Seis cortometrajes de 2026 como seis joyas

Cada año cientos de cortometrajes son presentados en multitud de Festivales. Presentaciones en las que sus equipos demuestran todo un ejercicio cinematográfico lleno de talento, responsabilidad y profesionalidad. Pequeñas historias que guardan un enorme tesoro en su mensaje, la técnica y evidentemente en el potencial de unos relatos que funcionan de manera más efectiva en muchos casos que en un largometraje de hora y media. Una labor que debiera ser recompensada por quienes luego otorgan los premios, y no me refiero con esto a ganar un galardón, si no a que sean vistos por los responsables de las diferentes academias porque no deben olvidar que el corto es cine también.

Hoy os traemos algunos de los ejemplos que hemos podido ver a lo largo de 2026, ejemplos que atesoran una gran técnica e historias que van más allá de un simple metraje. Comedia, drama, risas y llantos…un amplio menú de sensaciones que demuestran el buen hacer de sus creadores.

‘Ser un hombre’ de Lucas Parra

Hay historias que se quedan grabadas en la retina y en el corazón. Uno de estos ejemplos es el trabajo realizado por Lucas Parra, una durísima crítica a la violencia heredada entre miembros de la familia, la que corroe el alma de padres a hijos resquebrajando la inocencia de un niño. Con un enfoque costumbrista, Lucas Parra sitúa al espectador en un paraje rural y profundo, de esos en los que el aroma a café y leña se mezclan con el de la sangre y pringue.  Miguelito es un joven niño de siete años que acompaña a su padre (Raúl Prieto) a una cacería rural que cambiará por completo su visión del mundo. Un relato que pese a que su premisa parezca sencilla conlleva una fotografía majestuosa, un uso de la luz y oscuridad acompasada al ritmo de una laboriosa técnica que respira la esencia de la perfección. La violencia y la crudeza se sienten, se mascan a través de una educación heredada en la que una jauría de perros sacude por completo la mirada oscura e inocente de la inocencia. Una obra que se clava en el alma del espectador demostrando una realidad que homenajea por momentos al magnífico Mario Camus de ‘Los Santos Inocentes’. Uno de los cortos del año sin duda.  

‘In Memoriam’ de César F. Calvillo y Teresa Bellón

César F. Calvillo y Teresa Bellón son una pareja de directores y guionistas que exploran la vida más allá de las estrellas. Esas que iluminan el firmamento a través de su sentido del humor, la capacidad creativa y la de un esfuerzo que siguen demostrando en cada proyecto. Los dos han dirigido a Cristina Soria en ‘In Memoriam’, un trabajo en el que a través del sentido del humor exploran los sueños y frustraciones de cualquier intérprete que desea hacer realidad sus deseos. ¿Quién no ha soñado alguna vez en ser recordado en el In Memoriam de los Premios Goya? Es una de las múltiples aristas de un trabajo excelente en el que sentido del humor sirve para hincar el diente a las trabas del oficio, los anhelos y la falta de comprensión de la sociedad. Cristina Soria vuelve a demostrar el exquisito talento que posee en trabajos de comedia bordando un papel que es el día a día de cualquier intérprete en la profesión. Junto a la intérprete destacan también José Troncoso, Betsy Túrnez, Pilar Gómez y una espléndida Toni Acosta, con un personaje que hace mella en el histrionismo latente en la industria. Otra joya de 2026 que merece la pena disfrutar y reflexionar para que nos demos cuenta de lo que hacemos con los sueños y con los ídolos de barro.

‘Una Vocal’ de Polo Menarguez

La vida nos puede cambiar en un simple instante. Ya no solamente por nuestras inseguridades diarias, si no por la manera en la que cultivamos nuestras relaciones entre padres, hijos, hijas y madres. Ese giro de guion es el que ejemplifica Polo Menarguez en ‘Una Vocal’, un soberbio trabajo rodado en un único plano secuencia en el que asistimos al baile interpretativo entre Sonia Almarcha y Mirela Balic. Ana y Amparo, hija y madre, se enfrentan a los recuerdos familiares en uno de los lugares más extraños de su vida: la salita de espera de un anatómico forense. Al otro lado les espera el cadáver del hombre que les ha destrozado la vida. Están allí para reconocerlo, después que este haya sufrido un terrible accidente. Así reza la sinopsis de un breve corto que es rotundo y redondo al completo. No solamente en el mensaje, en la realización y en el tiempo entre la pena y la risa. Dos aspectos que Polo Menarguez une a la perfección como cualquier consonante en una vocal para formar una simple palabra: magnífico.

‘Montecarlo 67’ de Rubén Guindo

Texto de Francesco de Simone

Estamos en 1967, es el Festival de Televisión de Montecarlo poco antes de la gala de premios, Chicho Ibáñez Serrador, junto con Pilar Miró esperan ansiosos ese galardón. Así es como empieza “Montecarlo 67”, un cortometraje contenido en duración, pero grande a nivel de producción. Con dos localizaciones muy marcadas y una ambición poco habitual para este formato, parte de una anécdota casi legendaria del cine, el encuentro después de la gala, entre Chicho y un joven y poco conocido Steven Spielberg. En aquella ocasión Chicho ganó el premio y Spielberg no. Sin embargo, Chicho, lejos de cualquier rivalidad, le animó a seguir haciendo cine, lo que terminó causando la gran leyenda que hoy es el cineasta americano.

El corto funciona como un dulce para los amantes del cine. Está lleno de referencias, tanto visuales como sonoras, desde los personajes que aparecen en la gala hasta la música, que cualquier cinéfilo reconocerá al instante. Todo está muy bien recreado, y aunque se rodó en Gijón y Alcalá de Henares, el director Rubén Guindo consigue que realmente te sientas en aquella época. El blanco y negro y la fotografía, muy digital pero muy atractiva, elevan aún más la producción.

Carlos Santos está absolutamente calcado como Chicho Ibáñez, tiene un magnetismo que te atrapa desde que aparece en pantalla. Veki Velilla como Pilar Miró es un gran acierto, y Marco Steel sorprende como un Spielberg joven, creíble y lleno de ilusión. Además, el corto sabe equilibrar comedia y drama, sin perder nunca el foco.

Detrás hay más de tres años de investigación y trabajo, y eso se nota. Incluso intentaron contactar con el propio Spielberg para confirmar la anécdota, aunque sin éxito. Al final, “Montecarlo 67” habla del cine, de la competencia dentro de la industria, de lo difícil que es sacar adelante proyectos así y del valor del apoyo entre creadores. Es un cortometraje que hay que ver, y también merece la pena su documental sobre el proceso, porque cuenta mucho de todo lo que normalmente no se ve.

No es casualidad que haya ganado el premio a Mejor Cortometraje en la 27ª Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid. Un corto hecho con amor por el cine, y eso se siente.

‘Por Dentro’ de Álvaro G. Company & Mario Hernández

¿Te has parado a pensar quién eres realmente? Es una de las preguntas que uno se hace al terminar el visionado de ‘Por Dentro’, un trabajo que ahonda en el descubrimiento de nosotros mismos con el paso del tiempo. Un profundo drama ejecutado perfectamente por su dueto de protagonistas: Ramón Barea y Lorena López. Los dos se marcan una ejecución perfecta de lo que viene siendo la exploración de emociones y sentimientos después del fallecimiento de la esposa y madre. El cortometraje narra la vida de Elías (Ramón Barea) un hombre de 80 años que ha vivido toda una vida a medias, ocultando su verdadera identidad. Un trabajo enorme de emociones en donde los reproches, las inseguridades construyen una joya emocionante en la que evoca un sublime guiño al gran José Luis López Vázquez en ‘Mi Querida Señorita’. Una oda al amor a nosotros mismos, a la búsqueda de lo que somos realmente cargando con un dolor que se arrastra a lo largo de los años. Aquello que pretendemos imponer a nuestros hijos / hijas impidiéndonos ser libres con el paso del tiempo. Un espejo social ante la muerte del alma tratando de silenciar el que dirán.  

‘Cara de Cona’ de Guillermo de Oliveira

Hablar de Guillermo de Oliveira es abrir el alma de un tipo que ama profundamente el Western. Un género que nos exponía a los buenos y a los malos, en historias simples, pero en las que la luz y oscuridad estaban representadas sin razón, simplemente porque los seres humanos en la mayoría de momentos terminamos sacando el odio. ‘Cara de Cona’ es una radiografía divertidísima, mordaz y muy negra sobre el odio sin razón que existe en la sociedad. Una crítica al odio intrínseco en nuestras vidas en la que marcamos a cualquier persona como un objetivo al que destruir. Un entorno rural de la Galicia profunda nos presenta a Moncho (Milo Taboada) un tipo silencioso, que vive y trabaja desde hace años en una pequeña aldea rural. Su paz interior se ve perturbada por la llegada de Pardavila (Diego Anido), un vecino bonachón hacia el que siente un odio irracional y al que tratará de destruir por completo. La factura técnica de ‘Cara de Cona’ es impresionante. No solamente por el paraje rural sino por la composición que emplea el cineasta construyendo una absoluta joya en 2026. Con claros guiños al western, con esos primerísimos primeros planos del gran Sergio Leone, ‘Cara de Cona’ es un cortometraje que demuestra la estupidez del ser humano ejemplificada a día de hoy en las redes sociales a través de un humor negro encajado a la perfección con una historia que también tiene espacio en la ternura de sus protagonistas. Milo Taboada y Diego Anido llevan el peso de un cortometraje que recordarán los espectadores y con el que demuestran el enorme talento que tienen los dos actores. Con algunas escenas memorables ‘Cara de Cona’ es sin duda otra de las maravillas de 2026.