Hablamos con Lucas Parra director del cortometraje que lleva más de 35 Premios y se encuentra inmerso en plena carrera hacia los Premios Goya 2027

Hay historias que se quedan grabadas en la retina y en el corazón. Uno de estos ejemplos es el trabajo realizado por Lucas Parra, una durísima crítica a la violencia heredada entre miembros de la familia, la que corroe el alma de padres a hijos resquebrajando la inocencia de un niño. Con un enfoque costumbrista, Lucas Parra sitúa al espectador en un paraje rural y profundo, de esos en los que el aroma a café y leña se mezclan con el de la sangre y pringue.

Miguelito es un joven niño de siete años que acompaña a su padre (Raúl Prieto) a una cacería rural que cambiará por completo su visión del mundo. Un relato que pese a que su premisa parezca sencilla conlleva una fotografía majestuosa, un uso de la luz y oscuridad acompasada al ritmo de una laboriosa técnica que respira la esencia de la perfección.

La violencia y la crudeza se sienten, se mascan a través de una educación heredada en la que una jauría de perros sacude por completo la mirada oscura e inocente de la inocencia. Una obra que se clava en el alma del espectador demostrando una realidad que homenajea por momentos al magnífico Mario Camus de ‘Los Santos Inocentes’. Uno de los cortos del año sin duda.
