4 Butacas de 5

Los seres humanos tenemos diferentes maneras de atravesar los momentos dolorosos de la vida. Frustración, silencio, llanto, enfado…la capacidad de expresar los sentimientos muta dependiendo de las circunstancias a las que estamos expuestos. El cine sin duda es una herramienta que permite al espectador reflexionar sobre ello y Javier Giner es uno de los talentos de la cinematografía actual que lo saca a relucir en sus proyectos.

Después de hacernos vibrar y emocionarnos con ‘Yo, Adicto’, el cineasta cambia de registro con su ópera prima cinematográfica ‘Esta Soledad’. Giner se adentra en la desconstrucción de dos seres humanos que atraviesan por una ruptura amorosa. La que escuece, perpetra el corazón y la razón llevando a sus protagonistas a toparse con barreras constante de silencio, reflexión y zancadillas sociales.
Javier Giner convierte el cine en vida y la propia vida en cine. Oriol Pla (Premio Nacional de Teatro) y Marina Salas están soberbios en sus respectivos papeles protagonistas ofreciendo un máster interpretativo que sin duda son de las mejores del año. Personajes tan naturales como la vida misma, de seres que tratan de salir hacia delante con sus caminos, atravesando por todas las vertientes posibles en la que el silencio de la vida choca con los gritos de su alma, los que tratan de encontrar una estabilidad ante la precariedad laboral, la vivienda y también la de la comprensión social que hace que se sientan tan incomprendidos y presos de la incomunicación como la frustración de una relación rota.

‘Esta Soledad’ es una magnífica película que se adentra de lleno en un cine que late y arde, un proyecto tan sencilla y solemne que toca los cimientos sociales con suma elegancia pero también con dolor. Un largometraje que emociona con el ruido del dolor de la vida tratando de encontrar la mejor versión de nosotros mismos ante las adversidades, las que agrietan las manos y el corazón.

Javier Giner es una voz necesaria en el cine. Un cineasta que debuta en el largometraje con una película que duele y hace vibrar. La historia de un cine que late con el oxígeno de la vida. Esta soledad no necesita buscar el placer del espectador con respuestas simples. Se eleva con las miradas, los silencios y la verdad de sus imágenes e interpretaciones. Un absoluto ejercicio cinematográfico que muestra la madurez de un cineasta profundamente humano y en la que la soledad de la vida se graba en la memoria y el alma.
