‘Together’: Grotescamente graciosa, apasionante y muy entretenida

3’5 Butacas de 5

El debut como director de cine de Michael Shanks con una película de terror corporal no decepciona y, aunque no es perfecta, te mantendrá lo suficientemente entretenido de inicio a fin con uno que otro momento de brillantez regado por ahí. En ella seguiremos a Tim y Millie, una pareja víctima de la monotonía que busca darle un nuevo giro a su vida y su relación tras mudarse a una zona apartada de la ciudad, lejos de sus amigos y la comodidad de la costumbre; aquí, la tranquilidad (y una retorcida maldición) los volverá más unidos que nunca.

Dave Franco y Alison Brie se roban cada escena en la que están juntos cuando el guión se los permite. Y es que, a pesar de un inicio flojo que se siente como una película completamente distinta, una vez que empiezan las bizarras escenas en las que sus cuerpos comienzan a mezclarse, la película se convierte en la mejor versión de sí misma; el tono se aligera, las escenas de horror al fin pasan de ser jumpscares genéricos a un horror corporal bastante satisfactorio, y el misterio del porqué sus cuerpos de repente parecen querer hacerse uno culmina en un desenlace exagerado en la mejor manera posible.

Y sí, leíste bien. La película se vuelve más ligera y autoconsciente una vez que la sangre empieza a correr y los huesos a tronar, con momentos de levedad que reconocen lo descabellado de la situación sin convertirse en una parodia de sí misma, elevando momentos interesantes a escenas memorables, y escenas regulares a momentos divertidos.

En definitiva, Together te dará poco más de hora y media de un entretenido y grotesco misterio, que no pondrá a prueba tu estómago tanto como otros clásicos del género, haciéndola una muy buena introducción al mismo si es que quieres intentar adentrarte en él, con un tono curiosamente ligero que no se toma muy en serio a sí misma y momentos tan graciosos como difíciles de ver, no por la cantidad de sangre, sino por las situaciones tan retorcidas y dolorosas por las que tendrán que pasar nuestros protagonistas.

‘Good Boy’: la primera vez que un perro merece un Oscar

3 Butacas de 5

Siempre se ha dicho que los animales, y en concreto los perros, son muy sensitivos en lo relacionado con lo sobrenatural. Existe el cliché en la ficción de terror de la mascota ladrando a una esquina vacía de la estancia o quejándose lastimosamente sin motivo aparente, de manera que después se descubre la existencia de cualquier clase de espíritu maligno rondando las inmediaciones. Good Boy toma esta idea y la convierte en película, vuelve la terrorífica y clásica anécdota argumental en el motor absoluto de su narración desde un punto de vista formal y de contenido.

La película arranca con la mudanza del perro Indy (Indy) y su dueño Todd (Shane Jensen) a una casa rural en medio de un tupido bosque, donde pronto el animal comienza a descubrir que algunas fuerzas sobrenaturales y aparentemente maliciosas se ciernen sobre ellos, mientras trata de luchar para proteger a su ser más querido.

El estadounidense Ben Leonberg pone en la pantalla a su propio perro, Indy, para filmar su primera película bajo la productora, también de su propiedad, What´s Wrong With Your Dog. No es de extrañar que el rodaje se extendiera durante 400 días a lo largo de tres años, pues su mayor virtud reside en el protagonismo íntegro del perro. Aquí no hay efectos especiales ni nada por el estilo, el equipo de Good Boy se dejó el alma para conseguir que Indy interpretase un papel insuperable. 72 minutos suficientes para otorgarle un Oscar canino. Las genuinas reacciones del perro, sus miradas, quejidos y compostura en el plano denotan un enorme trabajo detrás para construir el particular punto de vista del filme. No se puede dejar de decir que estamos ante ¡una película de terror protagonizada por un perro! La atención está captada mucho antes de su visionado.

Ahora sí, al margen de su particularidad inimitable, por la que mayor bombo se ha dado a la película internacionalmente, Good Boy es un ejercicio algo caótico y reiterativo de terror ramplón, o más bien insípido. El argumento no hace otra cosa que desviar la atención hacia su brillante forma, pues se construye mediante una concatenación algo hastiosa de secuencias terroríficas bastante comunes y sin demasiado rumbo. El trasfondo de enfermedad no interesa demasiado, y realmente lo conocemos de refilón -de manera intencionada-, ya que la focalización perruna lo impide. Es una cinta liviana, que se siente ejercicio de estilo más que obra completa.