La joven cineasta ha presentado en el BIFF su ópera prima Föa – C’era una volta il futuro, una radiografía del paso hacia la madurez ante el miedo al futuro

La película refleja el miedo generacional ante una sociedad globalizada en la que el capitalismo nos hace encerrarnos en nuestros muros ¿tienes miedo al futuro o crees que hay esperanza?
-Sí, creo que al final debe hay lugar para la esperanza. La mantengo porque, aunque sea joven y tenga miedo a veces por como avanza la sociedad, mantengo la idea de que hay que seguir luchando sin tener pánico. El terror es no poder imaginar el futuro.
En el largometraje reflejas mediante la arquitectura de las calles y las casas la coraza que tenemos los seres humanos con nuestras vidas, es decir como si fueran nuestras propias prisiones. ¿Crees que vivir acomodados en nuestros hogares nos hace sentir presos?
-Cuando comencé a escribir la película me lo imaginé así durante el proceso. Pensaba en estar dentro de una casa, usar ese espacio doméstico como un lugar en el que las crisis interiores de la protagonista tuvieran que ser su espacio de lucha. Los espacios para mi son muy importantes porque es el lugar en el que una directora debe saber usarlos. Dirigir es un lenguaje completamente distinto al de la escritura porque tienes que tratar de crear conexiones entre las imágenes, las emociones, sueños…muchos de los espacios de la película contienen recuerdos de mi infancia. Esa vida privada nos permite enfrentarnos luego a una crisis más grande.

¿Los sucesos inesperados pueden hacernos levantarnos de la comodidad?
-Es una de las cosas que más me apasiona de la película. Hablamos de los problemas reales que hay en este mundo loco, vivimos en una posición cómoda desde nuestras casas, trabajos…y de repente cuando algo pasa tenemos esa necesidad de despertar de la comodidad y hacer algo con la sociedad. Desde buscar la luz, tener la esperanza en ser libres, tomar nuestras propias decisiones…a veces tengo la sensación que necesitamos un accidente vital para despertar y poder salir. Creo que es muy poético y es una de las herramientas del cine, mostrarnos que nuestra comodidad se puede ver quebrantada con un suceso que nos haga salir.
¿Cómo ves la situación actual desde tu ventana de cineasta?
-Todos tenemos sueños, grandes deseos en nuestras vidas. Con la película he querido mostrar que como mujer sufro bastante ante una sociedad individualista en el que todos pensamos en nosotros mismos, pero creo que los grandes movimientos colectivos pueden ayudar en la lucha para que aprendamos unos de otros. Esa colectividad nos permite luchar por un futuro mejor.

¿Qué ha supuesto para ti que Paolo Sorrentino forme parte de la producción?
-Honestamente todavía sigo sin creerlo. Ha sido y es una persona que me ha ayudado mucho. Es un profesional que me ha empujado a defender mi idea, el concepto inicial de la película. Es un completo genio que ha mantenido la esperanza en el proceso de creación en todo momento. Cuando empiezas a hacer algo en la vida es necesario tener una persona que te aporte tanto para encontrar sentido en la vida.
¿Qué tipo de historias te gustaría contar en el futuro?
Adoro las películas en general y todos los géneros posibles. Me encanta que los largometrajes ofrezcan una experiencia emocional y te permitan crear una conexión propia con tus ideas. Es un mecanismo para encontrar tu propia libertad, tus ideas creatividad. Soy una persona sensible con las historias sociales, el amor…todo lo que tenga que ver con los seres humanos del mundo.