‘Detective Conan: El ángel caído de la carretera’: Un Conan más veloz que nunca

3’5 Butacas de 5

Poder decir que tu universo cinematográfico lleva ya 29 películasy que sigue rindiendo en taquilla como desde el día 1, es algo de lo que el mangaka Gōshō Aoyama puede sentirse orgulloso, “Detective Conan: El ángel caído de la carretera” es la siguiente película de una franquicia que comenzó en 1997 y que sigue buscando nuevas formas de convertir un caso detectivesco en un espectáculo cinematográfico.

Como ya es habitual en la saga, la trama parte de un misterio a resolver, aquí Conan y compañía, en un festival se cruzan con una moto negra que parece estar fuera de control. El misterio se amplía cuando aparece una nueva moto policial equipada con tecnología avanzada. A partir de ahí, investigación, tecnología y los recuerdos comienzan a entrelazarse.

Conan ya no funciona aquí como una película de misterio tradicional, el caso sigue siendo el motor narrativo, pero la acción termina ocupando el foco, las persecuciones, los saltos, los choques y las secuencias sobre la carretera convierten todo en un cruce entre Detective Conan y una película de acción automovilística.

El resultado puede ser efectivo dentro de la lógica de la franquicia, pero también evidencia una fórmula que empieza a repetirse, el mecanismo es el mismo, investigación, múltiples personajes conectados con el caso, revelaciones, persecución y un clímax donde las leyes de la física dejan de tener demasiada importancia.

Donde sí consigue diferenciarse es en Chihaya Hagiwara, su incorporación como coprotagonista permite ampliar el universo policial de Conan y recuperar una parte del pasado de su personaje a través de Kenji y Matsuda. La interpretación de Miyuki Sawashiro, que asume el papel de Chihaya, adquiere además un peso particular tras la muerte de Atsuko Tanaka, quien había interpretado originalmente al personaje.

Takahiro Hasui, quien dirige por primera vez en la saga, entiende que las motos no son un simple accesorio, sino parte de su lenguaje visual. La persecución se convierte en espacio narrativo y el movimiento permite construir secuencias donde la velocidad sustituye al suspense tradicional.

El ángel caído de la carreterano intenta recuperar el Conan más detectivesco, sino asumir que su cine se ha convertido en un híbrido de misterio, drama policial y blockbuster de acción. La apuesta funciona por momentos, sobre todo cuando Chihaya entra en escena y la historia conecta el presente con su pasado, pero también deja al descubierto las limitaciones de una fórmula que necesita aumentar la escala para seguir sorprendiendo.

‘Bad Apples’: Un cruento relato con vocación a enseñarnos

4’5 Butacas de 5

No hay nada más satisfactorio que una grata sorpresa. En estos tiempos en los que nos destripan todo antes del estreno, entre influencers, críticas en festivales y comentarios en Letterboxd, es complicado llegar a una película sin saber demasiado de lo que vas a ver. En mi caso, tenía un cierto runrún de que era una buena película, pero nada más. Ni género, ni temática, ni nada, salvo que salía Saoirse Ronan, que no es poco para mí, considerándola la mejor actriz de su generación.

Bad Apples” parte de una premisa muy sencilla llevada a sus máximas consecuencias, donde la sucesión de acontecimientos va in crescendo hasta los títulos de crédito. Un giro sobre otro, cada vez más retorcido y maquiavélico, que convierte la cinta en una sátira brutal en la que puedes llegar a sentirte mal por las cosas de las que te estás riendo y, aun así, no deja de ser súper inteligente, porque nos hace reflexionar sobre la educación en este siglo, retratando a padres, alumnos y profesores.

Maria (Saoirse Ronan) and Pauline (Nia Brown) in Bad Apples.

Jonatan Etzler nos presenta a María como una mujer que está perdiendo la vocación por la enseñanza, perdida en el amor y dejándose llevar por la desidia, centrando el foco en un alumno problemático del que hace referencia el título de la película. Dar clase a niños de diez años no es fácil, pero el caos que provoca su antagonista llega a tales niveles que tira a una compañera por las escaleras, boicotea a sus compañeros de clase y hace lo que quiere. María intenta atajar el problema, pero el padre ausente ni siquiera le presta atención. Sin embargo, tras un encuentro desafortunado, con ataque de ira incluido, María decide encerrarlo en su sótano hasta que se calme.

Todo este cúmulo de malas decisiones hará que nuestra protagonista sufra todo tipo de calamidades mientras, durante el encierro, empieza a darle clases particulares a su manzana podrida, mientras paralelamente su clase mejora y su vida también.

La verdad es que, dependiendo de la tolerancia del espectador a la temática, valorará si es creíble o si Etzler se está pasando tres pueblos con la verosimilitud. Sin embargo, el guion es tan retorcido que funciona de manera superlativa con lo que se expone en pantalla.

Saoirse Ronan tiene la película sobre sus hombros, siendo la que vertebra la acción en la mayoría de las escenas. Lo natural y realista que parece en cada momento hace que podamos ver, sin ningún tipo de diálogo, por los diferentes momentos por los que pasa María, y son muchos. Siempre está perfecta, tanto en los momentos más dramáticos como en los cómicos y los patéticos.

Bad Apples” te deja un mensaje claro con la metáfora de las manzanas que, quizá, si no fuera por el prólogo, sería una manera un poco reduccionista de resumir el tema. Pero eso no empaña la gran película que es, siendo para mí de lo mejor de esta temporada, tanto por la sorpresa como por la buena historia que resulta ser. Todo gracias a un grandísimo guion y a una narrativa que sabe centrar el tiro.