‘Iván y Hadoum’: Asfixia vital

3’5 Butacas de 5

Ian de la Rosa debuta en el largometraje con una historia de amores imposibles LGTBQ+ con personajes no clásicos para una historia que sí lo es.

Iván (Silver) trabaja en el almacén de un invernadero de Almería. Allí conoce a Hadoum (Herminia Loh) quien trabaja como envasadora. Resulta que se conocen del pueblo y estudiaron en el mismo instituto, pero no en la misma clase. Ella hace tiempo que se fue y hace poco que ha vuelto al pueblo, pero está bastante cambiado porque él antes era ella.

Iván sueña con que el dueño del invernadero le haga encargado del almacén y así poder comprar un piso para él y su familia ya que viven en una pequeña casa de pueblo.

Las tensiones laborales de los invernaderos, las relaciones familiares establecidas en el pueblo entre la familia de Iván, el dueño del invernadero y la familia de Hadoum así como con otros locales van haciendo acto de presencia en la trama de forma orgánica.

Mientras tanto, Iván y Hadoum se enamoran y se dejan llevar hasta que la situación es incontrolable y no agrada a casi nadie de sus entornos.

Y no solo es que no agrade, es que las circunstancias vitales asfixian a Iván quien depende de ese posible ascenso para mejorar la vida de su familia. O eso piensa él que se ha echado a su familia a la espalda y tiene una hermana que pretende que se sacrifique por el resto. Pero la madre de Iván es una mujer sabía qué hará entender a su hijo que tiene que vivir su vida sin pensar en lo que digan u opinen los demás.

En el caso de Hadoum huyó de su familia cuando no la dejaban ser libre y eso ha forjado el carácter y la determinación que tiene contra las injusticias al tiempo que se siente y se muestra como una mujer libre que no da explicaciones a nadie. Esto le hace tener problemas en el pueblo sobre todo en su trabajo.

La relación entre Iván y Hadoum está contada desde el respeto y desde la aceptación más absoluta. Los problemas comunes en muchos jóvenes quienes no se sienten aceptados por sus familias por su condición sexual, sufren racismo o explotación laboral en el entorno en el que viven y siempre se tienen que dejar la piel para sobrevivir en un trabajo hostil y precario.

El director de la película cuenta la historia con la cámara pegada a sus dos protagonistas lo que hace que se vaya notando la asfixia que los dos personajes sienten. El invernadero, la familia o el pueblo son lugares en los que ambos personajes se sienten ahogados por lo que representan para los demás o por lo que se espera de ellos.

Los paisajes secos del pueblo almeriense y la luz y el mar son elementos que utiliza el director para enmarcar la historia, así como los mares de plásticos que pueblan la zona en la que transcurre la historia lo que le da una singularidad particular al pueblo.

El final abierto de la historia da pie a que el espectador imagine qué decisión pueden haber tomado y elucubrar al respecto haciendo que encajen las varias opciones posibles encajen perfectamente con la historia.

‘Una pistola, una bala y un oso panda’: Comedia existencial sobre sueños imposibles

3’5 Butacas de 5

En pleno 2026 es raro encontrarte una película original, no porque no existan buenas películas, sino porque casi todo parece una variación de algo que ya vimos antes. Por eso sorprende encontrarse con “Una pistola, una bala y un oso panda”, una comedia española dirigida por Oriol Cardús que, apuesta por una idea completamente absurda pero que funciona mucho mejor de lo que debería.

La historia sigue a Saúl, interpretado por Alain Hernández, un director de cine frustrado que recibe un misterioso paquete. No sabe quién se lo ha enviado ni qué significa exactamente, pero a partir de ese momento se obsesiona con cumplir un objetivo que poco a poco lo va arrastrando a situaciones cada vez más surrealistas. Como si eso no fuera suficiente, un oso panda filosófico aparece en sus sueños para darle pistas y empujarlo a seguir adelante.

Lo mejor que tiene es que sabe exactamente qué quiere ser. No intenta convertirse en un drama, ni meter subtramas innecesarias para parecer más profunda de lo que es. Desde el principio deja claro el tipo de historia que quiere contar y va directa al grano, eso hace que el ritmo sea muy ágil durante buena parte del metraje.

La comedia entra bastante bien, no busca la risa constante cada treinta segundos, sino que juega más con las situaciones absurdas y con la personalidad de los personajes. Hay una secuencia relacionada con el robo a un banco que para mí es fácilmente lo mejor de toda la película. Ahí es donde el humor encuentra el equilibrio perfecto entre lo absurdo y la lógica de la historia. Además, es una comedia muy familiar, de esas que puede disfrutar prácticamente cualquiera sin necesidad de recurrir al humor subido de tono.

También funciona el componente de metaficción que atraviesa toda la película. Oriol Cardús aprovecha la historia para hablar de algo que conoce bien, lo complicado que es sacar adelante un proyecto audiovisual. Hay varios momentos donde se percibe una reflexión sobre las dificultades para conseguir financiación, apoyos o simplemente la oportunidad de contar historias propias.

En cuanto al reparto, Alain Hernández carga gran parte del peso de la película, se sabe que es un actor capaz de moverse entre registros muy distintos y aquí vuelve a demostrarlo. Consigue que un personaje que podría resultar irritante por momentos termine siendo bastante entrañable. Le acompañan José Troncoso y Teresa Ferrer, que forman el dúo más divertido de toda la película, cada vez que aparecen juntos elevan la energía de la escena y tienen una química muy natural.

No todo funciona igual de bien, hacia el último tramo la película pierde algo de fuerza y da la sensación de que está estirando un conflicto que ya había dicho prácticamente todo lo que tenía que decir. Durante varios minutos parece quedarse atascada antes de encontrar la forma de llegar al desenlace. Por suerte, la resolución llega relativamente rápido y evita que esa sensación termine pesando demasiado.

Al final, “Una pistola, una bala y un oso panda” es una de esas películas que ganan puntos simplemente por atreverse a hacer algo distinto. En una época donde muchas películas parecen hechas siguiendo una plantilla, encontrarse con una propuesta consciente de su propia locura se agradece.