'El Agente Secreto': una potente denuncia a la pérdida de la memoria histórica

'El Agente Secreto': una potente denuncia a la pérdida de la memoria histórica

Brasil genera olas internacionales por segundo año consecutivo con una película sobra la memoria histórica, pero qué bien habla de la cinematografía del país el que sean dos filmes tan distintos. Mientras que Aún estoy aquí recurría, más convencionalmente, a la solemnidad para articular su relato, El agente secreto se presenta como algo más lúdico, más impredecible, más propio. Pero no solo se sitúa en el mismo contexto de la dictadura brasilera, sino que el mensaje es similar, y la potencia con que logra hacer la denuncia a la pérdida de memoria es quizás aún más fuerte por estar más velado.

Es la historia de Armando, un hombre que llega a una casa de refugiados en Recife, donde de a poco vamos entendiendo quién es y de qué está escapando. Está lejos de ser un guerrillero o un activista político, y, a pesar de su título, la película guarda sus pocas balas para el final y recurre al thriller o al género policial con la misma frecuencia que al drama o incluso la comedia.

Lo que no debería sorprender a quienes estén familiarizados con el cine de Kleber Mendonça Filho, quien crea películas complejas y únicas sin soltar la fuerza con la que genera discursos. Aquí, la historia de Armando es tan importante como la de las docenas de personajes secundarios que introduce, todos creando un microcosmos, un retrato del ambiente general que se vivía en Brasil en la época. A través de ellos y sus interacciones, Mendonça Filho nos habla de dinámicas de poder, de corrupción, de lazos familiares, de clase, de raza, de fiesta, de injusticia, de familia y de olvidar. Separa el relato histórico de la denuncia pura, sino que lo complejiza al introducir un Brasil que también era vibrante, donde el carnaval seguía, para bien o para mal, y la gente podía encontrar refugio y humanidad a la vez que seguía insensibilizada por la violencia de la dictadura.

El agente secreto resulta mucho más que la suma de sus diversas partes, una apuesta estructuralmente arriesgada que sorprende y que premiará visionados subsiguientes. Una película donde las consignas no están subrayadas, que contiene una multitud de detalles calibrados para extraer sentido y que se erige como una pieza necesaria en la cinematografía latinoamericana contemporánea sobre la mirada a la dictadura y la necesidad de no olvidar, porque el tiempo pasa y todo parece construido para que lo hagamos.

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