‘Super/Man: La historia de Christopher Reeve’: una obra con la que te costará no emocionarte

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Este 10 de octubre llega a las salas de cine en España el nuevo documental de Ian Bonhôte y Peter Ettedgui, ‘Super/Man: La historia de Christopher Reeve’. Estos dos directores se atreven con otro documental, después de haber contado la vida del diseñador Alexander McQueen (‘McQueen’, 2018) y la emotiva historia de los Juegos Paralímpicos (‘Rising Phoenix’, 2020), para, de la mano de Warner Bros, adentrarse en la vida de una de las figuras del cine más icónicas, el que fue un héroe tanto en la pantalla como en la vida real, Christopher Reeve.

Superman, ese ser invencible que salva al mundo sobrevolando los cielos, de repente, sin previo aviso, se encuentra en una silla de ruedas, inmóvil de hombros para abajo, dependiendo de un respirador para vivir. Sin conocer la historia, uno piensa que debe ser falso, al igual que Lady Di o el presidente John F. Kennedy no podían haber muerto. Momentos donde uno se frota los ojos y pregunta de nuevo qué ha pasado.

20 años hacen ya de la muerte del actor que interpretó en cuatro ocasiones al memorable hombre de acero. Muchos recordarán estos papeles, pero puede que hayan olvidado lo que fue de él tras el insólito accidente de caballo que le dejó parapléjico. Otros tal vez, sobre todo los más jóvenes, solo conozcan al Superman de Henry Cavill. No es necesario compararlos, ya que este documental se va a centrar principalmente en Christopher Reeve como persona, como padre, como pareja y como símbolo dentro una importante lucha, más que en su faceta actoral.

Uno podía llamar héroe a Cristopher Reeve por ser Superman en el cine, pero cuando de verdad merece ser nombrado como tal, es después del trabajo tan grande que hizo en favor de las personas que se encontraban en su misma situación. Casi todo el metraje se va a centrar en esta parte más desconocida y humana de la vida de Reeve, poniendo en valor, pese a polémicas que tuvo, su labor visibilizando y ayudando directamente a personas antes apartadas de la sociedad. Es una pena que un famoso deba pasar por esto para que el mundo se ponga en pie, pero eso ya es un tema para otro momento.

A través de imágenes de archivo sacadas de cintas caseras, piezas televisivas, sus propias películas, y testimonios actuales de las personas más cercanas a Reeve, se irá hilando un relato demasiado acelerado en ocasiones pero que al menos nunca te aburre. Construye un discurso que continuamente pretende emocionarte. Te emocionan cosas como la presencia de Robin Williams, gran amigo de Christopher que estará, casi desde el principio y hasta el final, a su lado. Otro personaje con una vida complicada, aún me cuesta creer que hubiese tanto sufrimiento detrás de esa enorme sonrisa. Siempre impacta verlo en pantalla, por lo que significa y la simpatía que provoca.

Formalmente ‘Super/Man: La historia de Christopher Reeve’ no presenta nada nuevo. Sin pretender innovar en narrativa, se limita al lenguaje clásico del documental televisivo, de estos que pillas empezado haciendo zapping y que disfrutas igual. Se le podría exigir algo más, pero no sería del todo justo. Carece de pretensiones, buscando conmoverte de la forma más sencilla. La historia en sí se come al documental, valiéndose por sí misma casi. Una obra que preserva de buena manera esta historia tan única, con la que te va a costar no llorar.

‘El aprendiz: La historia de Trump’: el nacimiento de una ballena norteamericana

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Es inevitable introducirse en política. La vida está impregnada de ella. Incluso los que reconocen mantenerse al margen la hacen. El simple hecho de no querer hablar de la política es un acto político. El cine, desde su nacimiento, se ha llevado bien con la política. Todas, o casi todas, las películas tienen cierto trasfondo político. Pues bien, hay algunas que deciden serlo y posicionarse de forma abierta. El problema es que hablar de política mancha. Da igual cuantas capas protectoras uno intente ponerse que, siempre que se trate con ciertos temas, el líquido viscoso acabará pegándosele. Ali Abbasi, director iraní, es una persona que siempre abona sus películas con jugo político. Aquíno se corta y va un paso más allá. Se atreve a retratar el nacimiento de uno de los peces más gordos de la economía norteamericana. Una persona mundialmente conocida y no por su fabuloso tupé rubio.

Un joven Donald Trump, ansioso por hacerse un nombre dentro de una familia adinerada en el Nueva York de los años setenta, cae bajo el hechizo de Roy Cohn, el despiadado abogado que ayudaría a crear al Donald Trump que conocemos hoy. Cohn ve en Trump al protegido perfecto: alguien con una ambición desmedida, sed de éxito y dispuesto a hacer lo que sea necesario para ganar.

El aprendiz es una película que funciona en todos sus niveles. La cinta consigue sumergir al espectador en ese mundo empresarial estadounidense de los años setenta y ochenta. La textura visual es un acierto y el trabajo de arte es encomiable. Sosteniendo una trama sólida se encuentran dos sólidos intérpretes: Sebastian Stan y Jeremy Strong, que regresa a un papel semejante al de su glorioso paso por Succession. Stan es el vivo reflejo de un Trump joven. Su actuación es creíble y magnética, tal y como lo es la del Donal Trump real.

Pese a que la historia del ascenso del magnate es predecible, hay un cierto regusto en averiguar ciertas excentricidades. Las películas políticas o que pretenden reflejar la vida de una personalidad controvertida juegan con un filo muy delicado que va desde una exaltación involuntaria de la mentalidad de tiburón mal interpretada, hasta la exposición de hechos atroces como naturales y graciosos. La película se desliza y juega con este peligroso filo convirtiendo escenas aterradoras en un paso más en la vida del protagonista.

El aprendiz es una muy buena película. Una de esas que, sin bien puede ser malinterpretada o pisoteada, puede que sirva para remover alguna conciencia. Dejando lo político a un lado, la cinta funciona como un perfecto drama de ascenso sin caída. Ali Abbasi sabe dónde colocar siempre la cámara y su puesta en escena es sobria pero efectiva.