‘Resident Evil’: La mejor película de Resident Evil hasta la fecha

4’5 Butacas de 5

Adaptaciones al cine del videojuego de Resident Evil hay muchas… Desde que Paul W. S. Anderson sorprendiera a propios y extraños con una de las adaptaciones más efectivas realizadas hasta ese momento de un videojuego —y, revisionada hace poco, no ha envejecido tan mal— allá por el año 2002, hemos tenido infinidad de productos sacados de la marca. De esta saga de películas hubo seis, algunas con mejor y peor fortuna (y cuatro de ellas dirigidas por el propio Anderson), además de otras películas de animación en las que se resumía el propio videojuego en sí (de las cuales no he podido visionar ninguna todavía). Ahora, Zach Cregger, director de la estupenda Barbarian y la excelente Weapons, debido al éxito de esta última, se ha atrevido a hacer una nueva aportación al universo de Resident Evil, cuyos fanáticos del videojuego, tras el primer tráiler, no veían del todo con buenos ojos. ¿El resultado? En opinión de un servidor, la mejor película de Resident Evil realizada hasta la fecha.

En una historia totalmente nueva, Resident Evil sigue a Bryan (Austin Abrams), un mensajero sanitario que, sin saberlo, se ve envuelto en una carrera por la supervivencia llena de acción y sin tregua a lo largo de una fatídica y terrorífica noche en la que todo se desmorona a su alrededor en medio del caos.

Zach Cregger ha conseguido en esta nueva entrega de la adaptación del videojuego aunar la esencia propia de Resident Evil con la personalidad del propio director, y el resultado funciona con un equilibrio maravilloso. La narración funciona como un videojuego en el que su protagonista debe ir superando niveles, a cada cual más difícil, pero dentro de una narrativa cinematográfica que funciona a las mil maravillas a la hora de manejar un ritmo perfecto que nunca cesa y que, cuando lo hace, despliega un sentido del humor negrísimo que le sienta de fábula al conjunto.

Porque enfocar el film en un protagonista como Bryan es todo un acierto. Un personaje completamente humano, lleno de imperfecciones y alejado de heroicidades, de los cuales su actor, Austin Abrams, está soberbio, aguantando todo el peso del film sobre sus hombros con un timing cómico perfecto que no hace más que humanizar el patetismo de su personaje. Por tanto, todo un acierto de casting y de enfoque que hace que el espectador empatice con un protagonista que podríamos ser nosotros mismos: un absoluto pringado al que casi todo le sale mal y al que le toca ser un «héroe» a la fuerza… ¿o no?

Y ese toque mordaz y de humor negro del que el film está repleto (y que se agradece cosa mala) contrasta con el terror, en el que posee, sin duda, los momentos más terroríficos que nos han traído a la pantalla en lo que a adaptaciones de este videojuego se refiere. Consigue crear una atmósfera inquietante, con otras completamente bizarras que funcionan a las mil maravillas y que destilan el aroma del propio juego, por lo que los fanáticos se verán recompensados en ese aspecto, pues captura la esencia del mismo con una efectividad enorme.

Todo ello apoyado en una puesta en escena magnífica, creando una serie de set pieces que, a medida que avanza el film, van volviéndose más bizarras y más locas, creando un crescendo maravilloso que funciona a la perfección (lo dicho antes, como los niveles de un videojuego) y cuya cámara Cregger aprovecha al máximo.

Y lo aprovecha a través de una fotografía de Dariusz Wolski espléndida, con un control de los espacios en los que el espectador se ubica ipso facto debido al buen uso del espacio y de sus luces (con dos mitades bien diferenciadas). A todo ello hay que mencionar un diseño de producción fantástico, en el que por momentos consigue transmitir la esencia del videojuego (la caravana, la alcantarilla… podría seguir y no parar), y una dirección artística que se lo pasa en grande, como si quisiera homenajear al Rob Bottin más loco de La Cosa (ya os digo, posee imágenes muy bizarras).

Quizás los más puristas del videojuego se lleven las manos a la cabeza, pero desde un primer momento se dejó claro que esta es una nueva aportación al videojuego, del cual coge sus señas de identidad y las plasma con otros personajes que, sin duda, los hacen aquí más humanos y empáticos. Y, aun con todo ello, mientras visionaba la película, el aroma y la esencia de lo que es Resident Evil está muy presente en el film (y ojo, que el film posee momentos bastante gore).

Por lo que, y me toca decirlo, esta Resident Evil se convierte en la mejor película basada en el videojuego hasta la fecha. Cierto que no era muy difícil, pero desde luego lo que ha hecho Zach Cregger es una fiesta del género a la que las otras adaptaciones no se atrevieron a llegar. Funciona tanto como entretenimiento (dura hora y media) como adaptación libre (no hay ni un solo personaje del videojuego) y, sobre todo, porque se nota que hay un autor detrás que quiere que disfrutemos del espectáculo que ha ofrecido. Y, desde luego, el resultado es excelente, tanto como película de terror (mi favorita del año de momento) como de adaptación de un videojuego (tomándose las pertinentes licencias creativas). Lo dicho, una gozada.