‘Little Amélie’: La sensibilidad que solo puede alcanzar la animación

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Amélie Nothomb es una de las escritoras más relevantes de la actualidad, siempre mencionada como candidata al Nobel y con una bibliografía poblada de personajes auténticos, escrita con una prosa sencilla y poética. Su novela “Metafísica de los tubos» ha dado origen a la cinta animada “Little Amélie». Se trata de una especie de autobiografía sobre el tiempo que pasó en Japón con su familia durante la más tierna infancia.

Pero, ¿por qué la animación? La respuesta es que no podría ser de otra manera. Es el formato perfecto para trasladar la lírica de Nothomb al séptimo arte: imágenes que se fusionan, de una nacen otras, en yuxtaposiciones imposibles cargadas de líneas y color. Al mismo tiempo abstracto y, a la vez, tan familiar.

La adaptación corre a cargo de Liane-Cho Han Jin Kuang, Eddine Noël, Aude Py y Mailys Vallace, quienes convierten la pluma de Nothomb en pasajes fabulosas con diseños muy plásticos, vibrantes, coloridos y, sobre todo, profundamente humanos. Un estilo que roza el manga, pero con una clara identidad francobelga en el diseño y la animación. La dirección de Liane-Cho Han Jin Kuang y Mailys Vallace acierta en unificar el relato, dedicando tanto cuidado a las ensoñaciones como a la narración de la infancia de la protagonista.

El nacimiento de Amélie se convierte en la génesis de la película: su manera de percibir el mundo y su sensibilidad llevan al espectador a ser partícipe de todo lo que sucede a lo largo del filme, generando una empatía total y ofreciendo una puesta en escena que se vive en primera persona.

El cosmos de la vida de una niña de tres años, que se ha mudado de Bélgica a Japón, se abre ante nosotros como un camino de descubrimiento: empieza a hablar, a caminar, a experimentar el amor fraternal y a ser consciente de la vida, la muerte y de los daños colaterales ocasionados por la guerra. Demasiado fuerte para una niña tan pequeña, ¿no? Puede parecer poco creíble, pero en la fantástica imaginación de la protagonista todo es posible, resultando a la vez mágico y natural.

El público entra en este juego y descubre, junto a Amélie, las cuestiones fundamentales de la existencia, condensadas en una narración intensa: con momentos de gran belleza, pero también con los más crueles. Así es la vida: nada complaciente, ni siquiera con la pequeña protagonista.

Un fantástico relato que hará sentir al espectador como un niño, percibiendo todo en la vida como si sucediera por primera vez, con unos planos y una música que son una auténtica delicia. Deleitará a los amantes de las películas de animación tradicional y, quizá, incluso a los escépticos les arranque una sonrisa o les haga asomar alguna que otra lágrima. Una película redonda, con la duración perfecta, que hará que la escritora belga llegue aún más lejos de lo que ya ha logrado.

‘Los Tigres’: cuando nada es suficiente

4 Butacas de 5

¿Qué es lo que hay más allá de la superficie? Una pasión heredada, una hermandad fuerte, una vida enterrada en las profundidades. Alberto Rodríguez regresa a eso que mejor se le da: retratar almas rotas. Los tigres es el nuevo thriller andaluz de un autor que, acompañado por Rafael Cobos, vuelve a enseñarnos cómo es eso de construir una buena atmósfera. La película es una búsqueda, un intento por encontrar algo que no se esconde bajo ningún océano, sino que se encuentra delante de nuestra mirada.

Antonio (Antonio de la Torre) y Estrella (Barbara Lennie) son hermanos. Llevan toda la vida vinculados al mar. Antonio trabajando como buzo industrial. Estrella estudiando el fondo marino y asistiendo a su hermano en la barcaza para la que trabaja. Pese a jugarse la vida todos los días, su situación económica es delicada. Una situación que puede cambiar cuando se encuentran con un alijo de cocaína escondido en el casco de un carguero fondeado en el puerto de Huelva.

Los tigres retrata la relación entre dos hermanos que se encuentran atravesados por la herencia de un padre que, desde muy pequeños, determinó su futuro. Ambos sostienen, por su cuenta, una losa demasiado pesada. Un esfuerzo agotador que hacen por separado; a través del viaje que plantea la película, ambos deberán a aprender a cargar con ella al mismo tiempo, repartiéndose el peso.

La película se adscribe a los márgenes reconocibles del thriller, sin embargo, plantea algo más allá, una búsqueda interior que pasa por llevar los cuerpos al límite. Que los protagonistas sean buceadores profesionales no es baladí, pues es su ímpetu por descubrir aquello que esconde las profundidades lo que los lleva a entender aquello que los atormenta en la superficie. Alberto Rodríguez y Rafael Cobos componen una historia cargada de verdad que no se olvida del lugar en el que se ubica. Y es que uno de los valores de esta película, al igual que sucede con todos los trabajos de la dupla andaluza, es la construcción del entorno.

Los tigres nos entrega una Huelva industrial. Una población movida por el petróleo y los cargueros que fondean en sus costas. A partir de la trama principal, la película construye una atmósfera única que dota de personalidad y engrandece el drama. El trabajo de los actores es impecable, los secundarios siempre están acertados y aportan ese punto extra que demandan este tipo de proyectos.

Las escenas de acción son impresionantes, sumergiendo al espectador al lado de los protagonistas. El trabajo subacuático es memorable y está muy bien conseguido. Antonio de la Torre y Barbara Lennie se entregan a la causa para brindarnos una historia que conmueve y sostiene un fino hilo de tensión constante.

Los tigres es la demostración de la maestría de este equipo creativo. Un thriller andaluz arraigado que narra una bonita historia de autodescubrimiento y redención. Una película que mantendrá al espectador agarrado a la butaca en todo momento y que lo deleitará con su fantástica atmósfera.