‘La Vida de una Mujer’: Las peripecias de la mediana edad

3 Butacas de 5

Charline Bourgeois-Tacquet debutó en el largometraje con la magnífica Los amores de Anaïs, que en su ligereza aparente de película veraniega habitaban unos personajes para el recuerdo y un estilo muy bien medido. Por ello, las expectativas estaban altas para este segundo trabajo, que además estuvo seleccionado en la competición del Festival de Cannes de este pasado mayo.

Aunque el resultado sea un film algo menos completo, sin duda tiene muchos aspectos rescatables y que merecen una oportunidad, empezando por su estupendo reparto liderado por Léa Drucker. Tanto ella como el resto de compañer@s entregan unas interpretaciones que saben ceñirse perfectamente al tono tragicómico de la cinta, sin llegar a desbordar por ninguna de las dos vertientes en ningún momento.

Da la sensación, como ya ocurría en la ópera prima de la realizadora, de que aun teniendo toda una sensación de algo artificial por momentos, consigue llegar a momentos “verdaderos” muy potentes con los que es fácil simpatizar y disfrutar o emocionarse.

Es verdad que la historia de la cirujana protagonista no resulta tampoco en términos generales demasiado original y eso resiente de partida una película muy bien fotografiada, con una gran selección de música clásica y que a pesar de estar dividida en capítulos (un recurso que personalmente no me suele agradar), tiene un muy buen ritmo.

Estamos ante una película recomendable, que, aunque no contará con gran reconocimiento del público ni la prensa, es un paso adelante en la filmografía de una cineasta que nos va a regalar grandes películas en el futuro.

‘La vida de una mujer’: El precio de vivir siempre para los demás

3’5 Butacas de 5

Cuando cuidar de todos te hace olvidarte de tí, ¿cuánto realmente vale la pena este sacrificio?, eso es lo que nos cuenta “La vida de una mujer”, en la que seguimos a Gabrielle, una cirujana maxilofacial cuya existencia parece construida alrededor de los problemas de los demás, el hospital, su familia, su madre enferma, sus relaciones y las decisiones acumuladas durante años forman una vida en la que cuidar de los demás se ha convertido prácticamente en su identidad.

Charline Bourgeois-Tacquet, su directora, decide hacerle honor al título de la película y la estructura en capítulos que saltan entre distintos momentos para así contar la vida de Gabrielle. Es una elección coherente, aunque no siempre funciona, algunas historias empiezan a adquirir peso justo antes de desaparecer y ciertos saltos temporales cortan una conexión emocional que la película acababa de construir, y que valía la pena seguir explorando.

A pesar de eso, se siente como si Gabrielle nunca parece disponer del tiempo suficiente para vivir una sola cosa. Su profesión invade su vida personal, los problemas familiares interrumpen su trabajo y las responsabilidades dejan poco espacio para preguntarse qué quiere ella.

Entonces, cuando todo parece que seguiría cayendo en el mismo bucle, llega una escritora interpretada por Mélanie Thierry, que no funciona solo como una historia romántica, sino como una salida. Gabrielle descubre una parte de sí misma que no encaja con la vida que ha construido, enamorarse no elimina sus responsabilidades, pero le obliga a preguntarse si quiere seguir viviendo bajo ellas.

Y ahí Léa Drucker sostiene buena parte de la película, su interpretación no busca grandes explosiones emocionales, consigue transmitir ese desgaste a través de pequeños gestos, silencios y miradas, haciendo que el personaje parezca alguien que lleva demasiado tiempo posponiéndose a sí misma.

La puesta en escena mantiene una elegancia clásica que acompaña bien ese tono íntimo. Sin embargo, lo que retrata puede resultar familiar, se acerca demasiado a ese drama burgués francés que ya hemos visto muchas veces antes.

Su mayor virtud está en Gabrielle, más que contar una historia de amor, la película observa a una mujer que ha pasado tantos años siendo necesaria para los demás que casi ha olvidado cómo ser necesaria para sí misma. No todas sus piezas terminan de encajar y algunos capítulos dejan la sensación de que podrían haberse desarrollado más, pero “La vida de una mujer” consigue construir un retrato sensible sobre el deseo, el paso del tiempo y el precio de vivir siempre para los demás. Y quizá por eso su título funciona tan bien, no estamos viendo una vida extraordinaria, estamos viendo una vida normal y corriente, con todas sus contradicciones, responsabilidades, errores y oportunidades perdidas.