4 Butacas de 5

No corren buenos tiempos para la humanidad ni tampoco para la compasión. La condición humana, el modo de ser de las personas, y la capacidad de sentir empatía y bondad hacia los demás, se encuentran constantemente al borde del precipicio debido a la falta de tacto y sentimientos hacia el otro.
La mochila del dolor es universal para todos los seres vivos, incluso para los animales. Una especie que se humaniza cada vez más y que frente al sufrimiento nos permite encontrar la consolación. Una mirada, caricia o incluso un lametón de nuestra mascota de compañía permite que encontremos el equilibrio ante el ruido y el dolor del silencio culpable.

‘Morro’ de Rodrigo García Saiz nos acerca a esa necesidad de encontrar la luz y la compasión tanto con nosotros mismos como hacia los demás. El segundo largometraje del cineasta mexicano llega al Festival de San Sebastián para contarnos una historia de empatía, sufrimiento y el equilibrio emocional entre el hombre y su mejor amigo: el perro.
Protagonizada por Gustavo Sánchez Parra, Anna Díaz y Ernesto Meléndez, el guion sumerge al espectador en una historia de violencia silenciosa, la que se huele, se siente y se palpa en el ambiente. La que provoca el dolor en la sociedad y tratamos de lidiar con ella como mejor podemos. Una narrativa absolutamente emocionante en la que Mateo (Gustavo Sánchez Parra) es un veterinario en una pequeña zona rural del interior de México. Después del fallecimiento de su hijo, la culpa y el dolor se posan sobre sus espaldas ante el precipicio de la vida, una línea que se resquebraja con la llegada de Morro, el perro herido de un capo local. A través del cuidado entre el hombre y el animal, se produce un fuerte vínculo entre ambos en los que la búsqueda de luz y amor son las razones principales de ambos.

‘Morro’ es una pequeña joya que se clava en el alma por su sensibilidad y tacto. Una película que emociona de una manera muy especial posando todo su peso en la excepcional interpretación de Gustavo Sánchez Parra, los silencios y miradas entre hombre y animal demostrando una gran capacidad narrativa y constructiva en un relato realmente hermoso.
Rodada en 35 mm la película muestra como la violencia y la falta de recursos en las zonas rurales hacen que el dolor interior sean parte de las vidas de sus protagonistas. Unos seres que tratan de huir de la violencia a través de planes de futuro, como el personaje de Anna Díaz, quien desea batir sus alas en busca de un nuevo futuro y una esperanza que permita sanar el alma de las generaciones futuras.
Rodrigo García Saiz demuestra con su segundo largometraje su gran capacidad para mirar el interior del alma humana, el que se resquebraja por el dolor y se sana a través del amor entre los inocentes, víctimas de una descarnada sociedad en la que la violencia nos hace presos, pero en los que la solamente la belleza de una mirada lo cambia todo.
