‘El Ser Querido’: Herida abierta

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Llega a la cartelera española la ansiada nueva película de Rodrigo Sorogoyen protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo tras su paso por la sección oficial del Festival de Cannes el pasado mes de mayo.

Con lo que se tarda en pensar, escribir y rodar una película ya es una fatal coincidencia que aparezca otra película antes que la tuya con una historia idéntica. Y es que el año pasado la película ‘Sentimental Value’ del director sueco Joaquim Trier arrasó en crítica y público con una historia de hija abandonada y padre ausente ambientada en el mundo del cine.

Como en la película de Trier, un director de cine prestigioso, en este caso, el español Esteban Martínez elige como protagonista de su nueva historia a su hija Emilia a quien hace muchísimos años que no ve. Y hasta aquí las similitudes entre ambas películas porque Rodrigo Sorogoyen y la guionista Isabel Peña deciden explorar otros derroteros sumergiendo a los espectadores en el rodaje de una película mientras ellos están viendo otra.

Esteban Martínez (Javier Bardem) está considerado un ‘enfant terrible’ y ha decidido volver a España tras muchos años viviendo en Nueva York porque quiere hacer una nueva película en su país. Pero no regresa solo, tiene una nueva pareja más joven y dos hijos pequeños. Su hija Emilia (Victoria Luengo) actriz estancada que trabaja como camarera acepta la propuesta y el rodaje de la historia se traslada a Fuerteventura. Padre e hija se transforman en director y actriz y aquí es dónde está el meollo de todo. Sorogoyen juega con el lenguaje cinematográfico de una forma casi perfecta, se lo pasa en grande y se nota. 

Emilia es una mujer apocada, tensa, insegura y nerviosa al inicio del rodaje, una niña chica en un lugar desconocido debido a su poca experiencia como actriz que mira todo de forma inocente y expectante. Esteban es un nombre poderoso, carismático, controlador y volátil que trata de dirigir el rodaje y que todo el equipo haga lo que él necesita para hacer la película. Ambos personajes se buscan y se rehúyen con la mirada cuando están juntos en los escenarios del rodaje de la película. Ella busca su aprobación en el rodaje como la niña abandonada pero también siente rabia hacia él y él no consigue mirar a su hija a los ojos porque siente mucha culpabilidad como padre por lo que siempre mantiene una cierta la distancia, aunque es inevitable que haya algunos acercamientos. Ella espera una disculpa que nunca llega y él nunca pide perdón por haber sido un mal padre y haberla abandonado. La tensión latente entre padre e hija acabará impregnando el rodaje y termina estallando de la peor manera posible en el momento menos indicado. Este suceso provoca un giro que sirve para poner de manifiesto que los abusos ya no son tolerados y que tienen consecuencias porque los tiempos han cambiado.

Javier Bardem consigue uno de los mejores trabajos de su carrera al interpretar a un hombre que expresa con el cuerpo carisma y poder mientras que al mismo tiempo transmite muchísima tristeza con la mirada. Victoria Luengo da la réplica con energía y seguridad haciendo que Emilia vaya evolucionando de una mujer que no ha conseguido lidiar con la herida del abandono de su padre y el rodaje de la película le permite madurar y ganar seguridad en sí misma haciéndolo de forma progresiva y sutil.

El virtuoso montaje de Alberto del Campo consigue un equilibrio perfecto entre ambas historias haciendo que los espectadores se sumerjan en el rodaje de la película de Esteban como si formasen parte del equipo. El uso de primeros planos, planos detalle, blanco y negro, sonido o ausencia de él sirven para contar como los personajes navegan con unas emociones que se van apoderando de ellos. La fotografía de Álex de Pablo y su juego con ambos rodajes, así como de esos planos paisajes de la isla y del volcán van dando simbolismo a los sentimientos de Emilia. La música de Olivier Arson tiene varias capas porque no hay música en la historia de Sorogoyen excepto cuando algunos personajes escuchan música o cuando escuchamos la bella e imponente BSO de la película de Esteban que se entrelaza maravillosamente bien con ambas historias.

Melina Matthews, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Mourad Ouani, Malena Villa, Pablo Gómez-Pando, Pepa Gracia, Laura Birn o Nuria Prims, entre otros muchos completan el reparto de la película.  

‘La Constelación del Perro’: una reflexión oportuna sin armonía ni personalidad

3 Butacas de 5

El cine es el arte quizá más complejo (en comparación con la música, la pintura o la literatura) precisamente porque aúna multitud de manifestaciones artísticas, y así en una película intervienen muchas partes técnicas y creativas. Para que la película funcione, cada una de estas debe funcionar también adecuadamente, pero incluso el talento por separado de los involucrados en su realización tampoco asegura el éxito.

A lo largo de la historia del cine hay muchos ejemplos de ello, a los que se podría sumar ahora la última película de Ridley Scott. El solo nombre del veterano y celebrado director inspira confianza (aunque es obvio que, pasados los 80 años, ya no es lo que era), apoyado aquí además por un interesante material de base, pues se adapta el best-seller homónimo de Peter Heller (ambientado en un 2035 postapocalíptico donde buena parte de la humanidad ha fallecido por un virus) y un elenco de altos vuelos, con Jacob Elordi a la cabeza, acompañado de Josh Brolin, Margaret Qualley y Guy Pearce (a cargo de respectivos personajes que se prestan bien a sus dotes interpretativas, sin salirse de ningún canon). Sin olvidar, por supuesto, todo el despliegue habitual de una gran producción hollywoodiense.

Con estos elementos, es difícil que el resultado sea incompetente, pero como decíamos tampoco asegura que sea plenamente satisfactorio. La reflexión es oportuna porque da la sensación de que esta cinta confiaba en su resultado simplemente por aunar los elementos antedichos, sin tener en cuenta que estos requieren una voz propia que les de armonía y personalidad. La carencia de ambos se hace patente en un montaje descompensado (con una introducción demasiado larga o subtramas precipitadas) y una puesta en escena en todo momento funcional, sin alardes, lo que redunda en su eficacia, pero provoca, paradójicamente, un aire de rutina en un tipo de historia cuya premisa de ciencia ficción la debería evitar, aunque ciertamente el desarrollo sea arquetípico. Solo una banda sonora de tendencia country (aun siendo menos eficaz por su exceso) y alguna escena con algo más de garra (como el ataque nocturno de los segadores) se salen de la mera sucesión de lugares comunes.

En suma, la película entretiene y mantiene el interés por su saber hacer, por ver en pantalla caras conocidas y por los asideros de un drama/thriller a los que cualquier espectador puede estar acostumbrado. Pero no destaca en ningún momento y se fundirá en el recuerdo con otras tantas películas cuya diferente conjunción de elementos artísticos pudo conducir a resultados análogos.