‘Lady Nazca’: La verdadera historia de las Líneas de Nazca

3’5 Butacas de 5

«Lady Nazca» no es realmente una película sobre las famosas Líneas de Nazca, Damien Dorsaz decide centrarse en contar la historia de María Reiche, la mujer que dedicó prácticamente toda su vida a proteger, estudiar y dar a conocer uno de los mayores tesoros arqueológicos de Perú. Deja un poco de lado el misterio de quién creó las líneas para centrarse en la persona que luchó para que el mundo las conociera.

Sí explica algunas teorías y recuerda cómo durante muchos años hubo quien pensó que habían sido hechas por extraterrestres, pero también muestra la explicación que hoy tiene más peso, fueron creadas por la civilización nazca y que funcionaban como un enorme calendario astronómico, mucho más complejo de lo que parece cuando solo ves sus figuras desde el aire.

Habla de cómo una persona puede encontrar el propósito de su vida casi por casualidad, María, que interpreta Devrim Lingnau y que se apropia del personaje, pasa de ser una profesora en Lima, atrapada en una rutina que ya no le dice nada y sintiéndose sola incluso teniendo pareja, a descubrir en medio del desierto aquello que realmente le da sentido a su vida.

Visualmente es de esas películas que se disfrutan más en una pantalla grande. Aprovecha constantemente la inmensidad del desierto, los tonos ocres, naranjas y dorados, y convierte las propias Líneas de Nazca en un personaje más. Hay planos que se toman su tiempo para contemplar el paisaje y, lejos de hacerse pesados, ayudan a entender por qué María terminó obsesionándose con aquel lugar.

Otro detalle es la mezcla de idiomas, se escuchan lenguas nativas peruanas, pero también alemán, francés e inglés, reflejando cómo la historia de María Reiche terminó siendo también un encuentro entre distintas culturas.

Eso sí, el ritmo es pausado pero que juega a su favor. No intenta convertir la historia en una aventura constante ni en un thriller arqueológico. Va poco a poco, dejando que conozcamos tanto a María como el lugar que terminó marcando su vida. Es específica y seguramente conectará más con quienes disfrutan de este tipo de biografías tranquilas que con quien busque una historia llena de giros.

Donde cae un poco es al final, el conflicto principal se resuelve rápido y con facilidad. Ese desenlace podía haber tenido más peso emocional y justo cuando la historia alcanza su punto más importante, decide terminar antes de tiempo.

«Lady Nazca» funciona muy bien como homenaje a una mujer que cambió la forma en la que el mundo mira uno de los lugares más fascinantes del planeta. Puede que su ritmo pausado no sea para todo el mundo y que el desenlace se resuelva con demasiada rapidez, pero compensa con una fotografía espectacular, una banda sonora que acompaña muy bien el viaje y una protagonista cuya pasión termina siendo contagiosa. Te deja con ganas de investigar más sobre la historia real y sobre el enorme legado que María Reiche dejó en Perú.

‘Normal’: en este pueblo nunca pasa nada

2’5 Butacas de 5

Un pueblo en apariencia normal; unos habitantes que lidian con la decadencia mientras recuerdan con melancolía los buenos tiempos; un sheriff amable que lidia con problemas menores; todo parece predispuesto a que no pase nada hasta que… una amenaza latente urde sus hilos en las sombras. El punto de partida de Normal se asemeja al de muchas otras películas que se atrevieron a recorrer el mismo camino. En este caso es Ben Wheatley quien se pone al mando de esta nueva versión de: “En este pueblo nunca pasa nada, la película”.

Tras la prematura muerte del sheriff de Normal, un pequeño y tranquilo pueblo, Ulises (Bob Odenkirk) ocupa el puesto de sheriff en funciones. Todo marcha con relativa normalidad hasta que, una pareja de forasteros atraca el banco de la ciudad desvelando el secreto mejor guardado del pueblo. Todos sus habitantes están dispuestos a hacer lo que sea necesario para que ese secreto siga manteniendo su exclusiva condición. En medio de todo el entuerto, Ulises, que hasta ahora únicamente se había preocupado de huir de los demonios de su pasado, deberá tomar una decisión y luchar por sobrevivir entre tanto secreto.

Normal arranca como un capítulo perdido de la serie de televisión Fargo (Noah Hawley, 2014); un pequeño pueblo nevado compuesto por un puñado de personalidades a cada cual más peculiar en el que todos esconden secretos y nadie quiere que se altere su normalidad. Sin embargo, lo que podría haber sido un conato de comedia negra, se convierte, de repente, en un festival de acción sangriento. Ben Wheatley y Bob Odenkirk, quien firma también el guion, se las apañan para entregar al público una película entretenida, pero, en el fondo, vacía.

El grupo de personajes que componen este pueblo tan peculiar se quedan reducidos a caricaturas, meras anécdotas con extremidades dispuestas a ser acribilladas por nuestro inquebrantable y perturbado protagonista. Pese a su escasa preocupación por los personajes, Ben Wheatley se las arregla para componer escenas de acción que respetan las reglas clásicas y ofrecen un espectáculo digno de cualquier película de acción.

Normal no se atreve a explorar esas aristas que la hubiesen convertido en un plato más suculento, sin embargo, nada que reprochar a una película sin pretensiones que sabe sacar partido de lo poco que tiene.