‘Omaha’: El viaje de no retorno

3 Butacas de 5

Omaha se presentó en el Festival de Sundance de 2025 y, lo cierto es que, desconocía por completo el proyecto hasta ahora, que se estrena en nuestras pantallas esta misma semana. Dirigida por Cole Webley, que firma su ópera prima como director, la película cuenta como protagonista con John Magaro, un actor al que hemos visto en incontables ocasiones como secundario (hacía de marido de la protagonista en Vidas pasadas) y en pocas como protagonista (First Cow, sin ir más lejos), pero que siempre ha demostrado ser un intérprete más que estupendo. Ahora, en Omaha, asume el protagonismo absoluto junto a dos niños en esta road movie de marcado carácter independiente.

Tras una tragedia familiar, los hermanos Ella y Charlie son despertados inesperadamente por su padre y emprenden un viaje por carretera a través del país. A medida que avanza su aventura, Ella comienza a comprender que las cosas pueden no ser lo que parecen.

Omaha es una road movie en toda la extensión de la palabra, y lo cierto es que es un género que me encanta. Sin embargo, veo algunos problemas que le pasan factura. Durante la mayor parte del relato, pese a los pocos destellos de información que vamos descubriendo, apenas sucede nada. Es un viaje que adquiere su verdadero sentido en sus últimos veinte minutos y que, una vez finalizado, cobra una gran relevancia. Sin embargo, mientras el espectador la está viendo, tiene la sensación de que el relato permanece siempre en el mismo punto.

Por ello, el filme se siente en parte monótono, porque no hay mucho más que contar respecto al viaje, salvo el subtexto que hay detrás y que desconocemos hasta sus minutos finales. Esto hizo que, en mi caso, el relato resultara algo plano y aburrido. En ese aspecto, la puesta en escena apuesta por un enfoque contemplativo, mostrando imágenes e imágenes del viaje, con muy poco diálogo realmente trascendente, lo que provoca que el espectador, pese a la simpatía de los dos pequeños actores, vaya perdiendo poco a poco el interés por lo que está aconteciendo.

Ahora bien, en los minutos finales el filme te da una bofetada bastante severa, y aquí es donde me ha parecido un poco tramposo. No puedes pretender que el espectador sea testigo de un viaje cuyos motivos desconocemos durante más de una hora para concluirlo con un rótulo que explica cuál ha sido la verdadera razón de ser de la película. Es entonces cuando uno comprende el trasfondo social que posee, pero este llega precisamente a través de esos rótulos. Todo cobra sentido, sí, pero también deja la sensación de que la película no ha querido contar mucho más que la relación de un padre con sus hijos y el propio viaje.

Eso sí, hay que mencionar que las interpretaciones de su trío protagonista (y un perro) son maravillosas. John Magaro está magnífico, con una interpretación contenida que explota en sus momentos finales con una credibilidad pasmosa. Pero los dos pequeños están fantásticos, en especial una conmovedora Molly Belle Wright, que a una edad tan temprana demuestra una veracidad que ya quisieran muchos intérpretes de hoy en día. También cabe destacar la naturalidad de Wyatt Solis, igualmente maravilloso en su papel. Se aprecia un gran cuidado en la dirección de actores, y la dinámica entre ellos resulta clara, natural y muy humana.

Porque, al fin y al cabo, Omaha es una película muy humana que, por desgracia, termina resultando algo plana y monótona al comprobar que no cuenta gran cosa hasta llegar a sus minutos finales, cuando asesta ese tortazo de realidad. Entiendo que el director haya querido mostrar sus intenciones de esa manera, pero lo hace a costa de sacrificar el ritmo y, sobre todo, el interés del relato, que decae pasada la media hora al comprobar que se trata únicamente de un viaje con un trasfondo que solo conocemos al final y sobre el que habría sido interesante profundizar mucho más. Por desgracia, no lo hace. Al menos, deja tres interpretaciones maravillosas y, una vez terminada, expone una realidad devastadora que, desde luego, da pie al debate.

‘Ni contigo ni sin mi’: Una serie de catastróficas desdichas

2’5 Butacas de 5

Gorka Otxoa lleva toda su carrera vinculada a la comedia. El éxito de Vaya Semanita lo catapultó a la primera línea de la interpretación, de la mano, entre otros, de Borja Cobeaga y de títulos tan emblemáticos —al menos para quien escribe— como Pagafantas. Desde entonces, ha protagonizado numerosas películas y series, consolidándose como uno de los rostros más reconocibles del género en el panorama audiovisual español. En la actualidad, Machos Alfa representa el mayor escaparate mediático de su trayectoria.

Con una imagen cercana, amable y un talento natural para hacer reír, Gorka ha construido una carrera sólida y admirada tanto por el público como por la profesión. Su capacidad para conectar con la audiencia y sostener el peso de una historia como protagonista lo convierten en el intérprete ideal para una propuesta como Ni contigo ni sin mí, un espectáculo que descansa precisamente en el carisma, el ritmo y la complicidad que él domina a la perfección.

La película de la actriz y debutante en la dirección María Ruiz presenta una comedia de enredo en la que Ernesto (Gorka Otxoa) decide celebrar su cumpleaños en su espectacular casa de la playa. Sin embargo, descubre que su futura exmujer mantiene una relación con su atractivo vecino. Para complicar aún más la situación, recibe los papeles del divorcio, lo que despierta en él una desesperada necesidad de recuperarla, ya que sigue locamente enamorado de ella.

¿Y qué se puede hacer por amor? Cualquier locura. Por ejemplo, organizar una fiesta e invitar a su exmujer y a su nueva pareja para presentarles a una ficticia nueva novia. A partir de ahí, los equívocos, las dobles intenciones y las borracheras se suceden a través de diálogos ágiles y vertiginosos. Lo que iba a ser una celebración breve termina convirtiéndose en una especie de encierro involuntario, casi a la manera de El ángel exterminador, articulando una estructura teatral que recuerda a la reciente película Polonia.

Como curiosidad, la película contiene numerosas referencias a la pandemia de la COVID-19, algo especialmente interesante si tenemos en cuenta que el cine, en líneas generales, ha tendido a ignorarla más que a incorporarla a sus relatos. Aquí funciona como detonante de muchos de los conflictos entre los cuatro personajes, ya que todo lo que ocurre en el presente viene condicionado por lo que hicieron —o dejaron de hacer— durante el confinamiento. Este recurso aporta cierta verosimilitud a la historia y ayuda a comprender mejor las motivaciones y contradicciones de los personajes.

En resumidas cuentas, se trata de una película bienintencionada, que no se hace larga y cuyas pretensiones son relativamente modestas. El guion resulta algo endeble, alternando momentos tibios con alguna carcajada aislada, sostenido por un reparto que cumple con solvencia. Quizá el encierro en un único espacio no favorece a una estructura dramática que aporta poco y que acaba derivando hacia una narración donde algunos personajes no terminan de desarrollarse del todo. Aun así, es una propuesta entretenida, con buenos paisajes y una ligereza que no exige demasiado al espectador. No es tan graciosa como debería, pero para estos días calurosos no viene mal contemplar el mar, aunque sea desde la pantalla grande.