‘Montecarlo 67’, el corto que contará el encuentro entre Chicho Ibáñez, Pilar Miró y Steven Spielberg inicia su campaña de mecenazgo

Los mecenas del cortometraje de Montecarlo 67 podrán ser figurantes en el rodaje, entre otras sorpresas y recompensas

El equipo del director, Rubén Guindo, se lanza a su proyecto más ambicioso, cuyo rodaje comenzará a principios de julio

El increíble elenco que dará vida a estas tres figuras del cine se irá desvelando a medida que avance la campaña en la plataforma Ulule

Montecarlo 67 es un reto cinematográfico para su director y guionista, Rubén Guindo

Nova, y para el equipo que lleva respaldando sus proyectos desde su ópera prima,

Cómplices, hasta su más reciente producción, 893 km. En esta ocasión, además de Sinapsis Films, se suman otras dos productoras, Claqueta Blanca S.L. y Zalu Producciones.

Esta coproducción llega después de que en 2022, Rubén Guindo empezara a soñar con una anécdota que pudo cambiar la historia del cine: Chicho Ibáñez Serrador y Pilar Miró se encuentran con un jovencísimo Steven Spielberg en el festival de Montecarlo 1967.

El cortometraje que narra esta leyenda (o no) está muy cerca de hacerse realidad, porque tras muchos meses de desarrollo e investigación, el rodaje comenzará en las primeras semanas del próximo mes de julio, en varias localizaciones.

Gran parte del trabajo realizado hasta el momento ha sido escribir un guion “que plantea una ingeniosa mezcla de humor cinéfilo y de emoción”, señala Rubén Guindo, que junto con Nuria Cabezas y Miguel Monteagudo, han dejado la huella de los tres cineastas en un ejercicio de memoria audiovisual inédita y sorprendente.

Este esfuerzo ha hecho que el proyecto ya haya conseguido captar la atención de la industria cinematográfica. Así lo demuestran los premios conseguidos en el Laboratorio de Proyectos de la PNR (Plataforma Nuevos Realizadores), el Festival de Cine de Alicante y la implicación del archivo de RTVE.

Además, Montecarlo 67 ha sido uno de los cortometrajes mejor puntuados en la convocatoria de ayudas al cine de la Comunidad de Madrid. Gracias a eso ya cuenta con una financiación pública de 13.500 mil euros.

Pero este proyecto también necesita la ayuda de quienes creen que el cine es cultura y quieren colaborar en este homenaje a tres figuras que han inspirado nuestra identidad cinematográfica, en un alegato por el compañerismo dentro de una industria tan competitiva como es el cine.

Tú también puedes ser parte de Montecarlo 67

“Soy gran admirador de la obra de estos tres artistas, y gracias a un especial de Sensacine conocí esta historia y me quedé totalmente fascinado. Solo podía pensar en que había que recrear esta anécdota, fuera real o no”, afirma el director y guionista, Rubén Guindo, que quiere hablar de algo vital para cualquier realizador: “nunca hay que tirar la toalla”.

Precisamente ese el espíritu que mueve a las tres productoras para pedir la colaboración de quienes comparten la ilusión de ver este proyecto en pantalla grande. Con ese objetivo se lanza la campaña de crowdfunding que arranca el 27 de mayo en la plataforma Ulule. A medida que avance la campaña se irá desvelando el increíble elenco artístico que dará vida a estas tres figuras del cine.

21 días para conseguir 12 mil euros, que sumados a la financiación privada de las productoras y la la ayuda de la CAM, alcanzará un presupuesto de 33.000 euros.

“Hacer cine es un sueño para mí, pero es muy complicado, y creemos que hay que hacerlo con honestidad y profesionalidad”, recuerda el director, Rubén Guindo, quien recalca que todo lo recaudado en la campaña será para remunerar justamente a las personas que forman parte de su equipo y para recrear de manera veraz una gala de cine de época, en concreto, de 1967.

Según la cantidad donada al proyecto, los y las mecenas conseguirán la aparición de su nombre en los créditos, recibirán el cortometraje antes del estreno, serán productores o productoras asociadas o incluso podrán formar parte de la figuración en algunas de las escenas del cortometraje.

Los logros que avalan la campaña

El equipo de Sinapsis Films y Rubén Guindo han llevado sus trabajos por los festivales más importantes del mundo:

Cómplices (2020) – 110 selecciones y 40 premios

Perder (2022) – 85 selecciones y 20 premios. Candidato a los Premios Goya 2024

Trato hecho (2023) – Premio Notodofilmfest

893 km (2024) – Acaba de arrancar su distribución con 10 selecciones y 6 premios. Finalista para los Premios Fugaz 2025.

‘Si yo pudiera hibernar’: Mongolia y la tierra vacía

3 Butacas de 5

A ver, te voy a poner tres checks. Si cumples los tres, hay premio. Uno: te gustan los destinos de postal, los lugares paradisíacos. Unas Maldivas, un Benidorm en agosto, una Riviera Maya con pulserita. Dos: te gustan las pelis pintorescas, una fotografía resultona y una historia ligera. Tres: te gusta que las horas parezcan minutos y perder la noción del tiempo cuando entras a una sala de cine.

No sé si habrás marcado algún check. Pero puedo decirte una cosa: la directora de Si yo pudiera hibernar no ha marcado ninguno. Al menos, no con esta película.

La directora Zoljargal Purevdash, en su debut, te estampa contra la pared de la realidad: una Mongolia cruda, áspera y, para qué engañarnos, bastante incómoda. Es puro cine de supervivencia. El prota, Ulzii, es un chaval listo que vive en la absoluta miseria. Un día, ve en un concurso de Física la única posibilidad de salir de esa vida, ganar dinero y subir el ascensor social lejos de su país.

Y es que Mongolia no es (o no parece) ningún campo de rosas. La película muestra una tierra yerma, un lugar sin oportunidades. La honestidad duele, y esta peli es honestísima. Eso implica una visión dura del país y de la vida en él. Bendita o maldita honestidad, según lo que busques en una sala de cine.

La peli se construye entre dos estilos, y alterna entre ellos de forma bastante irregular. A veces es un drama social. Otras, una película contemplativa, casi sin diálogo. Salta de los gritos al silencio. Te descoloca. El ritmo es irregular; y, con todo, el contraste consigue (no sé si para bien o para mal) dejarte exhausto.

El guion se resiente con ese constante cambio de ritmo. Es el punto más flojo. El síntoma más evidente es que pasa de puntillas por muchos momentos dramáticos. Hay dramas cruciales que se explican con la profundidad de un telegrama. Por todo esto, la película no construye un clímax satisfactorio. Al final, pues te deja un poco frío.

¿Lo Bueno? La autenticidad: te crees esa Mongolia helada, la lucha diaria, la miseria y la solidaridad. Su gran baza es la verdad, y te sumerge de lleno en esa atmósfera gélida. La directora sabe transmitir el frío y la desolación más con imágenes que con diálogos. Sin ser espectacular, consigue con creces la sensación de desolación. Y el chico, Battsooj Uurtsaikh, está inmenso. Lo vive. Es el corazón de toda la peli.

Si yo pudiera hibernar es imperfecta, fría y tajante. ¿Necesaria? Depende de lo que tu cuerpo necesite. Ahora que han llegado las altas temperaturas, si vives en la urbe a 40 grados, igual te apetece entrar en una Mongolia de paisajes helados y tierra vacía. No vas a salir dando saltos de alegría, eso seguro. Es una ventana a otra realidad. Pero, ojo: en una cartelera tan plástica, un poco de realidad, a veces, se atraganta.