‘Shadow Force’: cuando el carisma de los personajes no basta

2 Butacas de 5

La película más reciente de Joe Carnahan se siente como si Disney un día hubiera decidido lanzar una película de acción clasificación R en su ya extinto Disney Channel. ¿No nos creen? Aquí una pequeña sinopsis de la trama: unos padres de familia distanciados, con un pasado que aún los persigue, son lanzados a una aventura para salvar a su hijo y, con algo de suerte, su matrimonio. ¿Suena familiar?

Con escenas de acción poco inspiradas, conflictos que van y vienen a conveniencia de la trama, y un protagonista con literalmente los superpoderes de héroe de los comics, Shadow Force se mantiene en pie únicamente por el carisma de sus protagonistas y, en el caso de su villano, sus actores; Mark Strong es, sin duda, lo mejor de la cinta, quien entrega una actuación en la que se nota lo bien que la está pasando.

Con esto dicho, cabe recalcar que cuando la familia protagonista está en pantalla, la película mejora considerablemente, algunos momentos incluso te sacarán una risa si logras apagar tu cerebro y no tomar en serio lo que está pasando, a pesar de que la película, por momentos, parece pedirte lo contrario. Y es que hay momentos de levedad regados en escenas que parece que están tratando de ser tensas, o escenas con un aire melodramático que, aunque cortas, te sacan completamente de la experiencia porque no sabes bien qué es lo que deberías estar sintiendo.

Algo más a destacar es que, aunque muy contadas, la película tiene escenas con una edición de audio interesante, sacándole algo de provecho al hecho de que uno de sus protagonistas es sordo, lo cual refresca la película y la eleva un poco entre escenas francamente olvidables.

Así pues, Shadow Force te entretendrá sin más si estás buscando reírte un poco mientras ves una que otra escena bombástica y vagamente interesante visual y auditivamente.

‘El regreso de Ulises’: las costuras de la leyenda

3 Butacas de 5

El regreso de Ulises es una peli exigente que te obliga a elegir un bando casi desde el primer fotograma. Una adaptación de la Odisea siempre apunta alto, y esta se atreve a reinterpretar en lugar de simplemente adaptar. El resultado es una película bonita visualmente, que se centra menos en el espectáculo y más en la cicatriz de Ulises como persona.

El problema es que, en su radical apuesta por el realismo, a veces es más solemne y pesada que humana, lo que acaba traicionando la propia esencia del personaje imperfecto que dibuja.

Su ritmo es de fuego bajito, casi mínimo. Es deliberado, sí. Busca construir una cadencia contemplativa que se acerca mucho al suspense. Sin embargo, esa lentitud se acaba estancando, sin picos de emoción, hasta agotarse en un fundido a ningún lugar.

La decisión de centrarse en lo menos explotado del material original es, sobre el papel, sabia y acertada. Sin embargo, dejar la historia reducida a la mínima expresión implica que hay poca trama de la que hablar. Lo que sorprende, entonces, es que la historia necesite ciento dieciséis minutos para contarse.

La desmitificación es, sin duda, el concepto más interesante de la peli. Al convertir el mito en humano, podemos verle las costuras al personaje, perderle el miedo, verle más cercano a nosotros de lo que estamos acostumbrados. Es la gran baza de la película: un mundo sin dioses ni criaturas fantásticas, pero mitológico. Una mezcla curiosa que, para mí, acierta.

Ralph Fiennes tiene una actuación contenida pero contundente. Es un hombre roto, dominante y lleno de matices; un héroe que tiene miedo de su propia condición. Maneja el silencio y las miradas que le ofrece el guion de forma soberbia. Es justo lo que la película le pide ser y, en ese sentido, lo clava. Juliette Binoche, sin embargo, brilla con lo poco que le dan. El guion, al que le sobran minutos, no es del todo justo repartiéndolos.

Al final, El regreso de Ulises demuestra que las historias mil veces contadas pueden seguir contándose de mil formas distintas. Es una historia de regreso a casa lenta y dilatada, sí, pero con buenas actuaciones y un personaje principal magnético. Todo depende del gusto que le cojas al ritmo y de lo rápido que entres en su particular juego. Un juego, para mi gusto, más contemplativo que entretenido.