‘El Maestro que Prometió el Mar’: didáctica para la memoria histórica

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Reparar la Memoria Histórica sigue siendo una de las grandes asignaturas de España. El dolor de las familias que perdieron a sus familiares a manos de los fascistas durante la Guerra Civil y la época de la dictadura continúa sin completarse. Las lágrimas se mantienen en el corazón de las familias mientras los fantasmas de sus perpetradores campan por las calles en nuevos discursos.

Son cientos de cuerpos los que siguen enterrados en cunetas esperando a ser sepultados en los cementerios y así sus familiares puedan aliviar el dolor que arrastran desde hace décadas.

Antoni Benaiges fue una de las víctimas del fascismo y que cuyo cuerpo todavía no ha sido encontrado. La historia real del maestro nacido en Mont-Roig del Camp (Tarragona) destinado a la escuela de Bañuelos de Bureba antes de la Guerra Civil cobra vida a través de la dirección de Patricia Font. En aquella localidad, el profesor educó a los niños y niñas de una localidad que trataba de seguir hacia delante con sus vidas a pesar del doloroso ruido de sables de fondo.

‘El maestro que prometió el mar’ es una historia de Memoria Histórica. De un olvido que no se ha ido y que sigue vigente en los corazones de millones de personas, de familiares que continúan buscando los cuerpos de las vidas cercenadas a manos de los asesinos fascistas. Un largometraje que aborda el pasado y el presente en la mirada de Ariadna (Laia Costa), mujer que busca los restos de su bisabuelo desaparecido en la guerra.

El mar es ese lugar de calma y de belleza que fue prometido a los niños de aquella localidad para que lo vieran por primera vez. Para respirar y disfrutar de la inocencia y enseñanzas de un maestro ejemplar, fiel a sus convicciones y de un amor infinito.

Patricia Font dirige una historia emocionante que debe ser vista para no caer en la repetición del relato. Una narración intensa, llena de sensibilidad que aborda la importancia de no dejar en el cajón los tiempos históricos de un país por el que siguen paseando fascistas. Las épocas han cambiado pero el odio y rencor de la derecha más rancia, del fascismo más repugnante ha evolucionado por medio de gominas y trajes, de poltronas políticas sobre las que esparcen sus vomitivos discursos xenófobos, racistas y fascistas.

Enric Auquer es el alma de una película que rinde homenaje no solamente a los maestros republicanos; también a la educación, la didáctica y el amor a la enseñanza de valores a los más pequeños.

Albert Val, guionista de la película, realiza un trabajo ejemplar adaptando el libro de ‘Desenterrando el silencio: Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar’ de Francesc Escribano. Un trabajo magnífico, lleno de sensibilidad y que hace vibrar el alma.

‘El maestro que prometió el mar’ es una historia delicada, cargada de emociones vibrantes convirtiéndose en una espiral de belleza y a la vez tristeza. Un trabajo que incide en la necesidad de reparación del daño de la memoria histórica por el respeto a las víctimas y sus familiares.

‘Doraemon: el nuevo dinosaurio de Nobita’: Alas para volar, emoción para soñar

3’5 Butacas de 5

El año pasado cumplió cincuenta años de existencia y los eventos en torno a la figura del gato cósmico no dejan de sucederse. A la espera de que se estrenen por estos lares sus últimos largometrajes, nuestro querido Doraemon vuelve a las salas españolas con El nuevo dinosaurio de Nobita, película de 2020 que supone el regreso a la animación tradicional tras Stand by me Doraemon 2, del mismo año, hecha con el 3DCG que tan buenos resultados ha dado en el ámbito del anime más reciente.

Como es comprensible, después de cincuenta años, es difícil encontrar argumento que no se haya tratado, de manera directa o tangencial, en el manganime que nos ocupa, por lo que es inevitable que la nueva aventura de Doraemon resuene en la mente de los fieles seguidores del famoso gato azulón. Y es que estamos hablando de una historia que ya ha sido llevada al cine en dos ocasiones: Doraemon y el pequeño dinosaurio, dirigida por Ayumu Watanabe en 2006, y Nobita’s Dinosaur, realizada por Hiroshi Fukutomi en 1980. Esta vez es Kazuaki Imai, director de la notable Nobita’s Treasure Island, quien renueva, con muy buen tino, los votos del matrimonio de Nobita y sus amigos con la prehistoria, regalándonos una película que cautivará los corazones de grandes y pequeños.

En El nuevo dinosaurio de Nobita, el guionista Genki Kawamura (director de la reciente Cien flores y productor de Monstruo, la última película de Hirokazu Koreeda) escribe un libreto bien estructurado, dejando respirar la historia en su primer tercio, brindándose su tiempo para desarrollar y reforzar el vínculo emocional entre Nobita y sus dos nuevos amigos cretácicos (los adorable gemelos Kyu y Myu) para después, a partir de su segunda mitad, bifurcar el relato en dos conflictos: en primer lugar, buscar el ecosistema propicio para la habitabilidad de los pequeños diápsidos alados en la época a la que pertenecen y, en su tramo final, salvar a todos los dinosaurios de la isla en que se encuentran cuando llega el apocalipsis cretácico e intentar cambiar la Historia (o al menos una parte de ella) para siempre. Así las cosas, quien también se hiciera cargo del guion de la anterior película de Imai no deja lugar al tedio del espectador en ningún momento, sembrando en cada uno de sus segmentos narrativos un aliciente para que el respetable quede enganchado a una historia donde no faltan ni los consabidos artilugios de Doraemon (máquina del tiempo, rotulador de teletransporte, globo inflable adaptable a las condiciones prehistóricas, herramientas para crear ecosistemas y fenómenos meteorológicos a tamaño diminuto…) ni los mensajes tan propios y necesarios en este tipo de ficciones (en esta ocasión sobre perseverar, no rendirse nunca y aceptar al diferente) ni los diálogos filosóficos tan reconocibles en este anime (Un corazón que se preocupa por los demás… Quizás ese sentimiento es una capacidad que sólo han desarrollado los humanos. Del mismo modo que los dinosaurios desarrollaron las alas para volar, los seres humanos desarrollamos un surtido de emociones); todo esto narrado de manera bella y emotiva (imposible no dejar escapar una lágrima en ciertos pasajes), con una animación que muestra una calidad superior a la serie televisiva y con un detallismo que no se queda en lo formal, también refuerza el simbolismo que desprende toda la obra (el plano final que involucra a dos pájaros, unas nubes y un avión da buena cuenta de ello), un film altamente recomendable para cualquier espectador, infante o adulto, que no haya perdido su capacidad de soñar a lo grande.