‘Insidious: La Puerta Roja’: “Olvidar no te protege del pasado”

5 Butacas de 5

Pareciera que todas las historias de terror ya han sido contadas. Es difícil llegar a construir un universo complejo e innovador que atraiga al espectador sin usar clichés.  Parece casi imposible sostener la tensión de una saga en el mismo universo, pero sin duda, el reto más grande siempre será cerrar una historia acomodando los fragmentos de las películas anteriores de manera verosímil y gratificante. Son pocos los proyectos que se mantienen de manera digna hasta el final y dentro de estos, el día de hoy les presento “Insidious: la puerta roja”.

Patrick Wilson in Screen Gems Insidious: The Red Door

La historia está ambientada nueve años más tarde de la segunda entrega de la saga, cuando el pequeño Dalton está a punto de dar el gran paso de entrar a la universidad, sin embargo, en nueve años que hemos perdido de vista a la familia Lambert, bastantes cosas han cambiado, por ejemplo, Renai y Josh, ahora solo son exesposos. La historia arranca con el velorio de Lorraine, la madre de Josh, en él, se nos deja claro las relaciones entre Josh y su familia, específicamente, la poca conexión y falta de confianza entre Dalton y su padre. Y es gracias al momento escolar en el que se encuentra Dalton que conocemos su pasión: “la pintura”, a través de esta, los secretos más oscuros y las heridas más profundas de esta familia serán destapadas.

Ty Simpkins in Screen Gems Insidious: The Red Door

La especial atención al detalle que caracteriza a la saga se explota desde los primeros minutos, manteniéndote aferrado a la butaca del cine. Las situaciones de estrés al estar a punto de ser alcanzado por los seres del más allá duran lo que parece una eternidad, jugando con los sentidos del espectador, provocando sensaciones que estremecen a cualquiera, pero también retando la memoria de los fans de la saga, pues el antagonista ya estuvo presente en uno de los capítulos pasados.

Ty Simpkins in Screen Gems Insidious: The Red Door

Lo que vuelve exquisita a esta entrega es la capacidad de envolverte en cada una de las tramas que atormentan a los personajes, la de los seres del plano astral, los monstruos por los que la franquicia sigue siendo un éxito, pero también la trama terrenal, que, en este caso, tiene que ver con el perdón y la redención de los padres, una trama que pone tantas preguntas sobre la mesa y cuidadosamente las responde a lo largo de esos 107 minutos sin la necesidad de crear un producto moralista.

Ty Simpkins in Screen Gems Insidious: The Red Door

Un guion maravilloso, escrito por Scott Teems (Firestarter 2022, El Perseguido 2020, Por amor a la tierra 2008) y dirigido por Patrick Wilson en su debut como director de cine, un trabajo que en lo personal me erizó la piel. Quiero destacar entre las actuaciones a Patrick Wilson porque a pesar de estar a cargo de la dirección, Josh fue uno de los personajes más complejos y evolucionados. Hay una mirada en específico que Patrick nos regala casi al final de la cinta, una mirada tan sincera, suplicante y emotiva que sin necesidad de palabras nos dice todo, una mirada que, si mal no recuerdo, la última vez que la vi, fue en su personaje Raúl de The Phantom of the Opera. Sin duda, uno de sus mejores trabajos.

‘Oppenheimer’: destructor de mundos

4’5 Butacas de 5

Por un lado, siempre suele resultar fácil comentar y encontrar las palabras para una película de Christopher Nolan por todo cuanto nos ofrece. Pero, por otro lado, su complejidad nos exige un esfuerzo titánico por describir, sintetizar y valorar sus obras de relojería. Vamos a intentarlo.

            Oppenheimer, por si algunos se habían perdido y todavía no lo sabían, es el último producto de un Christopher Nolan más maduro que nunca, en el que nos relata pormenorizadamente con todo lujo de detalles la historia de cómo se elaboró la primera bomba atómica en el llamado “Proyecto Manhattan” como arma de destrucción masiva.

            Cillian Murphy interpreta magistralmente (en la que probablemente sea la mejor interpretación de su carrera en el cine) a un personaje extraordinariamente complejo, cargado de matices (como el propio filme), profundo y con una mirada que pocos más actores tienen la suerte de poseer, la cual aporta toda la credibilidad necesaria a un ser intelectualmente superior como lo fue Robert Oppenheimer, que tuvo la oportunidad de pasar a la historia y que, cuya vanidad creó el caldo de cultivo para liderar un trabajo que duraría años, sabiéndose acompañar de los mejores físicos del momento : Richard Feynman, Enrico Fermi o Albert Einstein, entre otros.

            El elenco es de una densidad de calidad mayúscula, semejante a la de un agujero negro. En él podemos disfrutar de Matt Damon, Robert Downey Jr., un casi desaparecido de este tipo de filmes Josh Hartnett, al cual agradecí mucho de volver a ver en un papel relevante, Casey Affleck, Florence Pugh, Rami Malek, Kenneth Branagh, así como de una aparición estelar de Gary Oldman interpretando a Harry S. Truman, el presidente de los Estados Unidos de América al final de la Segunda Guerra Mundial. En la gran mayoría de esta constelación de bestias actorales, Nolan demuestra la habilidad de encontrar un momento de despliegue de talento interpretativo para cada uno de ellos, aportando la gran profundidad necesaria en quienes deben tenerla, llamándome especialmente la atención la soberbia y explosiva interpretación de Emily Blunt como Kitty Oppenheimer, mujer de Robert Oppenheimer; y un Cillian Murphy omnipresente durante toda la cinta, ejerciendo como el director del proyecto en el que quizá Nolan se estuviese viendo como un ser homólogo, ese director en el que tanto reflejo de genialidad y vanidad se pudiera ver, gustándose hasta más no poder.

            Desde mi punto de vista de fan acérrimo de Christopher Nolan, y teniendo como auténticas referencias cinematográficas auténticas obras maestras como El Caballero Oscuro u Origen, “Oppenheimer” no se queda muy lejos de lo más brillante del aclamado director londinense. Durante tres horas que pasan volando, Nolan tiene la capacidad de construir el guion mediante un eje no estrictamente cronológico, pero siendo más comprensivo y eficaz que en otras ocasiones. Introduce elementos que parecen insignificantes para recogerlos de manera sutil, con maestría y enlazarlos en puntos narrativos clave. Como siempre, hay que hacer cierto esfuerzo por estar al hilo del guion, pero en “Oppenheimer” Nolan consigue exponer, a pesar de su rapidez habitual en el transcurso y explicación de la trama y sin la pretenciosidad que a veces se le ha achacado, el guión más realista y preciso que le recuerdo para mostrar algo excepcional en un momento crítico y clave de nuestra historia.

La película nos expone magistralmente la extraordinaria relevancia de este acontecimiento y cómo entonces dibujó un mundo nuevo en el que actualmente nos encontramos.

            Durante el largometraje, hay especial espacio para la reflexión, para la fascinación y la decepción por el cariz humano, para la incomprensión de la genialidad y de la estupidez; y para la confirmación (si aún fuera necesario) de Nolan como uno de los directores de nuestro tiempo.

            Si no hay nada que nos sorprenda en los próximos meses, estamos probablemente ante la mejor película del año.