‘VIVA’: Un buen trabajo por parte de todo el elenco

2’5 Butacas de 5

Hace unos meses tuve el placer de ver “Tres Adioses” de Isabel Coixet. Una profunda y emotiva película sobre una mujer que se enfrenta a la muerte y a la soledad después de ser diagnosticada de cáncer. Me encantó y le puse 4 estrellas de 5. Ahora salgo de ver “Viva”, de Aina Clotet (premiada en Cannes con el premio revelación de la Semana de la Crítica) y las comparaciones son inevitables, ya que la sinopsis es prácticamente la misma: una mujer recién operada de cáncer de mama que se enfrenta a la muerte y a la soledad haciendo un “carpe diem” salvaje que cambiará su vida para siempre.

Y es que este es un claro ejemplo de cómo una misma premisa se puede convertir en una profunda y madura reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida (“Tres Adioses”) o derivar en una historia caótica e infantil donde las tramas y los personajes van sin rumbo y el mensaje no termina de calar en ningún momento.

En “Viva”, el personaje de Nora está continuamente tomando decisiones estúpidas e irracionales (ya en la primera escena se niega a hacerse una biopsia que le puede salvar la vida) y la película nunca termina de explorar a fondo el porqué de esas decisiones, más allá del miedo a la muerte temprana. Esto hace que no solo no empatices con ella, sino que no la entiendas. Y creo que esto es importante porque, como espectador no tengo porque empatizar con la protagonista, pero al menos si entenderla. Y eso no me ha pasado. Quizás es por mi edad y por mi educación, pero para mí el personaje tiene tan poca inteligencia emocional y está tan poco justificado, que me he tirado toda la película esperando una explicación a esa inmadurez que nunca ha llegado.

Se nos presenta como una mujer madura, inteligente y exitosa (tanto laboral como personalmente) y luego actúa como una adolescente descerebrada y caótica. Y para mí, superar un cáncer de mamá en la situación en la que lo hace ella (que es prácticamente una situación idílica), no justifica las cosas que hace después por mucho que quiera cambiar su vida. Es de una inmadurez supina y da la sensación de que el personaje ni aprende nada ni se arrepiente de nada. Y encima el guion lo intenta mezclar todo con humor estereotipado, como si fuera una comedia romántica ligera cuando lo que estamos viendo es realmente serio (solo nos hemos reído una vez en el cine).


Y puedo entender que el mensaje de la película es que un hecho traumático como enfrentarte a la muerte temprana te puede hacer tomar decisiones radicales e inentendibles. Eso lo entiendo. Pero, así como en los “Tres adioses” la protagonista también toma decisiones drásticas, pero crece y madura haciendo una reflexión muy humana y profunda sobre el sentido de la vida, en “Viva” la protagonista se envuelve en un tour de decisiones absurdas e infantiles (y algunas extremadamente egoístas) que la película encima parece justificar por el simple miedo a la muerte. Es como si el significado de estar “viva” fuera tomar decisiones kamikazes e incomprensibles que te hacen daño a ti y a los demás. Y sí, todos sabemos que los humanos somos incoherentes y nos equivocamos en los momentos de pánico, pero no creo que sea algo de lo que estar orgullosos y menos aún justificarlo con la definición de que eso es “estar vivo” (esa escena final, por dios).

Siento ser tan directo pero la película me ha cabreado un poco y considero que el guion no está a la altura de una premisa con tanta potencia y un tema principal (el miedo a la muerte) que es tan universal y profundo. Además, se abren tramas como el viaje a San Francisco, el tema de las residencias, el medicamento que alarga la vida o el tema de la biopsia que se quedan vacías y sin explotar y que podían haber dado muchísimo juego. Es como si quisiera hablar de muchas cosas a la vez, pero sin profundizar en nada, tocando todo el rato la superficie, pero sin saber que quiere contar exactamente.  

A nivel técnico y creativo la película está correcta y funcional, nada que objetar, pero tampoco nada que destacar. Dónde sí que la peli está bastante bien es en las actuaciones donde se hace un buen trabajo por parte de todo el elenco y unos efectos de maquillaje muy conseguidos. Pero ya está. Ni de lejos se acerca a la creatividad y a la poesía visual de Coixet en “Tres Adioses”.

Por suerte la película no llega a aburrir ya que tiene un ritmo decente al ser bastante capitular y eso la salva, pero no puedo decir que haya conectado con “Viva”. Más bien todo lo contrario. Una pena.      

‘Dreams’: la mirada de un cineasta sutil y clarificador

3 Butacas de 5

El cineasta mexicano Michel Franco prosigue con su despiadada mirada de las injusticias de clase, y más ampliamente del capitalismo, en Dreams, presentada el año pasado en competición en el Festival de Berlín. En ella vuelve a contar además con la que esperamos que pueda convertirse en su actriz fetiche (dada la calidad del trabajo que bajo su dirección nos ofrece), Jessica Chastain, tras su colaboración anterior en Memory, drama más íntimo que social y ambientado íntegramente en Estados Unidos. Ahora estamos nuevamente ante un drama, sí, pero donde las diferencias económicas y de clase (aparte de raciales) son el principal eje narrativo, pues Chastain interpreta a una rica heredera y filántropa asentada en San Francisco, mientras que el otro personaje principal, interpretado por Isaac Hernández, es un joven bailarín mexicano que emigra ilegalmente a Estados Unidos para reunirse con ella en dicha ciudad. El matiz es que ambos son amantes, por lo que el interés, más que utilitario, es amoroso, aunque Franco acierta en unir ambas dimensiones, pues esa relación pasional, casi clandestina, es también una relación de poder, y el gran conflicto subyace cuando se pierde ese poder.

Lo cierto es que no estamos ante una película precisamente sutil, y se vuelve quizá algo redundante en su mensaje o interpretación, con una sucesión de secuencias, la mayoría ambientadas en cuidadas localizaciones de San Francisco, aunque algunas también en México D.F. caracterizadas por un mismo tono y ritmo, pausado, pero también muy marcado. A esta percepción contribuye la ausencia de música extradiegética, pues no hay banda sonora que alivie ni introduzca un ritmo distinto en el montaje, que une así, una tras otra, acciones sobrias, casi monótonas, pese a la intensidad subyacente en muchas de ellas. Es, en suma, un estilo peculiar, al que Franco es fiel, que funciona muy bien para crear tensión y uniformizar toda la puesta en escena, pero en el que se echan en falta más elementos disruptivos, acordes a la historia que se nos está contando. Esta, como adelantábamos, es la propia de un melodrama en un contexto hostil, pues la elegancia del decorado es solo una fachada bajo la que se ocultan tensiones y prohibiciones. En todo caso, la mayor elegancia la proporciona Chastain, que está verdaderamente magnífica (apoyada en un vestuario siempre cambiante y siempre refinado) en un papel adaptado a sus cualidades, y lo aprovecha. Ella podría ser el principal reclamo de la película, pero esta merece la pena igualmente en su conjunto, siguiendo esa mirada de un cineasta que tiene claro lo que quiere contar, aunque pueda resultar perturbador o incómodo, y ello es de alabar.