‘Más Allá de la Sociedad’: desgarradora y profundamente humana

4 Butacas de 5

Hay historias reales de supervivencia extrema, y luego está la historia de los supervivientes de los Andes. Esta historia está tan repleta de situaciones extremas, únicas y extraordinarias que no es de extrañar que 50 años después de los hechos sigamos hablando de ella. A mí personalmente, es una historia que me ha fascinado y atraído de forma casi atávica desde que la descubrí en los 90 con el estreno de ¡Viven! (tenía por entonces 12 años). Por lo que sea esta historia me emociona mucho y me remueve cosas internas que ninguna otra historia real consigue, y eso hace que quizás mi análisis de la serie no sea totalmente objetivo, pero intentaré serlo.

La serie parte de la idea de contar todo lo que pasó después del rescate, y tiene sentido ya que todo lo que pasó en la montaña ya lo vimos en la película. La serie sirve como complemento a la película y contar toda la historia humana posterior. O puede que sea al revés, ya que después de terminar la serie tienes la sensación de que la película no ha sido más que un instrumento terapéutico para resolver una historia mucho más dolorosa y compleja que la de la película. Una historia de traumas y duelos familiares de más de 50 años dónde cada familia lo vivió a su manera. El mejor ejemplo de esto, es el estreno de la película con las familias de los supervivientes y de las no supervivientes juntas por primera vez, en un ejercicio de terapia colectiva para las familias que va mucho más allá del cine.  Esta idea de cine como terapia colectiva es una idea que me parece realmente potente y que demuestra cómo el cine no es mero entretenimiento, sino que ese juego con la ficción colectiva que es el cine puede curar heridas reales muy profundas.

La serie está estructurada en 3 episodios, donde cada uno se centra en un área del conflicto. El primero se centra en los supervivientes y su manera de gestionar el trauma posterior al rescate, la fama inmediata y el encuentro con los familiares de los no supervivientes, donde recordemos que tuvieron con lidiar con el problema de haberse alimentado de los cuerpos de los fallecidos, una situación única en la historia moderna y que nadie salvo ellos puede contar.

El segundo episodio se centra en las familias de los no supervivientes. Familias que tuvieron que lidiar con el duelo de perder a sus seres queridos, al olvido mediático y sobre todo al recuerdo constante de los sucedidos por parte de la sociedad. Un duelo que aún hoy, 50 años después, sigue siendo complicado de superar.

El tercer episodio se centra en el relato. En cómo se ha contado la historia durante estos 50 años y es quizás la parte intelectualmente más interesante de la historia, ya que es la que nos cuenta cómo, en un suceso traumático, el relato que nos hacemos sobre los hechos y cómo los interpretamos nos ayudan a superar lo sucedido. Y es aquí donde la figura del cine como herramienta terapéutica aparece con fuerza para demostrar que la cultura, en este caso el cine, es a veces capaz de sanar las heridas más profundas del ser humano.

Durante los 3 episodios las declaraciones de los protagonistas y familiares de la historia son realmente desgarradoras y profundamente humanas. Sus reflexiones y sus historias son tan extraordinarias y están contadas de manera tan honesta que es imposible no emocionarse. Yo, aun sabiendo bastantes cosas de la historia, me tiré las 3 horas con un nudo en la garganta y absolutamente emocionado por todo lo que me estaban contando.

El único pero que le puedo poner a la serie es que el montaje de los episodios es un poco caótico. Las historias y anécdotas de los personajes parecen ordenadas casi de forma aleatoria. Lo que pasa es que lo que cuenta es tan interesante que no te importa ese desorden, pero si hay una sensación de un poco de caos narrativo en los episodios, saltando de una trama a otra de forma un poco loca. En ese aspecto los episodios parecen más una colección de anécdotas y reflexiones aleatorias que un episodio con una estructura narrativa clara.

También es cierto que la trama del reparto llegando al lugar del accidente se queda un poco floja con respecto al resto de tramas. Es una historia que podía haber dado un poco más de sí, pero funciona bien para ver cómo fue para el reparto contar esta historia.

En definitiva, si la historia de los supervivientes de los Andes te gusta, este documental es de visionado obligado. Y si te gustó la “Sociedad de la nieve” te resultará muy interesante ver como la película es mucho más que una película. Fue una herramienta terapéutica para todas las familias del accidente y una forma de que la sociedad entendiera, por fin, toda la historia completa. Una historia dónde vivos y muertos se unen para cerrar una historia de duelo de más de 50 años. ¡Que viva el cine como terapia!

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)