Margherita Ferrari: «Los movimientos colectivos ayudan en la lucha hacia un futuro mejor»

La joven cineasta ha presentado en el BIFF su ópera prima Föa – C’era una volta il futuro, una radiografía del paso hacia la madurez ante el miedo al futuro

La película refleja el miedo generacional ante una sociedad globalizada en la que el capitalismo nos hace encerrarnos en nuestros muros ¿tienes miedo al futuro o crees que hay esperanza?

-Sí, creo que al final debe hay lugar para la esperanza. La mantengo porque, aunque sea joven y tenga miedo a veces por como avanza la sociedad, mantengo la idea de que hay que seguir luchando sin tener pánico. El terror es no poder imaginar el futuro.

En el largometraje reflejas mediante la arquitectura de las calles y las casas la coraza que tenemos los seres humanos con nuestras vidas, es decir como si fueran nuestras propias prisiones. ¿Crees que vivir acomodados en nuestros hogares nos hace sentir presos?

-Cuando comencé a escribir la película me lo imaginé así durante el proceso. Pensaba en estar dentro de una casa, usar ese espacio doméstico como un lugar en el que las crisis interiores de la protagonista tuvieran que ser su espacio de lucha. Los espacios para mi son muy importantes porque es el lugar en el que una directora debe saber usarlos. Dirigir es un lenguaje completamente distinto al de la escritura porque tienes que tratar de crear conexiones entre las imágenes, las emociones, sueños…muchos de los espacios de la película contienen recuerdos de mi infancia. Esa vida privada nos permite enfrentarnos luego a una crisis más grande.

¿Los sucesos inesperados pueden hacernos levantarnos de la comodidad?

-Es una de las cosas que más me apasiona de la película. Hablamos de los problemas reales que hay en este mundo loco, vivimos en una posición cómoda desde nuestras casas, trabajos…y de repente cuando algo pasa tenemos esa necesidad de despertar de la comodidad y hacer algo con la sociedad. Desde buscar la luz, tener la esperanza en ser libres, tomar nuestras propias decisiones…a veces tengo la sensación que necesitamos un accidente vital para despertar y poder salir. Creo que es muy poético y es una de las herramientas del cine, mostrarnos que nuestra comodidad se puede ver quebrantada con un suceso que nos haga salir.

¿Cómo ves la situación actual desde tu ventana de cineasta?

-Todos tenemos sueños, grandes deseos en nuestras vidas. Con la película he querido mostrar que como mujer sufro bastante ante una sociedad individualista en el que todos pensamos en nosotros mismos, pero creo que los grandes movimientos colectivos pueden ayudar en la lucha para que aprendamos unos de otros. Esa colectividad nos permite luchar por un futuro mejor.

¿Qué ha supuesto para ti que Paolo Sorrentino forme parte de la producción?

-Honestamente todavía sigo sin creerlo. Ha sido y es una persona que me ha ayudado mucho. Es un profesional que me ha empujado a defender mi idea, el concepto inicial de la película. Es un completo genio que ha mantenido la esperanza en el proceso de creación en todo momento. Cuando empiezas a hacer algo en la vida es necesario tener una persona que te aporte tanto para encontrar sentido en la vida.

¿Qué tipo de historias te gustaría contar en el futuro?

Adoro las películas en general y todos los géneros posibles. Me encanta que los largometrajes ofrezcan una experiencia emocional y te permitan crear una conexión propia con tus ideas. Es un mecanismo para encontrar tu propia libertad, tus ideas creatividad. Soy una persona sensible con las historias sociales, el amor…todo lo que tenga que ver con los seres humanos del mundo.

‘Street Fighter’: La película que nos hubiera gustado ver en los 90

3’5 Butacas de 5

Año 1991. Aparece una máquina recreativa en los bares de todo el país llamada “Street Fighter II”. Un videojuego de lucha con unos personajes muy variopintos y originales, unos gráficos y unos movimientos fascinantes y una adicción difícil de describir. Un servidor tenía por entonces 10 años y no era consciente de que estaba antes el videojuego que estableció el género de lucha moderno. Aún hoy, 35 años después, se siguen sacando versiones nuevas del juego y ampliando su universo.

STREET FIGHTER

Un universo que se basa en unos personajes de lucha muy identificables, dónde cada uno tiene unos movimientos y unas características propias que los hacen únicos y especiales. Eso significa que nada tenía que ver luchar con Ryu que luchar con Chun-li o con Blanca. Cada uno tenía su personalidad y sus movimientos, y eso hacía que cada pelea fuera diferente y única, creando una riqueza en las partidas difícil de superar por ningún otro juego de lucha. No solo disfrutábamos jugando, sino que disfrutábamos viendo jugar a otros. Podíamos estar 5 chavales alrededor de una máquina de Street Fighter viendo como jugaba solo uno de nosotros y emocionarnos cuando ganaba o cabrearnos cuando perdía. Y flipábamos cuando algún personaje hacía algún movimiento secreto o alguien llegaba a pelear con Vega o Sagat (si alguien llegaba a Bison, simplemente bajaba todo el barrio a verlo).

STREET FIGHTER

Cuento todo esto porque para entender una película cómo Street Fighter, hay que entender ese universo y ese pasado. Si no has vivido eso, difícilmente vas a conectar con el film. Es una cinta creada por y para esos chavales que nos hemos criado en ese universo y, por supuesto, es la película que nos hubiera gustado ver en los 90 y no esa pésima versión que vimos de Van Damme.

Y es que la cinta hace algo muy bien, y es que sabe perfectamente lo que es: una película de Street Fighter. Eso significa meter a los personajes más importantes de la saga (están todos y todos tienen su momento), incluir todos los movimientos de lucha del juego (algunos, como el famoso Ayuken, tiene hasta peso argumental) y meter una pelea cada 5 minutos (el ritmo de guantazos es bastante frenético).

La película además tiene el acierto de ambientar la trama en los años 90, con parodias muy divertidas de la cultura MTV y usando canciones de grupos icónicos de aquella década que a cualquiera que tenga más de 40 años le va a encantar. Además, toda la película está salpimentada con humor autoconsciente para que nunca te tomes demasiado en serio la película. Eso no quita que los personajes y sus tramas estén bien construidas (ojo a cómo presentan a Guile. Una maravilla divertidísima si conoces el juego). Sus desarrollos y arcos son más simples que el mecanismo de un botijo y los hemos visto mil veces, pero funcionan y hacen que la película no sea solo un recital de toñas (que lo es). En ese aspecto hay un detalle muy chulo que me ha gustado mucho, y es que los flashbacks de los personajes están creados en animación estilo “anime”, algo que le da mucha fuerza visual a la cinta y que encaja muy bien en el universo Street Fighter. 

STREET FIGHTER

Y hablando de lo visual, aquí es donde la película destaca bastante. Tiene un diseño de producción que es una delicia para un fan del videojuego. Está todo lleno de referencias al universo Street Fighter, especialmente los lugares dónde pelean los personajes (ese callejón nocturno de Ryu y Ken o esa mítica sauna de Honda) y cada plano y cada movimiento está fotografiado para resaltar los colores y los movimientos del videojuego. Para mi niño interior que alucinó con esos movimientos y esos gráficos pixelados, poder verlo en una pantalla grande por primera vez, es un sueño hecho realidad. Por eso me tiré toda la película con una sonrisa en la cara.

Eso no quita que también hubo cosas como la saturación de música (hay música en el 99% del metraje) y un poco de desbarre argumental en la parte final que no me gustaron, pero, lo dicho, yo la he disfrutado como un enano.

En definitiva, una película para fans del videojuego. Muy consciente de lo que es y para quién está hecha. Si no viviste el universo Street Fighter te parecerá una chorrada infumable y ridícula. Pero si flipaste con el juego en los 90, esta es tu película. 

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)