‘Fall 2: Deadpoint’: El vértigo llega a las peligrosas montañas tailandesas

2’5 Butacas de 5

Estamos nuevamente ante otra película en la que nada de esto habría pasado si sus protagonistas se hubieran quedado en casa viendo una película. “Fall 2: Deadpoint” parte justo donde terminó la primera, Jax intenta procesar la muerte de su hermana y, junto a una amiga, tienen la maravillosa idea de volver a poner en peligro sus vidas y cambian la torre de televisión de la primera entrega a una ruta de tablones de madera en el monte Kwan, en Tailandia.

Uno de los problemas que tienen que enfrentar los hermanos Spierig, los nuevos directores de lo que parece ser una nueva franquicia, es que la cámara, la escala del espacio y la fragilidad de aquella torre producían una sensación de vértigo que no necesitaba demasiado. Aquí, el guion tiene que apoyarse de otros elementos como la lluvia, terremotos, desprendimientos, caídas de objetos, o cualquier otro obstáculo. La primera película conseguía que mirar hacia abajo fuese suficiente para generar angustia, esta necesita que todo alrededor explote para recordarnos que sus personajes están en peligro.

Los personajes, como era de esperarse, toman decisiones inverosímiles y cada nuevo contratiempo está diseñado para retrasar la duración de la película. Hay planos pensados para provocar vértigo y algunos funcionan, pero la montaña no tiene la misma potencia visual que aquella torre suspendida en medio de la nada.            

Las interpretaciones de Harriet Slater y Arsema Thomas cumplen con la función que exige el género. El duelo de Jax por su hermana podría haber servido para construir una secuela sobre el trauma o la culpa, sin embargo, utilizan ese conflicto como punto de partida para volver cuanto antes a las alturas. “Fall 2: Deadpoint” podría haber utilizado el mismo concepto para explorar otros miedos, otros personajes y otros límites en la supervivencia, pero decide continuar directamente con el legado de la hermana y, con ello, también repite buena parte de los problemas de la original sin alcanzar su nivel de tensión.

Todo apunta a que “Fall” no quiere quedarse en dos películas, el riesgo está en que, si las futuras entregas se limitan a repetir la misma estructura cambiando la montaña por otro escenario imposible, el universo puede terminar agotándose antes de encontrar una identidad propia.

Es entretenida, pasa rápido y tiene algunos momentos de vértigo, pero termina pareciendo una película de fin de semana que utiliza cada recurso disponible para prolongar una historia que quizá no necesitaba una segunda parte. Funciona mejor cuando deja de intentar ser una continuación de “Fall” y se limita a ser una película de supervivencia. Es una secuela que entiende qué funcionó en la original, pero no termina de entender por qué funcionó.

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