3 Butacas de 5

El tren fluvial es una cinta que nos llega desde Argentina y que se ha presentado en el Festival de San Sebastián, dentro de la sección Horizontes Latinos, dirigida por los jóvenes Lorenzo Ferro y Lucas Vignale. En ella vemos cómo un niño de 9 años, Milo, se escapa del pueblo en el que vive con su familia para descubrir el mundo de la gran ciudad, un sitio lleno de oportunidades, a la par que de causas perdidas. Un viaje de ida (¿y vuelta?) en el que sus directores se sienten libres de expresar ese sentimiento de descubrimiento del protagonista.
Milo, de 9 años, vive en un pueblo remoto de Argentina, donde se entrena como bailarín de malambo. Sin embargo, sus verdaderos sueños apuntan a otra parte: anhela viajar en tren y explorar Buenos Aires, la ciudad que solo ha visto en películas. Para liberarse de su pequeño mundo, deberá atreverse a emprender un nuevo viaje.

El tren fluvial, como he dicho en el primer párrafo, es un viaje de descubrimiento y, en ese sentido, los directores juegan con ello bastante bien, de manera que integran sutilmente una especie de realismo mágico que al film le viene bastante bien y que está presente con pequeñas pinceladas. Al fin y al cabo, estamos hablando de la visión de un niño de 9 años ante un nuevo mundo por descubrir y, en ese aspecto, el film sabe transmitir bastante bien lo que quiere, con el optimismo y la desesperanza que generan estos ambientes de la urbe.
Quitando eso, el film consigue captar tu atención en gran parte gracias a una puesta en escena que posee alguna secuencia de lo más poderosa, en especial las de baile, donde directamente mantiene al espectador hipnotizado (véase también la secuencia de cómo se escapa de su casa, cocida a fuego lento…). Para luego mostrar las calles y hacer un retrato de las mismas, donde la magia y la locura pueden darse la mano, así como la triste realidad. Y en esa mezcolanza aciertan, pues el equilibrio está bastante bien medido.

Quizás, a medida que avanza, se va volviendo algo plana al resultar algo contemplativa en su retrato de la urbe, retrasando un poco el avance del relato (y eso que el film dura 75 minutos), y quedándose algo estancada en momentos que no eran tan necesarios, al alargar algunas escenas más de la cuenta (esa intrusión en la casa), pues al final aleja al espectador del conflicto principal del film.
Un conflicto principal retratado en su personaje principal, interpretado estupendamente por Milo Barría, con un magnetismo en su mirada fascinante y del que sus escenas de baile te dejarán directamente pegado a la butaca debido a su fuerte presencia. Curioso que actor y personaje se llamen de la misma manera…

Ahora bien, quizás se queda algo monótona a medida que avanza, viendo por los derroteros por los que irá el relato, desaprovechando ciertas ideas para centrarse más en lo expositivo de lo social que en el conflicto interno de su protagonista, mucho más interesante y del que carece de emoción o empatía, quizás por eso mismo.
Con ciertos aspectos metafóricos (esos poemas en mitad del viaje, dichos por el propio conductor), El tren fluvial es una cinta interesante en la que, a través de 75 minutos, vemos el viaje de Milo con un acertado tono entre el retrato social y el realismo mágico, que se integran bastante bien, y con algún momento de gran fuerza hipnótica, aunque el espectador termina con la sensación de que se queda algo a medias de sus pretensiones. Pese a todo, interesante y a tener en cuenta en la carrera de estos dos jóvenes directores.
