‘El ser querido’, ‘La bola negra’ y ‘Los domingos’, preseleccionadas para representar a España en los Oscar

Miriam Garlo ha anunciado las tres películas que aspiran a representar a nuestro país en la 99 edición de los Premios Oscar

El ser querido, dirigida por Rodrigo Sorogoyen; La bola negra, dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo; y Los domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa son los filmes preseleccionados por los miembros de la Academia de Cine para representar a España en la 99 edición de los Premios Oscar, en la categoría de Mejor Película Internacional.

Miriam Garlo, ganadora del Goya a Mejor Actriz Revelación por Sorda, ha realizado la lectura de los títulos preseleccionados, acompañada por el presidente de la Academia Fernando Méndez-Leite y la notaria Eva Fernández Medina, en un acto que tuvo lugar este jueves en la sede de la institución.

De esta terna saldrá la película elegida finalmente, tras una segunda votación. El próximo 16 de septiembre se anunciará el título que representará a nuestro país en los premios de la Academia de Hollywood.

El ser querido

Dirigida por Rodrigo Sorogoyen, se presentó internacionalmente en la sección oficial a competición del Festival de Cannes. El ser querido está protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo y cuenta la historia de un aclamado director de cine y su hija, una actriz sin éxito, que ruedan juntos una película tras años de distanciamiento.

La bola negra

Presentada en la pasada edición del Festival de Cannes, donde obtuvo el Premio a la Mejor Dirección para Javier Ambrossi y Javier Calvo, La bola negra narra las vidas entrelazadas de tres hombres en tres épocas distintas, unidas por la sexualidad y el deseo, el dolor y la herencia. Inspirada en una de las últimas obras inacabadas de Federico García Lorca. 

Los domingos

Ganadora de cinco Premios Goya, entre ellos el de Mejor Película, y Concha de Oro del Festival de San Sebastián, Los domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, sigue a Ainara, una joven de 17 años que comienza a plantearse una vida de clausura. Su decisión abre una grieta en el núcleo familiar y pone a prueba las convicciones, los afectos y las expectativas de todos.

‘Dulce Sabor a Muerte’: Terror gore con escolares y helados con sabor a venganza

2’5 Butacas de 5

Eli Roth es un actor y director de terror con un punto muy gamberro que siempre destaca por hacer un cine muy disfrutable. En este caso, con “Dulce sabor a muerte”, se le ocurre transformar el concepto clásico del carrito de helados itinerante para contar una historia de violencia extrema y sin ambages: lo que ocurre cuando, en un idílico pueblo estilo Stephen King, llegan unos deliciosos helados y los niños que los comen se convierten en homicidas. ¡Una maldición mortal!

Todas las clases empiezan a hacer destrozos, matando a profesores, policías y bomberos de las formas más rocambolescas posibles, jugando con un gore comercial que hará disfrutar a los fans de la casquería. Quizás la manada de escolares asesinos te recuerde a la más reciente “Weapons”, pero con resultados más desiguales e icónicos.

Me gusta bastante la caracterización estética que identifica a los niños transformados: con solo unos detalles de maquillaje alrededor de la boca, manchada de restos de helado, junto a esas miradas asesinas, basta para reconocerlos y transmitir el mal rollo que busca Roth. Y sí, los niños suelen ser tiernos, pero si les das la vuelta dan un miedo que te cagas.

La gracia de todo está en que nuestro protagonista es el único que puede salvar la situación porque es intolerante a la lactosa. Esa casualidad tan divertida convierte al nerd del que todos se ríen en el inesperado salvador.

Lo cotidiano que se torna excepcional le da su punto a la película: generar terror desde un mundo perfecto, en un día bonito e iluminado, es un contrapunto que valoro positivamente. Sin embargo, a pesar de todo —y de la corta duración de “Ice Cream Man”— el grueso de la cinta, sobre todo la escena del colegio, se hace repetitivo, y los gags basados en las muertes de los adultos pierden gracia e interés. También contribuye la sobreexplicación de lo que ocurre con el heladero, seguida de una resolución cogida con pinzas, que deja un resultado irregular.

Un punto a favor es el trabajo de Ari Millen interpretando al villano desde el mutismo y el silencio, con un trabajo gestual y de mímica muy deudor del cine mudo, que lo acerca al payaso Art. Solo con eso y su uniforme crea un personaje que puede parecer amable para que un niño se acerque… y terrorífico cuando la trama explota.

En general, Eli Roth ofrece un divertimento para no pensar durante 90 minutos, con sus bromas de siempre, aunque peca de unos tics que, al ser tan insistentes, pierden su razón de ser. Apta para los fans del género —que no son pocos—, pero Roth no parece haber tenido mucho interés en desarrollar ni dar sabor a su nuevo helado del año, que queda algo pringoso.