
‘The Echo Chamber’
(2’5 Butacas de 5)
El drama romántico de Andrea Pallaoro viene con expectativa: el último guion de Bertolucci, una historia de adicción y dependencia romántica, llegaría a la pantalla encarnada por Luca Marinelli y Alicia Vikander.
La decisión de fijar la trama y la cámara solo dentro del departamento del protagonista promete una historia íntima, que al principio parece centrarse en la relación de Leo con su trabajo como productor musical y su adicción a los fármacos contra el dolor. Pero el creciente protagonismo de su pareja Anne y la estructura no lineal de la cinta que nos muestra el progreso de su relación la convierten en algo más complejo e interesante: la dinámica entre cuidadora y paciente, entre dos personas que se aman a pesar de su codependencia.
Como en otras películas de Pallaoro, las interpretaciones ayudan a levantar un estudio de personaje que se siente distante y a veces cae en la irrelevancia, aunque las carencias de ambos personajes logran volverse palpable.

‘Yellow Letters’ (Cartas de Estado)
3’5 Butacas de 5
Derya y Aziz son un matrimonio acomodado de artistas en Turquía: él es director y ella actriz, y montan obras a gran escala sobre los conflictos políticos que vive su país.
Cuando son censurados y denunciados por parte del gobierno, deben trasladarse a otra ciudad y empezar de cero. El sistema los condena por las posturas que adoptan y, poco a poco, la película los empieza a criticar por creer que tienen agencia política solo por hacer arte.
¿Pueden convivir la comodidad material con el activismo y el arte? Es una pregunta que vale la pena hacer, pero pareciera que Yellow Letters se vio demasiado desafiada por ella. Su postura frente a sus personajes es difusa y, cuando ellos encarnan estos conflictos, la película parece contradecirse y hacernos dudar del mismo ejercicio que está proponiendo.
La crítica a la burguesía, a la inutilidad del arte, a la performatividad de su consumo son temáticas interesantes que conflictúan a una izquierda que muchas veces se ve muy cobijada por el cine arte. Pero la postura de la película es difusa, lo equivocado que están los personajes está poco matizado y las discusiones entre ellos parecen no ser lo que realmente le importa al director Ilker Çatak.
Aun así, la destreza técnica e interpretativa, así como los conflictos en los que decide ahondar provocan reflexión y hacen que el visionado merezca la pena.

JOSEPHINE
3’5 Butacas de 5
Después de presenciar un ataque sexual, una niña de 8 años lo procesa con confusión, arrebatos de violencia y problemas de comunicación con sus padres.
La conciencia de los niños sobre el abuso es una temática tan poco explorada que Josephine se distingue rápidamente ya que no teme meterse en especificidades: es sobre la primera vez que nos damos cuenta de que el mundo es injusto, sobre refugiarse en la violencia cuando hay miedo, sobre cómo abordar la sexualidad y el abuso en las niñas y sobre los padres que empiezan a ver cómo la oscuridad del mundo afecta a sus hijos.
Beth de Araújo evita caer del todo en los clichés del drama indie estadounidense valiéndose de códigos del thriller y dotando a Josephine de algunos toques de dirección que escapan lo convencional, aunque no todos tengan una finalidad tan precisa.

WOMAN UNKNOWN
3’5 Butacas de 5
Bellamente fotografiada y coreografiada, la más reciente ganadora del León de Oro en Venecia se propone la incómoda tarea de ponernos del lado de una protagonista con un pasado nazi que intenta ocultarlo como empleada doméstica en una postguerra que condena el nazismo.
Marie intenta seguir adelante y olvidar, enterrando sus acciones a medida que busca establecerse poco a poco en la alta sociedad. Pero su pasado no tarda en alcanzarla, y aquí la película pasa a ser un retrato tenso de su culpa y paranoia.
Aunque no se salva por completo de caer en lo redundante y predecible, tiene aciertos en delatar la hipocresía respecto a las expectativas de género de la época, muestra un universo social que se adapta a las nuevas reglas del mundo y cumple con ponernos en los zapatos de un personaje moralmente cuestionable, un juego de empatía monstruoso e interesante.

LA GRADIVA
4’5 Butacas de 5
Gracias a actuaciones naturalistas de un grupo de no actores y una cámara que los espía al mejor estilo cinema verité, La Gradiva se convierte en una experiencia inmersiva, insertando al espectador en un grupo de adolescentes que se van de viaje de escuela a Italia ad portas de que termine el último año escolar y empiece su vida adulta.
Somos testigos de conversaciones, dinámicas de grupo, peleas, juegos, secretos y tensiones, situaciones completamente realistas expresadas con parsimonia.
La yuxtaposición que hace Marine Atlan en su debut entre jóvenes con su vida por delante y las ruinas de Pompeya que visitan elude cualquier subrayado evidente y es mucho más efectiva por ello. Permite que extraigamos de las situaciones e imágenes presentadas lo que sea que nos interpele sobre los grandes temas que aborda, ya sea el futuro, la clase, el poder, la memoria, la familia o el arte.
En su entrecruce entre pasado y futuro, La Gradiva se siente como una experiencia que podría haber durado muchas más horas por lo real que se siente y por cómo nos sumerge en miedos que persisten porque son parte de una etapa fundacional.

ROSE
3 Butacas de 5
Basada parcialmente en una historia real, Rose narra la vida de una mujer (Sandra Hüller) en el Siglo XVII que ha decidido hacerse pasar por un hombre, lo que la lleva a ser soldado de guerra y a heredar la granja en la que se sitúa la historia.
La historia es contada como un cuento de hadas, con una narradora y cuadros pictóricos que recuerdan a postales. Son elementos que generan una distancia deliberada con el personaje: no entendemos sus motivaciones o cómo se siente con su forma de vida, solo vemos los eventos avanzar. Un matrimonio con otra mujer, el nacimiento de un niño, el eventual descubrimiento de su identidad.
Huller está sólida pero el tipo de aproximación escogido no privilegia que su actuación se vuelva el foco principal de Rose. En vez de eso, es una historia concisa sobre un caso que casi queda en la anécdota, independiente del virtuosismo artístico que alcanza.

I RARELY WAKE UP DREAMING
3’5 Butacas de 5
El bombardeo de Ucrania por parte de Rusia sirve de trasfondo y catalizador para una microhistoria entre tantas que existen en ese contexto. Una chica cis y un hombre trans viven su noviazgo en medio del caos y somos testigos de cómo la guerra se entre cuela en su dinámica. El querer huir se les hace imposible cuando el país exige que los hombres se queden a defenderlo, y es ahí cuando las diferencias entre ambos y su relación con el género se tensan.
No es tan simple como que Oleh (Markus Bright) vuelva a cambiar su género en el pasaporte que le garantizaría la libertad, ya que su trayectoria lo ha llevado a defender la identidad que habita. Y la película entra de lleno en cómo esto afecta la relación, la decepción de su novia Olya (Tania Myronyshena) y las expectativas respecto a la masculinidad que sostiene el mismo Oleh y su país.
La directora Isabelle Stever ubica su cámara en lugares inesperados que amplían esta historia más allá de lo que se nos está contando, abarcando la cotidianidad de un país asediado y el rol de la familia en los cuidados a la vez que muestra con naturalidad la progresión de la relación central.
Es una película relevante, interesante a nivel conceptual y arriesgada formalmente, que hace un cruce único para hablar de identidad en crisis, tanto a nivel personal como político y social.

UNA FAMILIA
3 Butacas de 5
Debut del director Ricardo Gómez, que utiliza parcialmente su propia experiencia como niño actor para situar algunas de las secuencias de este drama familiar.
Lo que decide contar es la relación entre Clara y Enrique (Claudia Traisac y Patrick Criado), ella una bailarina y él un delincuente.
A través de pocas secuencias que marcan hitos a lo largo de los años (cómo se conocen, un punto de quiebre, cómo se separan), los vemos pasar del encaprichamiento a la inminente debacle causada por el estilo de vida de Enrique.
Una historia sencilla, atractivamente filmada en 16mm y lo suficientemente bien interpretada como para huir del melodrama. Lo que la vuelve original es la manera en que se presenta, reteniendo información y manteniendo al público haciéndose preguntas para llenar los vacíos. Que sean o no aquellas preguntas algo que mejore la experiencia dependerá del espectador.

Hermanas
3 Butacas de 5
La premisa de la ópera prima de Ione Hernández es un escenario hipotético inmediatamente seductor: la cercana relación de dos hermanas (Elena Anaya y Emma Suárez) se pone a prueba cuando el hijo de una abusa de la hija menor de edad de la otra.
Y la cinta resulta menos dramática e incendiaria de lo que se anticipa debido a la decisión del guion de omitir las escenas esperables. No es sensacionalista en el tratamiento, optando por un vacío de información que nos mantiene atentos a cómo el universo de personajes de esta familia adopta y cambia sus posturas.
Pero el optar por rehuir del drama fácil hace que la película sea menos potente y, salvo por un par de secuencias, no cumple la promesa de mostrar la relación entre ambas hermanas.
Dirigida con sutileza y con una postura sólida, hacia el final dilucida la temática central, que es la relación del personaje de Amaya con la culpabilidad de su hijo. Pero para entonces no hemos ahondado lo suficiente en su psicología como para que se logre un análisis satisfactorio.
