3’5 Butacas de 5

A rebufo de su éxito en Cannes y de sus nominaciones en el lejano Hollywood, podemos asegurar que es una de las películas brasileñas más relevantes de los últimos tiempos, a pesar de que el año pasado también tuvimos Aún estoy aquí, de Walter Salles. Con “El Agente secreto” tenemos una película especial, diferente y que solo tiene sentido siendo brasileña. La estética, el color, el vestuario y los personajes se ven y suenan auténticos. Acompañada de un híbrido que subvierte varios géneros, favoreciendo su relato laberíntico, la obra de Kleber Mendonça Filho se convierte en una rara avis que ha conseguido colarse en el mainstream.

Siendo un filme muy artie, tiene un hilo conductor basado en un arquetipo de juego del gato y el ratón que mantiene el interés del espectador. Ambientada durante el régimen de los años setenta en el país carioca, nos presenta a Mauro, que huye de su pasado porque este puede matarlo. Desde el primer instante se nos muestra un mundo cercano al de los hermanos Coen y David Lynch, donde el surrealismo y la comedia se dan la mano en una trama de espías con carga social. Hay momentos para ponerse muy serio y elegante y otros en los que la cosa se vuelve gore y festiva. Casi cualquier cosa vale dentro del universo que ha creado Kleber Mendonça Filho y, aun así, todo parece sacado de un noticiario de sucesos.

Wagner Moura es un actorazo, y el espectador medio lo sabe gracias a Narcos, mientras que la cinefilia lo reconoce por Tropa de élite. En este caso se mantiene en su nivel, con la ventaja de trabajar en su lengua de origen, lo cual le beneficia muchísimo. Él está muy bien, pero es cierto que su personaje no tiene escenas en las que, dramáticamente, se desborde como intérprete. Siempre está donde tiene que estar y ayuda al realizador a contar su historia, lo cual tiene mucho mérito, pero no es un papel que destaque sobremanera debido a lo coral y elíptico del relato.
Sin embargo, el resto del elenco está muy bien escogido, siendo el reflejo perfecto de personas reales, más cercanas a un retrato documental que a una serie de actores poniéndose delante de la cámara. Es impresionante cómo la elección de rostros distintos a los que estamos acostumbrados en otras cinematografías acentúa el grado de realismo y verdad de una trama que se extiende en el tiempo, combinando excentricismo con un potente retrato de la memoria oscura de Brasil.

El montaje y la música también son sobresalientes, aunque su excesivo metraje se hace innecesario debido a algunas situaciones y personajes que podrían haberse borrado de un plumazo. Es cierto que se trata de una historia ramificada, pero no son necesarias casi tres horas para el relato que se está contando. Sobre todo, con esta mezcla de géneros tan ecléctica, el timing se resiente bastante y la película puede expulsar de la empatía al público menos versado.
“Agente secreto” se mantiene sólida a pesar de sus inconsistencias, demostrando que la excesiva ambición conlleva riesgos para según qué tipo de espectador, aunque la prensa más burguesa quizá lo aplauda. Se trata de un trabajo relevante, cargado de tensión, que merece la pena contemplar tanto si te absorbe como si te repele.

