rechazo, la influencia parental, la presión social o el poder de la música para canalizar emociones. Es un filme con una vocación claramente educativa, con el fin de visibilizar un grave trastorno (la obesidad infantil) que afecta a millones de jóvenes del primer mundo. Esto, para mí, la convierte en una película de visionado prácticamente obligado para los más jóvenes de la casa.

Audiovisualmente, la película usa la técnica de animación por stop-motion, con movimientos no muy fluidos, pero sí muy expresivos y un diseño artesanal que le da un toque “casero” que encaja muy bien con la obra. En un momento concreto, hace un uso del freeze time o “tiempo congelado” que me ha resultado muy original y muy coherente con la historia, ya que transmite perfectamente y sin palabras la emoción del protagonista en ese momento. También quiero destacar el uso de la animación 2D para narrar los sueños e imaginaciones del personaje, algo que visualmente funciona a las mil maravillas.

Lo que hace que no le ponga más nota es un uso de canciones excesivo y un final algo precipitado. A ver, tiene sentido que en una película de adolescentes haya canciones cantadas, pero es el único recurso musical y termina agotando. Menos canciones y un poco de banda sonora original habrían mejorado mucho el resultado. Y, por otro lado, el final es un poco abrupto. La película se recrea mucho (y muy bien) en cómo Ben llega a su punto más bajo, pero luego lo resuelve todo muy rápido y de manera algo confusa, lo que es una pena, ya que si hubiera profundizado en esa parte como profundizó en la primera, habría salido una auténtica obra de referencia para el trastorno alimentario.

De todas formas, el resultado es una gran película de animación, entretenida, muy bien realizada, con buenas ideas audiovisuales y un mensaje educativo sobre los trastornos de alimentación muy importante en la actualidad. Ojalá más pelis así.