‘Frankie y los monstruos’: Una producción para los más pequeños de la casa

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Según la nota de prensa de Frankie y los Monstruos, “está basada en la exitosa serie de libros infantiles escrita por Guy Bass, La maravillosa historia de Carapuntada”. La película, dirigida por Steve Hudson, es una comedia de aventuras para niños y mayores, una tierna vuelta de tuerca a la leyenda de Frankenstein, en la que los monstruos son los buenos y los humanos dan miedo… aunque se trata de una película dirigida a un público mayoritariamente infantil.

En un castillo-laboratorio situado en lo alto de la pequeña ciudad de Tarados de Arriba, el más chiflado de los profesores chiflados despierta monstruosas creaciones a la casi vida… para luego olvidarse rápidamente de ellas. ¿Quién cuida del castillo? ¿Quién cuida de los monstruos? ¿Quién les enseña a no ser monstruosos, para que la gente del pueblo no forme una turba enfurecida y queme el castillo?

Frankie, la primera creación del profesor, un ser diminuto, de cabeza calva cubierta de un mosaico de puntadas y ojos hipnóticos, hace todo el trabajo, pero el profesor ni siquiera se fija en él.

Pero ahora, un original espectáculo ha llegado a la ciudad y su propietario, Boniface Buscamonstruos, necesita desesperadamente una nueva atracción para atraer a las multitudes. Promete a Frankie fama, fortuna y amor.

Frankie y los Monstruos es un film que llega un poco tarde, ya que, pese a la ligereza del conjunto y las buenas intenciones que muestra, ya hemos visto esta propuesta en numerosas ocasiones (sin ir más lejos, Hotel Transylvania). No pretende renovar el género, y se siente encorsetado tanto en su historia como en su sentido del humor.

Finalmente, la película es un cúmulo de estímulos sin parangón para los más pequeños de la casa, que sin duda la disfrutarán muchísimo, pues está claramente pensada para ellos. Sin embargo, la incesante sucesión de gags termina por agotar al espectador adulto, ya que rara vez la película se toma un respiro.

Los puntos cómicos no destacan por su originalidad, al igual que su historia, salvo por algunos homenajes simpáticos, pero es algo que ya hemos visto infinidad de veces, e incluso mejor.

Aun así, dentro de sus pretensiones, la película funciona. Cumple su objetivo principal: entretener al público infantil, y su falta de ambición se agradece, especialmente teniendo en cuenta su presupuesto más modesto. Es una cinta ligera y distraída, aunque no especialmente memorable.

Por lo tanto, Frankie y los Monstruos es un film de animación pensado para los más pequeños, que funciona para ese público pese a su exceso de gags y falta de originalidad. El espectador adulto, en cambio, probablemente la olvidará pronto, al tratarse de una repetición de fórmulas e historias ya vistas con mejores resultados.

‘Hamnet’: la humanidad como manera de sanar

4 Butacas de 5

La querida novela de Maggie O’Farrell, Hamnet, abarcaba eventos en la vida de William Shakespeare y, principalmente, su esposa Anne Hathaway, en un intento por completar espacios desconocidos de sus vidas y por darle sentido a la muerte de su hijo Hamnet. La inevitable adaptación a la pantalla grande quedó en manos de Chloe Zhao, quien en películas como The Rider o Nomadland ha demostrado un talento para mirar y transmitir la humanidad de sus personajes, así como un interés por la forma en que los entornos naturales se relacionan con ellos. 

No sorprende entonces la presencia del bosque en este drama humano centrado en Agnes, una mujer en los 1600s que se especula que tiene nexos con la brujería. Agnes es retraída y pasa los días recogiendo hierbas en la naturaleza, y es esta cualidad alejada de mundo civilizado lo que llama la atención de William Shakespeare, que ni novela ni película nombran, queriendo alejar el foco de uno de los autores más importantes de la historia para centrarse en la historia de una relación. 


La narración cubre su romance, los nacimientos de sus hijos y la necesidad del autor por alejarse del pueblo para satisfacer sus pulsiones profesionales en Londres, todo articulado en torno al vínculo entre estas dos personas caracterizadas por la intuición de ver las cosas de una manera distinta a quienes los rodean. 

Y en este recuento, ambientado cuidadosamente en una villa inglesa de aquel siglo, hay espacio para algo ominoso en el realismo que presenta Zhao, que nunca se establece como magia, sino más como una espiritualidad, una relación con la muerte y con las coincidencias que no dotan a la representación de algo fantástico, sino que intuyen que esos elementos están entre nosotros si nos abrimos a comunicarnos con ellos.

Cuando la tragedia arremete y se lleva la vida de Hamnet, se pone a prueba la conexión entre Agnes y William y como espectadores nos preguntamos por el propósito de este relato más allá de su superficie. El porqué de estos personajes, el porqué de estos hitos en su vida más allá de lo emotivos que resulten. Y eso se dilucida en un final que justifica todos estos hilos abiertos, que lleva la historia individual de estos personajes a algo colectivo y trascendental

Zhao utiliza los rostros de sus protagonistas para expresar su tesis en este ejercicio especulativo sobre el proceso creativo de Shakespeare y su legado. Para hablar sobre el poder transformador de la ficción y proponer la puesta en común de un hecho particular como forma de sanar colectivamente.